Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 10 | «Rumbo a Vanuatu, libertad en mar abierto», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online

El cuarto día de travesía cae el viento, demasiado. Hay que bajar velas y encender el motor unas horas.

Tras la despedida de mis padres, después de su visita exprés, volvemos a estar en el ‘Sofía’, Itxi y yo juntos. Hacemos la salida oficial de Fiyi. Normalmente, una vez haces la salida oficial del país, tienes entre 24 y 48 horas para zarpar. Sin embargo, el oficial de aduanas nos advierte que tenemos que abandonar la isla en cuanto salgamos por la puerta de la oficina. Nos dice que nos escoltará hasta la auxiliar y que, con los prismáticos, nos seguirá el rastro hasta ver que zarpamos… Alucinamos.

Izamos el bote a la cubierta del ‘Sofía’, calentamos el motor y levamos ancla. Abandonamos la bahía, que está a la vista desde la oficina de aduanas, y nos vamos a pasar la última noche a una cala solitaria, cerca de la salida de los arrecifes que tenemos que cruzar para dejar la isla por la popa. El ‘Sofía’ zarpa mañana. Su tripulación descansa la última noche fondeados antes de navegar 530 millas hacia Vanuatu.

Levamos ancla a las 07:30 de la mañana y salimos del arrecife que rodea la parte oeste de Fiyi. Izamos la mayor con un rizo y todo el génova; el ‘Sofía’, equilibrado, navega a seis nudos con un viento del sureste de 15 nudos. Empezamos a cabalgar rumbo a Port Vila, Vanuatu. Por estribor navegan otros dos veleros: el ‘Pascal’ y el ‘Annie May’. El día es espectacular: viento estable, cielo despejado y sin ninguna incidencia. Disfrutamos.

La noche es estrellada y la luna ilumina la proa del barco. Mientras Itxi duerme, en mi guardia no pueden faltar las galletas con café y música tranquila. Qué gusto ver al ‘Sofía’ en su zona de confort. Se me cae la baba.

El segundo día de travesía se presenta con vientos del este de 18-20 nudos. Seguimos con un rizo en la mayor para mantener el equilibrio vélico y que el piloto automático de viento trabaje sin esfuerzo. Cruzando el océano Atlántico, bauticé al piloto automático con el nombre de Tornado, haciendo referencia al caballo de Antonio Banderas en la película “La leyenda del Zorro”, mi película favorita de pequeño. Tornado a veces es rebelde y hace lo que quiere; necesita lo justo para ser leal y cabalgar a rumbo sin distracciones. Una vez sabes cómo tratar a Tornado, es el mejor y más fiel compañero.

Al tercer día desplegamos las velas a orejas de burro porque el viento rola al noreste; de esta manera podemos hacer rumbo directo a Vanuatu. Al amanecer dejamos correr el anzuelo y, al cabo de unas horas, subimos a bordo un dorado. Tenemos comida y cena para varios días. Después del atardecer sube el viento a 20 nudos, con rachas de 22. El ‘Sofía’ empieza a volar, pero reduzco velas para estar tranquilos durante la noche; aun así, vamos a seis nudos. Por la noche vemos a la flota pesquera china… por suerte no nos molestan y podemos seguir a rumbo.

Estoy disfrutando muchísimo esta navegación: viento estable, el ‘Sofía’ navegando equilibrado y sin esfuerzo, pesca, cielo despejado y una luna que por las noches nos ilumina. Leemos mucho y, antes de empezar las guardias nocturnas, vemos alguna película o algún capítulo de alguna serie. Hay que vivirlo para entender lo que uno siente en medio del océano en estas condiciones. Se podría detallar con las mejores palabras posibles, pero no se puede transmitir el sentimiento de libertad y felicidad que encuentro a bordo del Sofía. Muchas veces pienso que estoy en una burbuja: la vida normal en tierra sigue. Aquí no existen el lunes, el viernes ni el fin de semana. Pierdes la noción del tiempo: el mar, el ‘Sofía’ y el ahora.

Al amanecer del cuarto día, a unas dos millas por babor vemos saltar a una ballena enorme. Alterna chorros de agua con saltos; por el horizonte, de fondo, aparece el sol con tonos de color naranja y rojo. Un espectáculo hermoso. El día es tranquilo, demasiado. Hay que bajar velas y encender el motor unas horas al mediodía: el viento muere, pero la previsión dice que antes del atardecer entrarán 15-20 nudos del sureste. Se cumple la previsión y a las 18:00 horas apagamos el motor e izamos velas otra vez. Última noche antes de arribar a Port Vila.

Al quinto día de navegación: ¡tierra a la vista! Llegamos a la vez que el ‘Pascal’ y el ‘Annie May’, los veleros que zarparon de Fiyi el mismo día que nosotros. Nos encontramos en el bar donde nos cita aduanas para hacer los trámites burocráticos. Llegar al mismo tiempo que ellos significa que hemos ido rápidos, pues el ‘Pasca’l y el ‘Annie May’ son más grandes que el ‘Sofía’ y tienen un diseño mucho más “deportivos”. ¡El Sofía es el mejor!

Vanuatu es una parada técnica: descanso, provisiones, mantenimiento y compra de diésel. El tiempo para cruzar el Índico en la buena temporada se está acabando y me gustaría hacerlo este año; de lo contrario, tendría que esperar al año que viene. Una vez hechos los deberes, nos tomamos un día de descanso dando un paseo por Port Vila, conociendo el mercado local y quedándonos a bordo, en modo desconexión total.

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