Daniel Heredia Vidal (Palma de Mallorca, 1993) es un personaje anónimo, desconocido para la opinión pública. Pero su alias musical, Rels B, es otro cantar, aunque tú tampoco lo sepas. Su público es joven y no se nutre informativamente de los canales tradicionales (prensa, radio o televisión). Y él tampoco acude a ellos. Él y su público se comunican por YouTube. Y esta es una de las escasísimas ocasiones en que Daniel se decide a hablar fuera de su círculo.

Conviene adelantar, además, que su círculo no es reducido. Al contrario: es enorme. Valgan unas pocas cifras: su canal de YouTube, Rels B, cuenta con 3,91 millones de suscriptores y las visualizaciones de sus canciones suman, entre todas, 2.082.888.242 a día de hoy (23 de agosto). En Spotify las cosas no son distintas: sus canciones más populares cuentan con 189.887.513 (A mí), 133.464.185 (Buenos genes), 98.790.173 (Lejos de ti), 63.414.284 (Tienes el don) o 61.149.147 (¿Cómo te va, querida?) de reproducciones. El video de un tema grabado en México que acaba de lanzar, Se me olvidó, alcanzó en tan sólo 10 horas el millón y medio de reproducciones. Y si se suman todas se superan otra vez, grosso modo, los 2.000 millones.

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«Siento felicidad, porque veo que las cosas están yendo muy bien. Este último estreno ha sido el más fuerte de mi carrera en cuanto a números. Eso después de ocho años sacando canciones me contenta porque veo que seguimos subiendo sin parar. Aun así, las reproducciones ya no me preocupan tanto. Estoy en un punto de mi carrera donde quiero hacer solo lo que me guste sin pensar en resultados». Sin embargo, los resultados económicos son acordes y corren parejos: «No sé exactamente cuánto, pero sí te puedo decir que, como artista independiente, soy el que más dinero ha pagado a Hacienda —reconoce entre risas—. Fácilmente, me ha ‘soplado’ tres o cuatro ‘kilos».

«DECIDÍ DEDICARME A LA MÚSICA EN EL MOMENTO EN QUE RECIBÍ EL PRIMER CHEQUE DE YOUTUBE, QUE ERA LO MISMO QUE GANABA CUANDO QUEBRÓ LA EMPRESA: 400 EUROS»

Daniel no oculta sus orígenes humildes: se marchó de casa a los dieciséis años y se puso a trabajar de camarero y albañil. «Las cosas en casa no estaban muy bien —admite—. Hace doce años todo era diferente y la mentalidad de mi padre era muy antigua para los tiempos en los que estamos. Me fui de casa y poco después vino mi madre conmigo. Estábamos con mi abuela porque o nos íbamos de casa o acabábamos muy mal. El machismo en esos tiempos estaba muy normalizado y nosotros no queríamos seguir viviendo una vida tan triste e injusta«.

Aunque en la actualidad se le asocie con el mundo del hip hop, el rap, el trap o, incluso, ligeramente, con el reguetón, sus primeros referentes no eran raperos –»Cogía los discos que tenían mis padres por casa y de pequeño escuchaba mucho rock, como Deep Purple»–, pero cuando entró en el instituto empezaron a cambiar las cosas y descubrió el hip hop y el reguetón: Daddy Yankee y Don Omar. Sus amigos intentaban hacer música y él se decantó por la producción, para adecentar lo que ellos hacían. «Tener un ordenador en casa era más barato que tener una batería o una guitarra y empecé a funcionar con un programa pirata y tiré para adelante. Tenía amigos que rapeaban, así que decidí comenzar con ellos, con un ordenador viejo, que se quedaba colgado 30 veces».

Así fue como, poco a poco, él también se animó a rapear y a colgar videos caseros en el canal de YouTube que se abrió en 2009. Poco después llegó la sorpresa: “Decidí dedicarme a la música en el mismo momento en que recibí el primer cheque de YouTube, que era del mismo dinero que ganaba en mi trabajo cuando quebró la empresa: 400 euros (risas). Me había quedado en el paro y al ver ese cheque decidí invertir todo mi tiempo en la música y vivir de la música. Desde que me levantaba hasta que me acostaba me ponía a trabajar y a pensar en vídeos, en música, en dónde ir, en con quién grabar. Y los frutos llegaron después».

El crecimiento fue exponencial. En 2015 lanzó su primer álbum, Player Hater, autoeditado, y después llegaron Boys Don’t Cry (2016), Inéditos (2017) y Flakk Daniel’s (2018). En 2019 pareció que había alcanzado el Olimpo por el que todo artista suspira: su fichaje por una multinacional, Sony Music, para la que grabó Happy Birthday, Flakko (2019) y La Isla Lp (2020).

«Quería comprarme una casa delante de la playa (risas) —explica—. Nos ofrecieron un contrato muy bueno y como sólo nos comprometía un año y medio lo firmamos y solucionamos lo que queríamos. La primera vez que vinieron a vernos la oferta había sido de risa; la segunda ya era un poco mejor, pero la tercera fue la que nos ofrecía lo que nosotros queríamos. Me compré la casa, me compré el coche. Les di 20 temas y, al acabar, no renovamos. Vuelvo a ser independiente».

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El contrato no se renovó, sencillamente, porque Daniel no se sentía a gusto. “Empezamos a trabajar con la multinacional y las colaboraciones que habían prometido jamás llegaron, todas las que hice en ese periodo las conseguí yo. Me pusieron a un equipo que trabaja para no sé cuántos artistas más, personas muy estresadas por todo el trabajo que tienen y que no podían prestar a mi proyecto la atención que requería. No me sentía cómodo, no sentía que fuera algo personal por lo que todos luchábamos, sino empleados con un horario cerrado».

Su futuro inmediato pasa por seguir haciendo música, pero no descarta nada… «No me interesa ser más famoso de lo que soy —explica—. La fama me ha hecho pasar por uno de los peores momentos de mi vida, fueron muchos meses de depresión y por eso desde hace ya un tiempo me limito a hacer música para mis fans, cantar y no dar mucho que hablar ni meterme con nadie… No necesito que se me conozca más. Sé que va a haber un tiempo en que voy a tener que seguir aguantando ser Rels B, pero sé que, tarde o temprano, lo terminaré dejando. Me gusta hacer música, pero cuando quiero, no por obligación, así que cuanto antes lo deje, antes empezaré a vivir mi vida normal otra vez, que es lo que más echo de menos».

Sin fecha para su «retiro», sí adelanta que lo que le gustaría de verdad sería «dedicarme a ser compositor para otros, sin ser la cara visible. Por otro lado, tengo pensado crear una pequeña empresa para ayudar a nuevos talentos del barrio, pues no tienen los medios suficientes para hacer música y darse a conocer. Es algo que me llena y que creo que más artistas en posiciones similares a la mía deberían hacer. Ayudar y dar las posibilidades que nosotros algún día no tuvimos. De eso se trata».

«Como empresario sí soy algo más ambicioso —concluye—. Tengo varios negocios ya desarrollándose. Soy de Mallorca, una isla donde el turismo de lujo es lo que predomina y mi intención en los siguientes años es adentrarme en el mundo de la compra/venta de inmuebles, entre otras cosas».