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El cierre del Estrecho de Ormuz brinda mayor poder de negociación a Asia Central

Los exportadores de energía de Asia Central reviven los proyectos de oleoductos bajo el Caspio para esquivar a Rusia y el golfo Pérsico, con el Brent a por encima de los cien euros.

El fondeadero de Bandar Abbas, en el estrecho de Ormuz. FOTO: Barry Iverson/Getty Images

Asia Central quiere convertirse en el desvío del mundo para sortear Ormuz y Rusia. El petróleo de Kazajistán tiene dos salidas al mundo, y ambas están bajo fuego. La mayor parte fluye a través de Rusia hasta el puerto de Novorosíisk, en el mar Negro. En julio, varios drones atacaron repetidamente los petroleros que cargaban allí y los envíos se detuvieron en varias ocasiones. Rusia culpó a Ucrania, y Kazajistán, cuyo crudo iba a bordo, exigió que cesaran los ataques.

La otra salida discurre hacia el sur, a través de Irán y el golfo Pérsico. Esa puerta lleva en gran medida cerrada desde que Estados Unidos e Israel entraron en guerra con Irán el 28 de febrero.

Esta semana ha sido peor. Dos buques de carga gestionados desde los Emiratos Árabes Unidos se hundieron cerca del estrecho de Ormuz tras ser alcanzados por proyectiles. PortWatch, del FMI, contabilizó dos barcos en tránsito por el estrecho el 11 de octubre, frente a los aproximadamente 85 diarios de antes de la guerra.

El Brent, el crudo de referencia mundial, cotizó esta semana cerca de los 105 dólares el barril (unos 92 euros), en torno a un 45% por encima de su cierre previo a la guerra, de 72,48 dólares (unos 63 euros)

La presión ha resucitado una vieja idea: oleoductos y gasoductos por el lecho del mar Caspio. Los tres países que los construirían, Kazajistán, Turkmenistán y Azerbaiyán, quieren llevar petróleo y gas de Asia Central a Europa sin pasar por Rusia ni por el golfo Pérsico. La ruta es corta y la mayoría de las piezas ya existen. Lo que falta es dinero y un acuerdo sobre el lecho marino. No se trata de un giro hacia Occidente, sino de una cobertura de riesgos que da a los tres países capacidad de negociación. Yo lo llamo pluralismo estratégico: mantener lazos con varias grandes potencias a la vez para que ningún comprador ni país de tránsito pueda imponer sus condiciones.

Los oleoductos a través del Caspio completarían «una nueva Ruta de la Seda para las moléculas», escribió la semana pasada Simon Flowers, presidente y analista jefe de la consultora energética Wood Mackenzie.

Cómo funcionaría la ruta

Map of the Caspian region showing Kazakhstan’s current oil route through Russia to the Black Sea, Azerbaijan’s pipeline to Turkey’s Mediterranean coast, and proposed pipelines across the Caspian linking them.
Mapa de la región del Caspio que muestra la actual ruta del petróleo de Kazajistán a través de Rusia hasta el mar Negro, el oleoducto de Azerbaiyán hasta la costa mediterránea de Turquía y los oleoductos propuestos a través del Caspio que los conectarían. Kazajistán, Turkmenistán y Azerbaiyán quieren tender oleoductos bajo el mar Caspio para llevar petróleo y gas de Asia Central a Europa, evitando Rusia y el estrecho de Ormuz. MAPA: Natural Earth


Un momento de paciencia con la geografía. Kazajistán bombea unos 2,2 millones de barriles diarios de petróleo y líquidos asociados. Más de 1,5 millones de barriles diarios de ese total circulan por el oleoducto del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC) a través de Rusia hasta Novorosíisk. Al otro lado del mar, Turkmenistán posee las cuartas mayores reservas de gas natural del mundo, pero solo tiene un cliente: China.

Justo al oeste, en la orilla opuesta del Caspio, se encuentra Azerbaiyán. Ya ha construido oleoductos a través de Georgia y Turquía: uno lleva petróleo hasta la costa mediterránea turca y otro transporta gas a Europa. El oleoducto puede mover 1,2 millones de barriles diarios y, según Wood Mackenzie, funciona muy por debajo de su capacidad. Lo que les falta a Kazajistán y Turkmenistán es una forma de llegar hasta ellos.

Ambas infraestructuras parten de la costa próxima a Bakú, en Azerbaiyán. Kazajistán y Turkmenistán están en la orilla oriental y ninguna tubería cruza el mar que los separa. Hoy los petroleros transportan solo un goteo de crudo kazajo y el gas no puede viajar en buque.

La pieza que falta son unos 300 kilómetros de tubería submarina desde Turkmenistán hasta Azerbaiyán para el gas, además de un enlace petrolero desde Kazajistán. Desde Bakú, el petróleo y el gas de Asia Central podrían llegar a Turquía y Europa sin tocar Rusia ni Ormuz.

El mismo lecho marino podría transportar también electricidad limpia. Azerbaiyán, Kazajistán y Uzbekistán estudian un cable submarino para enviar energía renovable de Asia Central hacia Europa, y Siemens Energy se ha sumado este mes al trabajo.

El mayor cambio se da en Turkmenistán, durante mucho tiempo el país reacio. Este mes, Myrat Archayev, vicepresidente de la empresa estatal de gas Turkmengaz, dijo al medio regional Eurasianet que el Gobierno considera ahora el gasoducto una prioridad y que acoge con agrado la inversión occidental. El 8 de octubre, los presidentes de Turkmenistán y Azerbaiyán se reunieron y hablaron del Caspio.

¿Por qué iba a importarle a Turkmenistán, si China ya le compra el gas? Porque China absorbe solo una fracción de lo que Turkmenistán podría vender. Compra unos 34.000 millones de metros cúbicos al año y las conversaciones para adquirir más han avanzado poco, según Wood Mackenzie. Además, un cliente único tiene la sartén por el mango en el precio. Con el gas representando hasta un tercio de la economía de Turkmenistán, un segundo comprador importa. Eso sí, Turkmenistán seguirá vendiendo a China, igual que Kazajistán seguirá enviando la mayor parte de su petróleo por Rusia.

El problema del dinero

¿Quién paga? Nadie se ha comprometido todavía, y las razones son más comerciales que políticas. Antes de invertir miles de millones en un gasoducto submarino, los inversores necesitan tres cosas: un comprador, un derecho legal claro a construir y un proveedor con el que puedan contar. Europa no ha ofrecido contratos a largo plazo. Rusia e Irán discuten el derecho legal, y la línea en el lecho marino entre Turkmenistán y Azerbaiyán no se ha trazado. Y Turkmenistán nunca ha garantizado el gas para llenar la tubería. La Unión Europea respalda la idea sobre el papel desde hace años, pero nunca ha pagado por construirla.

Washington apoya el proyecto, de palabra si aún no con dólares. Tras reunirse esta primavera con el ministro de Exteriores turcomano, el secretario de Estado, Marco Rubio, expresó su firme apoyo a llevar el gas de Turkmenistán hacia el oeste a través del Caspio. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE UU (DFC) estudia proyectos portuarios y logísticos en el Caspio, en Kazajistán.

Los escépticos tienen la historia de su lado. Este gasoducto lleva décadas a punto de hacerse. Rusia e Irán sostienen que cualquier proyecto en el lecho marino necesita la aprobación de los cinco Estados ribereños: Rusia, Irán, Kazajistán, Turkmenistán y Azerbaiyán. Y la Carnegie Endowment advirtió en junio de que todas las rutas de salida de Asia Central discurren ahora cerca de una guerra.

Por qué ahora podría ser diferente

Strait Of Hormuz
La palabra OIL aparece en la pantalla de un teléfono inteligente y un mapa muestra el estrecho de Ormuz en la pantalla de un ordenador portátil, en esta ilustración fotográfica tomada en Atenas (Grecia) el 3 de marzo de 2026. FOTO: Nikolas Kokovlis/NurPhoto vía Getty Images

Aun así, las viejas objeciones se debilitan. Turkmenistán, antes reacio, califica ahora el gasoducto de prioridad. La ruta rusa de Kazajistán ha demostrado ser poco fiable. Europa ha sufrido ya dos interrupciones de su suministro energético en cuatro años: el gas ruso en 2022 y los envíos del Golfo en 2026. Y un gasoducto de 300 kilómetros no necesita paz en toda Eurasia. Solo necesita que Turkmenistán y Azerbaiyán se pongan de acuerdo sobre dónde termina el lecho marino de un país y dónde empieza el del otro. Archayev, de Turkmenistán, asegura que esas conversaciones están en marcha.

Los Estados del Caspio están convirtiendo la geografía en influencia. Kazajistán obtiene una salida que esquiva a Rusia, Turkmenistán consigue un cliente además de China y Azerbaiyán cobra tasas de tránsito. Europa, por su parte, obtiene petróleo y gas que nunca tocan Ormuz ni el mar Negro (y Washington debilita tanto a Rusia como a Irán).

La próxima semana trae una doble prueba. El lunes, Rubio y más de 200 empresarios estadounidenses se reúnen con líderes centroasiáticos en Samarcanda (Uzbekistán). El miércoles, Turkmenistán inaugura en su capital su foro anual de petróleo y gas, con la esperanza de atraer a inversores occidentales. La cuestión es si alguien traerá el talonario.

«El oleoducto transcaspiano es muy relevante», dijo Archayev a Eurasianet. Durante 30 años, eso fue una cortesía diplomática. Un estrecho cerrado y una terminal en el mar Negro bajo ataque de drones lo han convertido en un caso de negocio convincente.

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