Foto: Pablo Tribello

Cuenta Diego, haciendo gala de ese espíritu inquieto y curioso que le define, que el deporte siempre le ha gustado… variadito y en su medida justa. Y a lo largo de sus 45 años ha practicado indistinta o sucesivamente algunas disciplinas como pelota mano, fútbol sala, tenis, taekwondo y cualquier otra cosa que fuera sobre una tabla, desde la de skate a la de snow, pasando por su amado surf. “Siempre he tenido una relación muy sana con el deporte, es decir, lo practico porque me sienta bien, pero no de una manera obsesiva”, asegura.

Así que practica Bikram yoga desde hace años.

Sí, lo descubrí a través de una amiga y siempre lo he tenido en locales cerca de casa o del trabajo para acercarme en mis momentos libres. Pero cuando más lo he practicado fue durante el confinamiento, porque tenía tiempo, y lo utilicé como mi principal rutina, mental y física. Hay una frase asociada al Bikram que dice: “Dame 30 días y cambiaré tu cuerpo, dame 60 días y cambiaré tu vida”. Así que me propuse cumplir ese reto de dar 30 clases seguidas, pero no sé si mi cuerpo cambió. Y después llegué a 80 y tampoco cambió mucho mi vida… Pero ¡me vino muy bien!

¿Qué le atrae de él?

Me gusta para desconectar. Además, a los cocineros nos va muy bien el yoga porque posturalmente tendemos a cargar los hombros hacia delante. Cuando empecé a practicarlo sentía como que me colocaba y me erguía. Me sienta bien, aparte de por hacer ejercicio, por la parte mental.

Su exigencia física es intensa.

Sí, el Bikram yoga es muy disciplinado, y también muy físico, mucho más de lo que alguna gente piensa y, en general, aún existe una asociación con esa imagen mística de gente haciendo todo el rato. Al menos en el que yo practico no dices ni un Om… aunque tienes un tiempo de silencio para ti. Y tienes que hacer un montón de posturas súper duras que requieren una cierta forma física –y que si no la tienes te la va dando–. Imagínate, hacer ejercicio 90 minutos a 40 grados y con un porcentaje de humedad muy alto es algo a lo que no te acostumbras. Y esa relación con el calor requiere una gran disciplina mental, porque tu cuerpo quiere abandonar todo el rato. Pero entrenar esa resistencia es muy bueno también para la vida.

Y una herramienta útil contra la adversidad.

Practicar yoga y meditar siempre ayuda, pero en general creo más en darle importancia a lo que tiene importancia. Y ser práctico, seguir hacia delante, tratar de ver qué hemos aprendido y procurar que no se me olvide.

¿Qué ha aprendido estos meses?

A ir más despacio, a no hacer las cosas de manera mecánica sino consciente y a no mirar el móvil nada más levantarme. Mira que no me gusta ponerme intenso, pero me parece muy importante dedicarte un poco de tiempo a ti, aunque sean veinte minutos, para tomar café o pensar lo que quieres hacer o cómo te quieres organizar, a estirar, a no moverte por inercia. Sólo con esto encaro mejor cada día.

Un optimista, vaya.

Más bien creo que siempre he sido una persona positiva. Con los años he desarrollado una actitud de afrontar las cosas con positividad y cierta alegría, aunque las cosas no estén en su mejor momento. Tratar de llegar al trabajo cada día con una sonrisa, es importante para mí y para mi equipo. Y he comprobado, además, que así los resultados son mejores.

Y ante la que está cayendo, ¿paciencia o resiliencia?

Vivimos en una incertidumbre constante y hay muchas dificultades, pero, sin ser ningún intento ser consciente de la situación y a partir de ahí generar positividad. Yo no puedo cambiar ciertas cosas, pero sí aspirar a cambiar mi pequeño mundo. Si cada uno empieza desde su escala poquito a poco, ayudaremos al entorno. Fíjate la de veces que hemos dicho eso de “nunca imaginé que…”. Y ahí estamos, con mascarillas, dando cenas a las siete, reinventándonos. Lo que demuestra que, si queremos, podemos.

Reinventarse o… 

… reinventarse. En este trabajo, nos reinventamos cada día. Probablemente porque cada día hay una pega y un inconveniente. Sin embargo, yo reconozco que me manejo bien en la adversidad. No creo que sea un tío demasiado hábil al que todo le sale bien, soy más como un tractor, y ante la adversidad me crezco un poco. Nosotros hemos abierto el taller de creatividad en plena pandemia porque es una oportunidad y también un poco locura y nos hemos metido en algunos proyectos que puede que vean la luz más adelante. Pero siempre tiramos hacia delante, aunque trabajemos para pagar deudas, aunque ganemos menos. Y cuando esto pase, que pasará, ya llevaremos tiempo rodados, no vamos a esperar a que pase la tormenta. Pero es que ya cuando abrimos en 2014 ya hacíamos un camino diferente, DSTAgE nació con la intención de reinventarme dentro de la profesión. Aunque para mí reinventarse no es ser alguien diferente a quién eras sino mostrarte como realmente eres.

¿Y el futuro, cómo pinta?

Estar en un sector como el mío, donde la creatividad está presente, te ayuda a dibujar escenarios mejores de los que tenemos. Como reza el manifiesto de DSTAgE, en el cuadro que pintó mi madre para el restaurante, ya vendrán “días para oler, saborear, sorprender, crecer y disfrutar”. Ya llevo siete años dándole vueltas a lo mismo, que es buscar la esencia de las cosas. Y si la sencillez es el patrimonio de los sabios, yo procuro no complicarme demasiado las cosas, y hacerlas de una manera sencilla y honesta. Ahora más que nunca.