Hoy se deja por la popa Seychelles. Sentimientos encontrados. Por una parte, tengo ganas de navegar y seguir hacia el sur del océano Índico. Por otra, Seychelles ha sido un punto de encuentro donde he tenido la visita de mi novia y de mi familia. Me imagino, en unos años, recordando estas experiencias que tengo la suerte de poder vivir. Ahora, dejando atrás estas islas, siento que estos recuerdos también deben quedarse aquí, para seguir con la mente fresca y centrarme en lo que viene.
Salgo a cubierta con mi cafecito y está el día lluvioso y más fresco de lo normal. Huele a tierrita mojada. No olía así desde las islas Marquesas. Me teletransporto a Nuku Hiva y, por un momento, desbloqueo un par de recuerdos de mi isla favorita. Me siento y, escuchando el ruido de la lluvia, me tomo el café mientras reviso, por última vez, la meteo.
Con el Sofía a son de mar, levo el ancla y pongo rumbo a Mayotte, a unas 800 millas de distancia al suroeste. A medida que Seychelles se va haciendo pequeña por la popa, el día se va despejando y el sol empieza a hacer acto de presencia. Placas solares cargando las baterías a pleno rendimiento. Navego con un viento de 17 nudos del 135º (T) y el Sofía cabalga a 6 nudos de velocidad. Las olas nos vienen por el costado y el Sofía va de lado a lado mientras remonta las crestas de las olas.
Afronto la primera noche después de dos meses sin navegación nocturnas. Está bastante encapotado, tanto que ni se ve la luna creciente. Toca estar atentos al radar para detectar posibles chubascos. Sobre las 03:00 pasa uno por proa, pero reduzco las velas para bajar la velocidad y dejarle pasar. Vuelvo a retomar la velocidad de crucero. Duermo algún rato corto.
A las 05:30 el cielo ya empieza a iluminarse y empieza el espectáculo de la salida del sol. Con algún cumulonimbo en el horizonte y el sol despuntando en el fondo, me tomo mi primer café. Luego, me dirijo a la mesa de cartas y estudio la zona. Hay un atolón a unas 100 millas que se llama Alphonse y he leído que es buen fondeo para descansar y estudiar la meteo para los próximos días. Decido que voy a fondear para pasar un día. Si todo va bien, llegaremos mañana por la mañana.
El segundo día es una maravilla. Cielo despejado, sin ninguna nube, y 17 nudos constantes del sureste. La ola ha bajado un poco, pero sigue haciendo la vida a bordo bastante complicada. Hervir agua para hacerme un simple café es toda una misión. Me alimento de avena con chocolate y leche, arroz con verduras que ya tenía cocinado y sobres de comida liofilizada.
Está lleno de pájaros volando entre las crestas de las olas y me hacen compañía durante todo el día. Hace unas horas, en la pantalla del plotter, han aparecido unos objetivos AIS que parecen ser boyas con redes de pesca a la deriva. Hay una fila de unas 10 boyas separadas entre sí unas 3 millas. Decido navegar entre ellas y rezar para no enganchar ninguna red. Dejo a popa los objetivos AIS sin ver ninguna red entre ellas.
La noche sigue la misma tónica que el día. Cielo súper despejado y estrellado. Hoy la luna ilumina la cubierta del Sofía. Antes de ir a descansar, me quedo sentado en cubierta viendo las estrellas y rizando un poco las velas para reducir la velocidad y arribar a Alphonse con la luz de la mañana siguiente. La noche es tranquila y, como mucho, duermo 30 minutos seguidos; luego salgo a cubierta a comprobar todo.
Al amanecer del tercer día, por el horizonte se asoma el atolón. A las 08:00 navego a su sotavento y la fuerte corriente que hay frena al Sofía hasta los dos nudos de velocidad. Tardo 5 horas en recorrer las últimas 10 millas. Fondeo en seis metros de profundidad, cerca del arrecife, para que me haga de barrera protectora contra las olas. Estoy en un parche de arena, el único sitio posible para tirar el ancla; en todo el alrededor hay 60 metros de profundidad.
El sol brilla y se ve todo el arrecife sumergido de color marrón. Al otro lado, en el interior de la laguna, se ve el agua cristalina y azul turquesa. En cuanto apago el motor, veo tres tortugas. Nadan a lo lejos y las sigo con la mirada. Sacan la cabeza para controlarme de vez en cuando.
Paso el día nadando alrededor del barco y haciendo un poco de limpieza. Trato de cenar pronto e irme a dormir, que poco a poco se va notando que las noches anteriores el descanso ha sido mínimo. Mañana pasaré el día aquí.

