En la Cripta de la Colònia Güell, las pilas de agua bendita no son de piedra tallada ni copias de yeso. Son conchas marinas reales, de la especie Tridacna gigas, que crecieron en los mares tropicales del otro lado del mundo. Antoni Gaudí las incorporó a la iglesia que levantó para los trabajadores de la colonia textil de Eusebi Güell, en Santa Coloma de Cervelló, a unos 23 kilómetros de Barcelona.
La elección tiene un contexto histórico llamativo. Cuando Güell encargó la iglesia a Gaudí, en 1898, las islas Filipinas seguían siendo una colonia española, pero España las perdió antes de que terminara ese mismo año.
Un regalo del suegro de Güell
Las conchas proceden de Filipinas y fueron cedidas a Gaudí por el Marqués de Comillas, suegro de Eusebi Güell y propietario de la Compañía Transatlántica y de la Compañía de Tabacos de Filipinas: a la flota de la primera pertenecía el buque que trajo las conchas. Cada una de ellas descansa sobre un soporte de hierro forjado, también obra de Gaudí.

Las dos pilas originales las colocó el propio arquitecto ante las dos columnas que se encuentran al entrar en la iglesia. Una tercera concha, instalada más tarde, hace las veces de pila bautismal y se sitúa entre el presbiterio y el altar de la Virgen de Montserrat.
Las más grandes del planeta
Las almejas gigantes son los moluscos bivalvos más grandes del mundo, y la especie mayor puede alcanzar los 1,4 metros de longitud. Hoy están protegidas y su captura en Filipinas es ilegal.

A Gaudí le sedujo la idea, hasta el punto de que previó pilas de almeja gigante también para la Sagrada Familia. Se hicieron realidad en 2010, más de 80 años después de su muerte, cuando Filipinas donó seis conchas para el templo barcelonés.
En cuanto a la cripta Güell, el empresario encargó el proyecto en 1898 y la construcción comenzó en 1908. Gaudí concibió un templo con dos naves, la inferior y la superior, rematado por torres laterales y un cimborio central de 40 metros de altura. En 1914, la familia Güell dejó de financiar las obras y el arquitecto abandonó el proyecto.
Solo llegó a construirse la nave inferior, que el obispo de Barcelona bendijo en noviembre de 1915, y de ahí que el edificio se conozca popularmente como «cripta». Entre 1915 y 1917, otro constructor cerró la nave superior con muros de ladrillo y tejados de uralita. Hoy el templo, Patrimonio Mundial de la UNESCO, sigue acogiendo bodas, bautizos y misa dominical.

