Dos herederos de una de las marcas de calzado más conocidas de Alemania se han convertido en multimillonarios tras acordar la venta de una participación mayoritaria en la empresa Birkenstock a un grupo de capital riesgo respaldado por la tercera persona más rica del mundo.

Los hermanos Alex y Christian Birkenstock tienen una fortuna estimada en 1.700 millones de dólares cada uno, según el valor de 4.870 millones de dólares que supone la venta de hasta el 70% del negocio a L Catterton. El fondo está controlado por el multimillonario director general de LVMH, Bernard Arnault, y el holding de su familia, Financière Agache.

El acuerdo fue confirmado por la empresa la semana pasada.  Según el comunicado, los hermanos, que tienen participaciones iguales, venderán más de la mitad de la empresa y seguirán siendo accionistas minoritarios una vez concluida la operación. El periódico alemán Der Spiegel informó de que los hermanos venderán entre el 60% y el 70%. Un tercer hermano, Stephan, vendió su participación en 2013.

Unas sandalias con 250 años de historia

Las sandalias se llevan fabricando en la familia desde hace casi 250 años. Los registros eclesiásticos de la ciudad alemana de Langen-Bergheim ya identificaban a Johann Adam Birkenstock en 1774 como “súbdito y zapatero”, cuyo tataranieto Konrad abrió dos zapaterías en la cercana Frankfurt y empezó a fabricar y vender plantillas flexibles.

Muchos años después, en 1925, la familia seguía desempeñando el oficio heredado. Con una demanda que no paraba de aumentar, se trasladaron a una fábrica más grande para producir más. 

En los años 60 la empresa comenzó a fabricar sus sandalias características, bajo la dirección del hijo de Carl Birkenstock, Karl. El primer modelo, llamado Madrid, tenía una plantilla profunda y flexible hecha de corcho y látex y se presentaba como un zapato que podía usarse para hacer ejercicio.

A partir de ahí, la expansión fue mundial. Comenzaron a venderse en Estados Unidos en 1966, después de que una clienta que utilizaba los zapatos para aliviar su propio dolor de pies empezara a distribuirlos en tiendas de alimentación.

Los tres hermanos –Alex Christian y Stephan– tomaron el control de su padre en 2002. No les fue bien pues cada uno de ellos tenía visiones diferentes para la empresa.

Batalla legal

Para aumentar el drama familiar, Susanne, la ex esposa de Christian, lanzó una marca de zapatos rival en 2003. Se llamaba Beautystep, se comercializaba como un zapato diseñado por Susanne Birkenstock y se suponía que hacía que el usuario se sintiera como si estuviera caminando por la playa, diseñado para estirar los músculos de las piernas y favorecer la circulación sanguínea.

Se produjo una fea batalla legal, en la que un tribunal acabó dictaminando que podía vender sus zapatos siempre que no mostrara de forma destacada el histórico apellido de la familia.

En 2013, los hermanos decidieron dar un paso atrás. Stephan Birkenstock vendió su participación a sus dos hermanos por lo que consiguió embolsarse varios cientos de millones de dólares.

Nueva dirección

Mientras, sus hermanos contrataron a Oliver Reichert como el primer externo que dirigía el negocio. Reichert, que había pasado la década anterior en un canal de televisión deportivo alemán, no tenía experiencia en la industria del calzado. Su principal punto de referencia: había llevado zapatos Birkenstocks de niño. Para ayudar a dirigir la empresa, el antiguo empleado Markus Bensberg fue nombrado codirector general.

El nuevo equipo directivo se deshizo rápidamente de las 38 entidades separadas de la empresa en favor de una estructura más racionalizada. Se amplió la producción, se contrató a más vendedores y se empezó a ofrecer el calzado en colores y estilos más modernos, lo que contribuyó a que se convirtiera en un éxito entre las celebrities y los millennials más avanzados. Las ventas aumentaron en dos dígitos cada año, y finalmente se triplicaron a 870 millones de dólares en 2019.

En la actualidad, los Birkenstocks se venden en más de 100 países y la empresa emplea a 4.300 personas en todo el mundo. Vendió casi 24 millones de pares en 2019.