En su libro The Type Taster, la diseñadora y divulgadora británica Sarah Hyndman afirma que «la tipografía es una máquina del tiempo», por su poder evocador. A lo largo del mismo, lleva a cabo toda una serie de experimentos —muchos de los cuales todavía se pueden realizar a través de su página web— de carácter más lúdico que científico, para tratar de averiguar qué tipo de emociones nos provocan distintos tipos de letra, «pero también para que la gente se divierta y piense sobre la tipografía».

Las únicas evidencias realmente científicas al respecto son muy básicas: «las formas curvas se consideran tranquilas, mientras que las angulosas evocan ansiedad. Las letras equilibradas y sin inclinación nos resultan estáticas y las inclinadas parecen estar en movimiento». Estas conclusiones se relacionan con el entorno natural, en el que las formas irregulares son peligrosas o agresivas, mientras que las redondeadas son seguras y amables.

Son cuestiones que tienen que ver con la supervivencia primigenia, pero también tenemos reacciones afectivas y emocionales que vienen condicionadas por nuestra experiencia y memoria. La mayoría de estas construcciones mentales son de origen cultural y, por lo tanto, compartidas con un colectivo. Sin embargo, hay emociones que nos son particulares, como los recuerdos de infancia o ciertos hechos traumáticos. Si en tales circunstancias estaba presente la tipografía, nuestras emociones se reproducirán al volver a verla.

Sarah Hyndman sostiene que cuando nos enfrentamos a la tipografía, raramente lo hacemos en contextos neutros. Los actos de lectura cotidianos suelen estar cargados de impulsos de muy diversa procedencia. Además, afirma que «la capacidad de absorber información de manera simultánea a través de varios sentidos aumenta nuestra velocidad de reacción a la hora de juzgar situaciones y actuar en consecuencia». Es también una cuestión de supervivencia. Según Sarah Hyndman, «nuestros recuerdos más potentes son multisensoriales», por lo que las asociaciones que creamos con la tipografía en este tipo situaciones evocan los sentimientos y sensaciones más potentes.

Somos seres sensibles y alfabetizados, por lo que la tipografía nos afectará siempre en mayor o menor medida. Pertenecemos a un entorno cultural particular, pudiendo llegar incluso a identificarnos con un tipo de letra en concreto. Somos capaces de percibir más sutilidades tipográficas de las que pensamos y sólo necesitamos fijarnos más en nuestro contexto tipográfico. Es fácil. Vivimos dentro de un gran libro.

*Artículo original de Pixartprinting

Manuel Sesma

Escritor del artículo “Sentir la tipografía.” Doctor en Bellas Artes, escritor del libro Tipografismo y profesor en el Grado de Diseño de la Universidad Complutense de Madrid.

Sarah Hyndman

Fuente de inspiración del artículo “Sentir la tipografía.” Diseñadora gráfica y educadora. Estudia la relación entre la psicología y la tipografía. Recientemente ha publicado The Type Taster: How fonts influence you.