Como idea, el Ford Edsel iba a tenerlo todo: grande, lujo, belleza, estilo… Pero como lanzamiento fue un completo fracaso. Para empezar, estaban los fallos, que eran muchos y constantes: radio con mala calidad de sonido, maleteros que no se abrían, excesivo consumo, puertas que no se cerraban correctamente, frenos con fallos, transmisiones endebles, pintura cuarteada… Demasiados defectos para un coche de precio elevado.

“Era un caso típico del coche menos indicado para el mercado menos conveniente en el momento menos oportuno”, decía la revista Time. Y no le faltaba razón, pues el comprador norteamericano de la época, con menor poder adquisitivo, no quería coches caros y grandes, sino algo básico y accesible.

Desde su venta, el Edsel alcanzó cotas muy altas de popularidad, pero todo lo que sube… baja, y este caso no iba a ser menos. “No quiero que el buen nombre de mi padre ronde en miles de tapacubos”, dijo Henry Ford II al conocer que el coche que su empresa estaba fabricando iba a llevar el nombre de su propio padre. Por otro lado, el nombre Edsel fue comparado con la marca de tractores Edson e incluso se hicieron juegos de palabras juntando weasel (comadreja) con dead cell (batería averiada).

Se destinaron doscientos cincuenta millones de dólares para la producción del modelo para, al final, fabricar ciento diez mil automóviles, de los cuales quedan solamente seis mil en todo el mundo. Aunque esta cifra es aproximada, no deja de ser un número muy reducido para la demanda de los coleccionistas que pueden llegar a pagar entre cincuenta y cinco mil y sesenta mil dólares por uno de ellos.

En noviembre de 1959, dos años después del lanzamiento de esta marca de Ford, cesó la fabricación, costándole el puesto al diseñador Ray Brown Jr. que, en su defensa, alegó: “Estoy orgulloso de este coche. No es una mala línea de modelo”. Pero lo que él diseñó fue modificado en el resultado final, firmándose así la decepción histórica del mundo del motor con Ford.

No gustaba ni por su estética ni por su mecánica, por lo que el Edsel colocó a Ford en la cima de lo ridículo, viéndose la empresa obligada a limpiar su buen nombre con el paso del tiempo. Evidentemente, no volvieron, desde entonces, a experimentar.