1. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

¿Alguna vez te has preguntado esto? Felicidades, eres un filósofo estoico. El negativismo es una de las principales herramientas del estoicismo. Pensar sobre cómo de malas podrían ser las cosas a veces tiene un efecto paradójico y hace que te des cuenta de que no estás tan mal. Es lo que lo estoicos llaman “la premeditación”, que consiste en pensar detenidamente sobre cómo podrían empeorar las cosas. De hecho, los estoicos proponen algo más radical: dedicar unos segundos a pensar en pérdidas. Algo que, según ellos, te hará valorar más lo que tienes.

La ciencia corrobora: Poner en práctica tu gratitud es un estímulo para la felicidad. La gratitud es saber ser feliz después de que la novedad de las cosas haya pasado.

2. Actuar como si…

Los estoicos valoraban la tranquilidad y pensaban que estar enfadados era una pérdida de tiempo. Pero, ¿qué debes hacer cuándo la rabia te corroe? Forzar una sonrisa y suavizar la voz. Seneca decía que si actuabas calmado, te convertirías en una persona calmada.

La ciencia corrobora: la gente empieza a sentirse más feliz cuando actúa como una persona feliz.

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3. Niégate algo

Los estoicos paseaban sin abrigo los días fríos o se saltaban las comidas para estar hambrientos. ¿Por qué? Negarse algo a sí mismo te hace apreciar las cosas que damos por sentadas.

La ciencia corrobora: Roy Baumeister, un experto del autocontrol, explicó: “La gente ha dicho durante siglos que puedes construir tu carácter obligándote a hacer cosas que no quieres. Ejercer la autodisciplina puede convertirte en una persona fuerte”. Con esto, el autocontrol se convierte en unas claves de hoy en día para ser exitosos, además de aumentar tu fuerza de voluntad.