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Nautik Interview | Peter Harrison: “Todo el mundo reconoce un Clase J; son historia de la náutica”

El CEO para EMEA de Richard Mille, la firma relojera que ha comenzado a patrocinar la Superyacth Cup de Palma de Mallorca, nos habla de su pasión por la vela y del Rainbow, el Clase J con el que compitió.

Peter Harrison en la Superyacht Cup de Palma de Mallorca. FOTO: Vicent Bosch

A finales del pasado mes de junio Peter Harrison, el CEO de la relojera de lujo Richard Mille para EMEA, se presentó en la Superyacht Cup de Palma de Mallorca patroneando el Rainbow, un fabuloso velero de 40 metros de eslora que compite en Clase J, la categoría histórica de grandes yates de la Copa América de Vela que compitieron entre 1930 y 1937 bajo la extinta Regla Universal. De hecho, el Rainbow fue el barco ganador de la edición de 1934 de la mítica regata, representando al Club de Yates de Nueva York.

La II Guerra Mundial provocó el declive de esta fabulosa categoría y su casco original de bronce y plomo fue desmantelado en 1940 para suministrar metal a la industria bélica estadounidense. Sin embargo, sesenta y dos años después, en 2012, se construyó una réplica basada en los planos originales, que fue adquirida por el empresario automovilístico australiano, de origen neozelandés, Neville Crichton, y de sus manos pasó, a principios de este 2026, a las de Harrison, que tenía ya en mente regatear con él en las aguas mallorquinas en la regata, cuando decidió que la firma relojera suiza patrocinara la trigésima edición de la competición balear y las de los dos próximos años.

Aunque no ganó –quedó a tan sólo dos puntos del Svea sueco de la Clase J–, Peter Harrison nos concedió esta entrevista, en la que cuenta todos los aspectos de su pasión por la navegación y los planes inmediatos de Richard Mille para España, que pasan por la inminente apertura –a finales de septiembre o principios de octubre– de la boutique que la firma suiza abrirá en el número 10 de la madrileña calle Ortega y Gasset –esquina con Claudio Coello–, donde antiguamente se situaba Tiffany & Co.

Rainbow, el yate de clase J patroneado por Peter Harrison. Aquí, en plena acción durante una sesión de entrenamiento previa a la Richard Mille SuperYacht Cup. FOTO: Richard Mille

La compra de Rainbow fue toda una sorpresa en el mundillo náutico. Pero ¿cuál es el vínculo entre la marca y el barco?

En realidad, el propietario del barco soy yo. La vela es mi pasión, tengo varios barcos más, y compré el Rainbow hace aproximadamente un año. Lo he estado pilotando yo mismo en las regatas.

Antes de mí, era propiedad de un empresario neozelandés llamado Neville Crichton, que compitió con él en Barcelona en la última Copa América. Él invirtió muchísimo en el barco, con un mástil nuevo, una cubierta nueva y otros muchos cambios.

Por desgracia, Neville enfermó el año pasado y me llamó para decirme que no estaba seguro de poder seguir compitiendo con él, y me preguntó si yo querría hacerlo. Así que se lo compré y le prometí que competiría con él aquí, en Palma.

¿Y cuándo fue la primera vez que regateó con el Rainbow?

Ya estuve navegado antes, en marzo, y luego hicimos algunos entrenamientos, ya en Palma de Mallorca, en abril. Pero ayer fue nuestra primera regata de verdad.

¿Qué diferencia hay entre competir y simplemente navegar?

Es completamente distinto a cualquier otro tipo de navegación que hago. El Rainbow es un yate de desplazamiento, así que no sale del agua, la atraviesa. Es una experiencia muy diferente, pero también muy bonita y quise intentar entenderlo de verdad.

Este barco se construyó en 2012, a partir de los planos originales del yate que se construyó en 1934 para Harold Vanderbilt, que pertenecía a la famosa familia estadounidense que está detrás de buena parte del desarrollo del sistema ferroviario americano.

¿Por qué resulta interesante para Richard Mille patrocinar la Superyacht Cup Palma?

Tradicionalmente, como marca, nos hemos centrado más en el automovilismo, en gran parte por el propio Richard. Pero mi pasión es la vela. Así que yo, de forma natural, me inclino más hacia los eventos de navegación, mientras que Richard se decanta por el motor.

Cuando me hablaron de este evento, me pareció completamente lógico que formáramos parte de él. Cuenta con el escenario y la plataforma perfectos para que estos barcos puedan lucirse en un entorno tan espectacular. El paisaje aquí, en Palma de Mallorca, es realmente impresionante. Me enviaron una foto tomada ayer durante la regata con los dos yates Clase J, Rainbow y Svea, con la catedral al fondo, y en cuanto la vi se la mandé a todos mis hijos. De hecho, mi hija se casó aquí, en Mallorca, hace dos años, y cuando vio la foto dijo: “tenemos que enmarcarla”. Es una de las mejores fotografías de vela que hemos tenido nunca.

Solo existen nueve yates Clase J en el mundo, y es casi imposible verlos juntos. ¿Podría Richard Mille ayudar a reunir a toda la flota para una sola regata?

Me encantaría que ocurriera. No estoy seguro de que Richard Mille pueda conseguirlo por sí sola, pero cuando estás en uno de estos barcos, ya sea compitiendo o simplemente navegando, todo el mundo se para a mirar. Todo el mundo reconoce un Clase J; son una parte importante de la historia de la náutica.

Desde luego intentaremos reunir a todos los barcos. La dificultad es que hay nueve propietarios distintos con nueve agendas distintas, así que no es fácil.

Los barcos en sí también son muy diferentes entre ellos. El Shamrock V, por ejemplo, sigue siendo de madera y hoy no es tan competitivo en las regatas. Pero luego tienes barcos como el Ranger, el Valsheda y el Svea, que son muy competitivos.

El Hanuman, que está aquí en Palma, lo compró en realidad un amigo mío hace solo unas semanas [se refiere al abogado italiano Giovanni Lombardi Stronati]. Estábamos compitiendo juntos en Estados Unidos en marzo y pasamos navegando junto al Hanuman, que en ese momento era propiedad de un estadounidense. Le dije que era el mismo tipo de barco que el Rainbow que yo había comprado y me respondió al instante: “¡Tengo que comprarlo!” Y, un mes después…

Como marca, ¿os planteáis implicaros en más regatas de superyates en el futuro?

Participamos durante diez años en una regata en Saint-Barth, en el Caribe: Les Voiles de St Barth Richard Mille. También tenemos la Richard Mille Cup, centrada en cinco yates clásicos, que se está celebrando actualmente en Escocia. Sin embargo, esta es la primera vez que nos implicamos con la clase J, y en cierto modo con barcos de la Copa América.

Como mencionaba antes, el Rainbow original se construyó para competir en la Copa América de 1934, que ganó. Luego, con el estallido de la guerra en 1939, acabó siendo desguazado en 1940 y sus materiales se reutilizaron para el esfuerzo bélico.

Más adelante, cuando se recuperó la clase J, se empezaron a construir de nuevo estos yates a partir de los planos originales, así que este barco conserva el mismo carácter y la misma apariencia, pero la tecnología es totalmente distinta. Y eso es importante para nosotros, porque intentamos implicarnos en deportes donde la tecnología y el rendimiento se puedan cuantificar. En el Rainbow, por ejemplo, el mástil, la botavara y las velas son de fibra de carbono. En 1934 esos elementos se habrían fabricado con materiales mucho más pesados, de forma que hoy el barco pesa unas 40 toneladas menos que en 1934.

Es muy parecido a lo que hacemos con nuestros relojes: el rendimiento lo es todo. Si podemos hacer un reloj más eficiente, más preciso, más ligero, más duradero, se convierte para nosotros en una especie de juego. Fíjate en el reloj que llevo puesto, por ejemplo [el RM 27-05 Flying Tourbillon Rafael Nadal]: es el último que desarrollamos para Nadal, y el peso fue algo fundamental en su diseño. Éste pesa solo 20 gramos.

FOTO: Richard Mille

¿Por qué crees que los relojes suizos son tan reconocidos internacionalmente?

El rendimiento está siempre en el centro de la manera en que diseñamos y fabricamos nuestros relojes. El reto es impulsarnos constantemente más allá: hacerlos más eficientes, más precisos, más ligeros y más duraderos. El RM 27-05 Manual Flying Tourbillon es un ejemplo perfecto: representa la evolución de nuestro enfoque tanto en diseño como en rendimiento, concebido para resistir fuerzas G extremas y, al mismo tiempo, ser excepcionalmente ligero.

En última instancia, todo se reduce a la ingeniería, y en particular a la microingeniería, que es un ámbito en el que la relojería suiza ha desarrollado una experiencia extraordinaria.

La relojería tiene una historia que se remonta a siglos atrás, pero nosotros nunca nos hemos limitado a buscar inspiración dentro de la propia industria. Los materiales son un buen ejemplo de ello. Desde el principio hemos explorado tecnologías y materiales desarrollados para campos completamente distintos, como el titanio, las aleaciones avanzadas y los compuestos. Nos permiten fabricar relojes más ligeros y resistentes, a la vez que abren nuevas posibilidades técnicas.

La caja de este reloj está fabricada en Carbon TPT, producido por North Thin Ply Technology. Esta tecnología tiene sus raíces en la vela de alto rendimiento, donde se desarrollaron los compuestos de capa fina para crear velas más ligeras, resistentes y estables, así que existe una conexión real entre el material que ves en la muñeca y el mundo de la vela. De hecho, el primer bloque de Carbon TPT que usó Richard Mille procedía del mástil del Alinghi, ganador de la Copa América de 2003.

Richard Mille va a abrir una boutique en Madrid. ¿Qué esperáis de la tienda? ¿Y qué importancia tiene el mercado español para la firma?

Cuando lanzamos la empresa, algunos de nuestros primeros clientes importantes estaban en España. En aquellos primeros años trabajamos con tres socios comerciales en distintos puntos del país: Rabat en Barcelona, un caballero en Zaragoza cuyo negocio ya ha cerrado, y otro cliente en Madrid, cercano a la Casa Real europea. Esas relaciones fueron importantes para asentar la marca y construir nuestra presencia en España.

Madrid fue una elección natural para la nueva boutique, sobre todo por ser la capital. Por supuesto, algunas empresas eligen Barcelona por su fuerte tradición comercial, pero para nosotros Madrid era el lugar adecuado para este nuevo paso.

¿Cuándo tuviste la idea de abrir la tienda en Madrid? ¿Antes o después del bum de la llegada de multimillonarios latinoamericanos a Madrid?

Hace más de diez años, cuando nuestro modelo de negocio empezó a orientarse hacia boutiques en propiedad plena, ya quería abrir una en Madrid. En aquel momento, el reto era encontrar la ubicación adecuada, algo que resultó más complicado de lo esperado.

Rafael Nadal también ha desempeñado un papel importante en el éxito global de la marca, así que para nosotros era natural que, en algún momento, abriéramos una boutique en España. Hablé con Rafa muchas veces sobre dónde creía que debía estar, y cada vez que le preguntaba su opinión, su respuesta era inmediata: Madrid.

Ya que estáis en Madrid… ¿Tenéis planes de convertiros en patrocinadores del Real Madrid?

Antes trabajamos con el Manchester City y el Paris Saint-Germain, pero con el tiempo consideramos importante no vincularnos a un club de fútbol concreto. El fútbol despierta una pasión y una lealtad enormes, y preferimos mantenernos neutrales dentro de ese deporte.

También había una razón práctica. Cuando trabajamos con deportistas, queremos que la colaboración vaya más allá de simplemente asociar un nombre a la marca. Ya sea en Fórmula 1, tenis u otra disciplina, nuestros socios llevan los relojes mientras compiten. Eso nos permite ver cómo se comportan bajo una presión real y, sobre todo, nos da información que puede contribuir a su desarrollo.

El fútbol es diferente en ese sentido. Un jugador no puede competir llevando un reloj, así que resulta mucho más difícil crear esa misma conexión directa entre el deportista, el producto y su desarrollo técnico.

¿Cuántos relojes tienes?

Probablemente tenga demasiados.

¿No puede decir una cifra aproximada?

He pasado los últimos 40 años en el mundo de la relojería, así que es mucho más que un negocio para mí. Ha sido una constante en mi vida. Lo que me parece interesante es cómo ha evolucionado la relación que tiene la gente con los relojes. Hoy en día, un reloj es uno de esos objetos poco frecuentes que puede tener un significado muy personal. La gente elige uno para recordar un momento concreto, para celebrar un logro o para representar una etapa importante de su vida.

El perfil de nuestros clientes también ha cambiado. Hace cuarenta años, la riqueza se transmitía más a menudo de una generación a otra. Hoy vemos a muchas más personas que han labrado su éxito por sí mismas. Como es lógico, eso cambia la relación que tienen con lo que compran. Un reloj puede convertirse en un recordatorio del trabajo que hay detrás de ese éxito y de lo que han conseguido.

Lo vemos especialmente entre una generación más joven de clientes. Se sienten cómodos invirtiendo en algo para sí mismos que tiene significado y que refleja el momento en el que están de su vida. Es una forma de reconocer su propio éxito, pero también algo que pueden disfrutar y compartir con quienes les rodean.

¿Y cuál es tu favorito?

El RM 004 siempre ha sido un reloj especial para mí. Empezamos a desarrollarlo en 2002, varios años antes de que llegara al mercado. Siempre me han encantado sus proporciones y la forma en que el movimiento se asienta dentro del reloj; resulta muy equilibrado. Desde el punto de vista técnico, el cronógrafo de rattrapante también lo hace fascinante, por la complejidad y la ingeniería que implica.

Volvamos a la navegación… En una ocasión entrevisté a Pier Luigi Loro Piana y le pregunté: “¿Ha doblado usted el Cabo de Hornos?” y me contestó: “No. Yo navego por placer. Navego en Barbados, en Virgin Gorda, en Cerdeña…”. ¿Qué tipo de navegante eres tú?

PL [Pier Luigi] es amigo mío, y uno de los mejores navegantes en cuanto a su compromiso con la vela. Yo llevo solo unos 25 años en esto. Cuando tenía 20 años hacía windsurf, así que siempre me ha encantado esa relación con el viento, ¡aunque mi presupuesto de entonces no era el mismo que el de PL!

Pero lo que más me gusta de navegar es que, cuando estoy en el barco, no puedo pensar en nada más. Cuando estás al timón de un barco como este, tienes a 33 tripulantes a tu alrededor, todos profesionales. Para ellos es su trabajo y esperan que yo haga también el mejor trabajo posible; tienes que estar completamente concentrado en la navegación.

Con este barco necesito a cuatro o cinco especialistas en Clase J, pero navego con buena parte del resto de la tripulación en mis otros barcos y en distintos eventos, así que nos conocemos muy bien. Esa conexión es importante. Es un poco como la relación con un entrenador de fútbol: la forma en que te hablan y te dicen “haz esto, haz aquello, tienes que subir, tienes que bajar”. Hay que entenderse.

El golf y el tenis son deportes maravillosos, pero para mí no exigen el mismo nivel de concentración. La vela exige toda mi atención. Un día como hoy me da cuatro horas en las que no pienso en absolutamente nada más. Es una forma de evasión.

Pero no me has respondido… ¿Te gusta el reto de las condiciones extremas?

Sí. He hecho mucha vela extrema y de altura y lo disfruto de verdad. Por supuesto, también me gusta el aire acondicionado, una cama cómoda y una buena cocina. Aquí, en el Rainbow, lo tengo, pero en algunos de mis barcos no tengo nada de eso. Esto es muy agradable: estar aquí sentado, contigo, en este precioso salón, charlando. En mis otros barcos no es tan cómodo. Pero aun así lo disfruto. Y cuanto más tiempo pueda seguir haciéndolo, más vivo me sentiré, probablemente. Me encanta este tipo de navegación.

¿Cuántos días al año navegas?

¡Probablemente más de los que debería! Diría que unos 60 días al año.

El año que viene será importante porque defenderemos la Admiral’s Cup. Si queremos hacerlo bien, necesitamos navegar mucho juntos y convertirnos en un equipo sólido. La última vez, cuando ganamos la Admiral’s Cup, empezamos a entrenar en marzo en el Reino Unido, con un tiempo terrible. Incluso en verano el clima en el Reino Unido puede ser malísimo, ¡pero en marzo es realmente brutal! Probablemente necesitamos entre 30 y 40 días de navegación juntos como equipo antes incluso de que empiece la competición, y eso solo con un tipo de barco.

Así que sí, probablemente unos 60 días al año. Pero si eres navegante profesional, navegas 250 días al año.

¿Qué es lo que es tan especial para ti de la navegación?

Me encanta la conexión con la naturaleza. Aquí en Palma, estaba navegando en marzo y tenía este gran puf, lo llamamos el “fat boy”. Es como un cojín enorme que puedo colocar junto al timón, así que puedo sentarme ahí, gobernar el barco y ver todo a mi alrededor: tienes delfines a tu lado e incluso vimos una ballena. Esa conexión con la naturaleza es increíble. Cuando navegas, no hay motor. Todo está en silencio.

Hay otra cosa asombrosa que pasa en algunos de mis otros barcos de regatas, que son de carbono. Ahí abajo, estás sentado básicamente dentro de esta carcasa de carbono, que no es especialmente cómodo, pero cuando hablas, los delfines pueden oírte a través del casco. El carbono actúa casi como un altavoz y, cuanto más hablas, más se acercan al barco. ¡Es algo increíble!

Para acabar, ¿cuántos barcos tienes?

La respuesta es la misma que antes… ¡no lo sé! Como familia, diría que tenemos unos seis o siete veleros. Mis tres hijas compiten todas en clases distintas, y Audrey, mi pareja, también ha empezado a competir. Todos competimos o, al menos, lo intentamos, pero nunca hemos competido unos contra otros, eso sí. Ese es el próximo paso.

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