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Nautik Interview | Tomás Alía, guardián de la artesanía del mar en España

Tomás Alía posó para Nautik en el parque de El Retiro el 9 de septiembre. FOTO: Jaime Partearroyo

Tomás Alía (Lagartera, 1964) es a la artesanía española lo que Félix Rodríguez de la Fuente lo fue a su fauna: conocedor, investigador, divulgador, guardián, defensor a ultranza. El Premio Nacional de Arquitectura de Interiores y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes confirman que su esfuerzo por defender nuestra memoria colectiva no ha pasado desapercibido.

Al pensar en tradición artesana tendemos a ir tierra adentro (cerámica, orfebrería…), se nos olvida lo mucho que el mar nos ha dado…

Gracias a nuestra ubicación, dentro de la artesanía vinculada al mar ha habido y hay verdaderos maestros. Y no solo en España, sino en todo el Mediterráneo. Por un lado, todo lo que tiene que ver con joyería y orfebrería: corales, camafeos, conchas. Por otro, todo el mobiliario de coquille (concha en francés), que se practicaba mucho en Francia y en la Italia del Renacimiento. Y en España también, desde revestimientos de fachadas en iglesias hasta muebles auxiliares hechos con conchas. Es apasionante: se pueden crear lámparas, piezas ornamentales, de escritorio, todo revestido con esa textura. También se han hecho desde siempre objetos bellísimos a partir de los corales, especialmente los de Trapani en Sicilia. Son piezas absolutamente elevadas, inconfundibles.

¿Qué artesanos marineros en activo hoy te parece que están a la altura de los grandes maestros?

Montse Betanzos, artesana del mar en O Grove, es un ejemplo actual de las joyas (literales y figuradas) que se pueden hacer con conchas y caracolas. Sus manos guardan la memoria y el alma de una tierra. También en Galicia, Rosa Rodríguez Vidal es una digna heredera de las maestras redeiras, que empezaron restaurando las redes para que los hombres salieran a pescar y, luego, aprendieron a usar las propias redes para crear piezas maravillosas: contenedores que hablan de esos lazos, de esas uniones, de esa herida que el mar provoca a los hombres en alta mar. Desde esa vocación de los mimos y los cuidados, de dar una segunda vida a la red, han generado objetos cotidianos con esa trama tan singular, una poesía de restauración y nuevos usos que hay que poner en valor. En España tenemos también algunos artesanos de los barcos maravillosos, como Astilleros Catoira: artesanía que nace del oficio, se transmite de generación en generación y encuentra en la madera y el mar su forma más auténtica de perdurar.

¿Qué futuro le auguras a la artesanía relacionada con el mar?

Un gran porvenir, muy ligado al lujo en todos los sentidos, porque el lujo parte de lo singular, de lo identitario. El sector náutico está en alza y los astilleros producen muchas embarcaciones artesanas, unas de uso doméstico para la pesca y otras de lujo. El futuro de este tipo de artesanos pasa por realizar los revestimientos, las segundas pieles y esos contenedores que la gente demanda. Imagínate un barco cuyo equipamiento (vajillas, objetos…) esté hecho con piezas vinculadas al mar, como los corales: trabajados, resultan absolutamente estéticos y apasionantes. Hablo de joyería personal, pero también de objetos cotidianos del mundo de los yates y de mobiliario para el interior de las casas revestido en coquille. Le veo un futuro absoluto, porque es muy valorado y tiene un desarrollo increíble.

El resto de la entrevista, que forma parte del número 8 de Nautik, lo puedes encontrar en quioscos y en nuestra tienda online.

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