“La gente corre tanto porque no sabe dónde va. El que sabe dónde va, va despacio, para paladear el ir llegando.” — Gloria Fuertes
Vivimos en una época diseñada para llegar antes. Barcos más rápidos, motores más potentes, itinerarios más apretados. Todo parece empujarnos a consumir lugares en lugar de descubrirlos. Quizá por eso seguimos sintiendo una fascinación especial por el llaut.
Porque un llaut nunca tuvo prisa.
En Menorca, estas embarcaciones forman parte del paisaje desde hace generaciones. Han transportado pescadores, familias, mercancías e historias. Han cambiado de propietario, de puerto y de nombre. Han envejecido con dignidad bajo el sol y la sal. Y, como las personas, cada uno tiene su carácter.



Uno de nuestros llauts se llama hoy Illa d’en Pinto, en honor a un rincón del puerto de Mahón. Pero durante muchos años navegó bajo el nombre de S’Estimada, que en menorquín significa “la querida” o “la amada”. Su antiguo propietario se lo puso porque decía que estaba tan enamorado de su mujer que nunca tendría una amante. El barco sigue navegando hoy, muchos años después, con otro nombre, otras manos al timón y nuevas historias a bordo. Quizá esa sea la mejor definición de un llaut: un barco que nunca pertenece del todo a una sola persona.
Para nosotros, un llaut es tradición y cultura, pero también una manera de entender el mar. Tiene sabor a Mediterráneo. Tiene horas de lija, barniz y cuidado. Tiene pequeñas imperfecciones hechas a mano que le dan personalidad. Es un barco de antes con algunos de los lujos de ahora.
Y precisamente por eso sabemos que, tal y como los conocemos, algún día desaparecerán. Nuestros barcos fueron construidos a finales de los años ochenta. Mantenerlos navegando hoy requiere paciencia, conocimiento y muchas horas de trabajo. Cada año hay que restaurar alguna pieza de madera, reparar sistemas que ya no se fabrican o encontrar soluciones para problemas que hace tiempo dejaron de tener manual de instrucciones. Nuestros técnicos son artesanos y nuestros mecánicos casi ingenieros. Si una pieza ya no existe, muchas veces hay que fabricarla. Mantener estas embarcaciones navegando es, en cierto modo, un ejercicio de resistencia.
Los llauts tienen muy poco calado. Fueron concebidos para acercarse a la costa, entrar en pequeñas calas y encontrar refugio donde otras embarcaciones no pueden llegar. No necesitan imponerse al paisaje porque forman parte de él. Y es precisamente desde el mar donde mejor se perciben los cambios que está viviendo Menorca.
La isla sigue siendo un lugar extraordinario, pero también un territorio cada vez más deseado. Muchos visitantes llegan atraídos por una autenticidad que todavía sobrevive en algunos rincones. El reto consiste en que esa autenticidad no desaparezca precisamente por el éxito que la ha hecho tan atractiva. Por eso intentamos mostrar una Menorca diferente. No la de las fotografías más repetidas ni la de las calas saturadas durante el verano. Nos gusta buscar rincones escondidos, pequeñas ensenadas resguardadas del viento y fondeos tranquilos donde todavía es posible escuchar el mar sin demasiadas interrupciones. No buscamos la Menorca más fotografiada. Buscamos la que todavía conserva el silencio, la calma y el carácter que la hicieron única.




Menorca en Llaut nació hace años gracias a la pasión de un menorquín enamorado de su tierra y de su costa. Cuando tuvimos la oportunidad de continuar el proyecto entendimos que no estábamos adquiriendo únicamente una empresa o una flota. Estábamos asumiendo la responsabilidad de mantener viva una pequeña parte del patrimonio marítimo de la isla.
Desde entonces hemos intentado adaptar ese legado a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Cuidando los barcos y formando un equipo de patrones que entiende lo especial de estas embarcaciones. Quizá por eso muchos de nuestros clientes vuelven a navegar con nosotros año tras año.
Gran parte de nuestro trabajo ocurre cuando no hay clientes a bordo. Durante los meses de invierno restauramos embarcaciones, buscamos piezas imposibles, reparamos madera castigada por el sol y preparamos cada detalle de la temporada siguiente. Es un trabajo silencioso que pocas veces se ve, pero que hace posible que estos barcos sigan navegando año tras año. Probablemente por eso seguimos aquí.
Porque creemos que algunas cosas merecen ser conservadas. Porque seguimos pensando que la mejor forma de descubrir Menorca es desde el mar. Y porque, cuando todo parece acelerarse, todavía hay quienes prefieren seguir navegando despacio, para paladear el ir llegando.
Manuel Castaño Ramos es director de Menorca en Llaut

