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Los océanos del planeta alcanzan su temperatura media más alta jamás registrada por el impacto del cambio climático y El Niño

La temperatura media de la superficie de los mares, excluidas las regiones polares, llegó a los 21,1 °C, superando ligeramente el récord anterior de 21,09 °C, registrado en marzo de 2024.

Los océanos del planeta han alcanzado la temperatura media más alta jamás registrada, en un contexto marcado por el avance del cambio climático provocado por las actividades humanas y la intensificación del fenómeno meteorológico de El Niño. Según los datos del servicio europeo de cambio climático Copernicus, la temperatura media de la superficie de los mares, excluidas las regiones polares, llegó a los 21,1 °C, superando ligeramente el récord anterior de 21,09 °C, registrado en marzo de 2024. Este nuevo máximo se sitúa muy por encima de los valores habituales para esta época del año y evidencia el progresivo calentamiento de los océanos.

Las mediciones se basan en datos recogidos a unos 10 metros de profundidad mediante boyas, barcos y satélites, que se combinan para obtener una estimación global de la temperatura marina. No obstante, los científicos advierten de que la diferencia respecto al récord anterior es pequeña y de que toda estimación global presenta cierto margen de incertidumbre. Aun así, el momento en el que se ha producido este máximo resulta especialmente preocupante, ya que coincide con el fortalecimiento de El Niño y con una tendencia de calentamiento oceánico que se prolonga desde hace décadas.

Una cadena de consecuencias

El aumento de la temperatura marina puede tener consecuencias de gran alcance para el clima y los ecosistemas. El calentamiento de las aguas contribuye a intensificar determinados fenómenos meteorológicos extremos, favorece la subida del nivel del mar y amenaza la biodiversidad marina. Samantha Burgess, subdirectora de Copernicus, señaló que este récord constituye una nueva señal del creciente estrés al que están sometidos los océanos. También advirtió de que El Niño está aportando calor adicional a un sistema que ya acumula décadas de calentamiento provocado por las actividades humanas.

Récords cálidos por todos los medios

Los registros climáticos de septiembre de 2026 refuerzan esta preocupación. Durante ese mes, la temperatura media global del aire se situó 1,63 °C por encima del nivel preindustrial, convirtiéndose en el segundo septiembre más cálido registrado a escala mundial. También fue el septiembre más cálido en Europa occidental, donde las temperaturas alcanzaron los 2,51 °C por encima de la media. Al mismo tiempo, la temperatura media de la superficie del mar, fuera de las regiones polares, llegó a los 21,05 °C, superando el récord anterior de 20,92 °C, establecido en septiembre de 2023. Además, agosto de 2026 igualó a julio de 2023 como el mes más cálido registrado a escala mundial, con una temperatura media del aire de 16,96 °C.

El Niño se intensifica

Una de las principales causas de la situación actual es la intensificación de El Niño, un fenómeno climático natural que se origina en el océano Pacífico tropical y altera las temperaturas y las precipitaciones en amplias regiones del planeta. En septiembre, la temperatura mensual de la superficie del mar en la zona central del Pacífico utilizada para vigilar este fenómeno alcanzó los 29,70 °C, un máximo histórico que superó los valores registrados durante episodios especialmente intensos, como los de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016. Según la Agencia Meteorológica de Japón, la anomalía térmica en la región del Pacífico que monitoriza llegó a los 4 °C por encima de lo normal, la cifra más elevada desde el inicio de sus registros en 1949. Por ello, los meteorólogos han advertido de que el episodio actual podría convertirse en un «súper El Niño», aunque su intensidad definitiva dependerá de cómo evolucione durante los próximos meses.

Los efectos de este fenómeno ya se reflejan en distintas partes del mundo, donde las alteraciones en los patrones de lluvia favorecen tanto las sequías como las precipitaciones extremas. En Europa occidental y central, la falta prolongada de lluvias ha provocado condiciones de sequía y caudales excepcionalmente bajos en ríos como el Rin, el Danubio, el Vístula y el Garona-Dordoña. Esta situación ha ocasionado dificultades para la navegación, el abastecimiento de agua y las actividades agrícolas. Por su parte, las temperaturas marinas excepcionalmente elevadas en el Atlántico y el Mediterráneo occidental han contribuido al calor inusual registrado en las zonas costeras. En otras regiones, El Niño también puede provocar condiciones más secas de lo habitual, mientras que en algunas zonas aumenta el riesgo de lluvias intensas e inundaciones.

Las previsiones de la Organización Meteorológica Mundial apuntan a que El Niño continuará intensificándose y podría alcanzar su punto máximo alrededor de diciembre de 2026. Según el organismo, existe una probabilidad cercana al 100 % de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027, lo que podría convertirlo en uno de los episodios más intensos desde al menos 1950. Los posibles efectos sobre la salud también generan preocupación: investigadores del Laboratorio de Impacto Climático de la Universidad de Chicago estimaron que el calor asociado al fenómeno podría causar hasta 451.000 muertes adicionales en todo el mundo entre junio de 2026 y febrero de 2027. El mismo análisis proyectó un aumento del 44 % en los días de calor extremo respecto a años normales. Ambas cifras son estimaciones basadas en modelos científicos y no representan muertes confirmadas ni un resultado inevitable.

En conjunto, los récords de temperatura oceánica y atmosférica muestran la gravedad de la situación climática actual. Aunque El Niño es un fenómeno natural, sus efectos se suman al calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, advirtió de que la persistencia de temperaturas superiores a 1,5 °C respecto al nivel preindustrial podría prolongarse hasta 2027. Sin embargo, superar ese umbral durante meses concretos no equivale por sí solo a rebasar de forma permanente el límite de calentamiento a largo plazo del Acuerdo de París. El alcance y la duración del calentamiento dependerán, en gran medida, de las decisiones que se adopten para reducir las emisiones y limitar el cambio climático. Mientras tanto, el récord de temperatura de los océanos constituye una nueva advertencia sobre la rapidez con la que está cambiando el sistema climático del planeta.

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