Fue el primer agente secreto de la saga cinematográfica de espionaje más conocida y, desde entonces, ya nadie le olvidaría. No sólo por encarnar los valores de los que todo héroe debe presumir: humildad, discreción y coraje. Virtudes que no demostró únicamente en la gran pantalla, también en su vida diaria, y completó con grandes dosis de elegancia desde que entró a formar parte del Hollywood clásico, allá por la década de los cincuenta, en películas siempre destinadas a hacer de Connery un actor elegante, distinguido y el dandy que la industria del cine nos debía después de darnos a Paul Newman y Robert Redford, compañeros de profesión y gemelos de estilo.

Aunque la carrera de Sean Connery (1930-2020) comenzara mucho antes de la llegada a las pantallas del agente secreto más famoso, James Bond, al que dio vida hasta en siete ocasiones desde 1962 y hasta su retirada como protagonista de la salga, en 1983, su papel como agente 007 le llevó a perfilarse como uno de los hombres más elegantes del cine y de su época. Su metro ochenta y nueve de estatura y el vestuario que desplegó, siempre impoluto, en cada rodaje nos lleva a hablar de seis importantes lecciones de estilo que este escocés de nacimiento nos dejó en la memoria de la moda, siempre caprichosa de figuras como él.

Nos enseñó que se puede conquistar el mundo y eliminar a los malos de él sin despeinarse, y hacerlo enfundado en un traje de tres piezas y de corte tubo, que el agente del MI6 puso de moda en su primera aparición como Bond: pantalones entallados y chaqueta recta, tal y como marcada los dictados de la sastrería Sinclair, Londres, encargada de hacer el vestuario de este personaje. Gran importancia se dio a la estética del James Bond de Connery, que apostó por un segundo estilo de traje de tres botones, en negro, azul marino y gris de mezcla a cuadros Glen, tres colores discretos con los que reflejar el espíritu sencillo del personaje.

Aunque los años no recuerden que el mal se combate en un casino, con esmoquin, gomina y un “Martini mezclado con vodka –removido, no agitado– y con una rodaja de limón”, el abrigo ¾ en azul marino fue la verdadera seña de identidad de este personaje. Su lucha, eterna, no tuvo tanto que ver con limpiar los países de matones sino con enseñarnos a predicar el bien vestidos como si de nuestra última cena se tratara.

Cargó durante años con un arma de fuego, pero la más poderosa estaba en su calzado: unos zapatos de la marca Crockett & Jones, en negro, y con cordones, como asesora el estilo británico y reafirma el carácter reservado del personaje. Un dandy a la inglesa cuyos extravagantes gustos no tienen nada que ver con su uniforme casual, siempre de prendas atemporales: americanas abrochadas sólo con un botón y jerséis de cuello vuelto.

Sean Connery, en el papel de James Bond, en la película ‘Dr. No’, en 1962
Sean Connery, en el papel de James Bond, en la película ‘Dr. No’, en 1962

Ser un personaje de altura es algo que los directores de cada cinta, en las que este actor fue el artista invitado, se tomaron al pie de la letra. Elegir los complementos adecuados para hacer de su personaje un ejemplo de figura esbelta es clave, y lo consiguieron con corbatas de seda italiana y de siete centímetros de ancho (y en color azul marino para unir en sintonía cualquier traje con la camisa, a poder ser en azul claro).

No hay olvido para Sean Connery, como tampoco lo hay para su personaje más destacado en una carrera cinematográfica que, a fecha de su fallecimiento, se completa con un premio Oscar, dos BAFTA y tres Globos de Oro, nada comparado con el mejor premio que pudo hacernos: un código de estilo atemporal con el que destilar buen gusto. Puede que él se vistiera para matar, pero nosotros podemos hacerlo para trabajar. Y para tomar ese martini mezclado con vodka a su salud.