Nautik Magazine

Diario de a bordo: capítulo 30 | «La travesía de Seychelles a Mayotte es complicada: trato de moverme lo mínimo y paso el día observando al Sofia remontar las olas», por Pablo Berruezo

El joven navegante cuenta cada semana en Nautik su aventura a flote, en este particular ‘cuaderno de bitácora’ online.

He pasado una noche tranquila, fondeado en el atolón de Alphonse, a un tercio de camino entre Seychelles y Mayotte. El viento no ha parado de rugir en toda la noche pero el Sofía se ha mantenido firme en posición. Amanece super despejado, no veo ninguna nube y el viento sigue. A medida que el sol va cogiendo altura, el agua cada vez se ve más cristalina. Tomo café con tostadas en cubierta mientras repaso la meteo. Mañana seguiré rumbo a Mayotte, a unas 570 millas al suroeste.

Paso el día trazando el rumbo en la carta, preparando comida para los primeros días, revisando el motor, limpiando las placas solares porque los pájaros han hecho de las suyas y, el poco rato que me queda, descanso leyendo con un té. Con la marea baja, las olas rompen en el arrecife y se forman unas buenas olas. Hoy no veo ninguna tortuga pero bandadas de aves sobrevuelan el Sofia y, al no ver nada interesante, se van mar adentro. Con el cielo despejado, el atardecer es alucinante. Todo se tiñe de color naranja. En cuanto oscurece, ceno y me voy a dormir. Mañana a las 07.00, levo ancla.

Me despierto cuando sale el sol, poco a poco, me voy despejando y me preparo para zarpar. Motor encendido para levar el ancla y, a los pocos minutos, ya estamos navegando. Hay 22 nudos del 140º(T) y el Sofia ciñe al máximo hasta llegar a los 8 nudos de velocidad. Empezamos a cabalgar remontando las olas. La vida a bordo es muy complicada, las olas barren constantemente cubierta. Sentado en la mesa de cartas, una ola nos coge desprevenidos. Choca contra el casco del Sofia y recorre toda la cubierta hasta entrar por el acceso a la cabina. Veo una cascada de agua entrar al interior. Desde entonces, navego con el tambucho cerrado. Pongo varias toallas en el fondo para secarlo todo. El mar está creciendo pero por la tarde debería bajar un poco. Son olas cortas y desordenadas, super incómodo para el rumbo que llevamos.

Intento hacerme un café y la misión fracasa. Justo en el momento de poner el café molido en la cafetera, viene una ola y la cafetera, ya cargada con el café, sale volando a mi litera… En este momento, voy a la mesa de cartas y anoto en el cuaderno de bitácora: los ánimos por los suelos pero al menos hace sol y el Sofia navega. Trato de moverme lo mínimo para evitar otros incidentes. Paso el día leyendo, comiendo y observando al Sofia remontar las olas. Vivo en un plano inclinado 30 grados a estribor.

Esta travesía desde Seychelles a Mayotte, es complicada porque cruzas la zona de compresión del norte de Madagascar. El viento del sureste que llega desde el Índico, choca contra Madagascar y, una parte se va hacia el norte y otra hacia el sur. Tanto en el norte como en el sur de la isla, el viento sufre una aceleración y aumenta bastante de intensidad, generando olas desordenadas y cortas. Una vez cruzas esta zona, entras en la sombra de Madagascar. Como te encuentras a sotavento, tienes la protección del viento y pasas de navegar con 30 nudos a 2 nudos, en escasas millas.

Al tercer día, navego en plena zona de compresión. El viento pasa de 17 nudos a rachas de 30. La ola se desordena y el periodo disminuye. De vez en cuando, chocamos contra alguna ola y se oye un gran estruendo. Sufro por la jarcia. El Sofía, con la mínima superficie vélica posible y con corriente a favor, se pone a 10 nudos de velocidad. Alucino con la estabilidad y balance del barco. Se mantiene a rumbo a pesar del viento racheado y las olas. La noche es complicada, poco descanso y navegación muy incómoda. Es como estar dentro de una lavadora. Por lo menos, el cielo está estrellado y la luna ilumina nuestra proa. Acabo la comida que me preparé en Alphonse, antes de zarpar. Me paso a la comida liofilizada. Caliento agua y lo mezclo con el sobre. En cinco minutos tengo la comida hecha. Ni se me pasa por la cabeza intentar cocinar algo.

Después de cuatro días navegando, cruzamos la zona y entramos en las calmas del oeste de Madagascar. Quedan 100 millas para llegar a Mayotte. El viento cae de golpe. Arrío velas y prendo el motor… corriente en contra y navegamos a 3 nudos. Tengo que hacer ejercicio mental para no desesperarme. Cien millas a tres nudos… Intento hacer tareas del barco, cocinar, descansar y, sobretodo tener la mente ocupada para no desesperar. Parecen las calmas ecuatoriales.

El quinto día, antes de que el sol se ponga, Mayotte crece en el horizonte. Llegaré de noche. Mayotte es una isla que está rodeada por una barrera de arrecife. Se tiene que acceder a través de un canal para evitar quedar varado en los arrecifes. Con la luna llena a popa, enfilo el canal dejando las luces verdes a estribor y las rojas a babor. Pienso en los navegantes clásicos que navegaban sin GPS… mis respetos. La última misión de la travesía es ver la boya en la oscuridad y amarrarse a ella. Después de esquivar los arrecifes, apunto hacia las coordenadas de la boya. Reduzco máquina al mínimo y, con el foco de largo alcance, voy enfocando la proa. No hay margen de error porque enseguida hay arrecife. Cuando estoy a escasos 20 metros, la veo y doy un toque marcha atrás para frenar en seco al Sofia. Corro hacia proa y con el bichero alcanzo la gaza de la boya.

Decido ir a una boya porque está más cerca que el fondeo principal. Mañana por la mañana navegaré las 12 millas que nos separan del fondeo delante de la capital de Mayotte para hacer la entrada legal al país.

A las 21.45 el Sofía y yo damos por finalizada la travesía apagando el motor, después de 36 horas seguidas. Me siento en cubierta y escucho el silencio.

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