Es una tormenta perfecta. La capital de España se está erigiendo en un poderoso imán para las grandes majors americanas de las series, desde HBO pasando por Netflix, Viacom y Amazon Studios, al mismo tiempo que Movistar+ atrae el reconocimiento internacional por series propias y Mediapro concentra en la localidad madrileña de Fuencarral la creación y producción de su torrente de ficción y entretenimiento. Por si esto fuera poco, el brexit anima a las multinacionales audiovisuales a implantarse en Europa continental para acceder en las mejores condiciones al mercado comunitario, y Madrid es uno de los destinos más interesantes. Las estrechas relaciones culturales con Latinoamérica también computan a su favor.

Son años vertiginosos que anuncian un despegue a gran escala. Según un estudio de la consultora PwC, el número de series producidas se disparó algo más de un 50% entre 2015 y 2018 y su contribución al PIB pasó de 429 a 655 millones de euros. Miguel Ángel Poveda, director de Gold Tower Producciones, cree que el número de series producidas seguirá creciendo tras el parón ocasionado por el conronavirus. Uno de los motivos es la irrupción de Movistar+, Netflix, Amazon Studios y HBO, que ya representaron en 2018 casi un tercio de toda la producción de series.

Gonzalo Salazar-Simpson, director de la escuela de cine madrileña ECAM, asegura que “el 80% de nuestras últimas cinco promociones está trabajando en el sector” y que “desde 2015 los candidatos para formar parte de nuestros programas se han duplicado“. En 2017, la ECAM lanzó una incubadora que incluye un programa de desarrollo de largometrajes para productores, directores y guionistas emergentes residentes en España a través de mentorías, asesoramiento individual, seminarios y financiación de cinco proyectos de largometraje con potencial internacional. El Grupo Planeta ha visto más tarde la oportunidad y en 2021 construirá un centro de formación audiovisual en la localidad madrileña de Tres Cantos.

El ejemplo de Tres Cantos es interesante, porque muestra las costuras de la transformación que vive el sector en España. Allí se inauguró en 2019 la primera fase de Secuoya Studios, un complejo de producción audiovisual de 22.000 metros cuadrados. Nació para atraer a las productoras nacionales que servían, sobre todo, a los canales de los grupos RTVE, Mediaset y Atresmedia en España.

Sin embargo, lo que ha ocurrido es que Netflix y Amazon se han instalado como inquilinos y han elegido Madrid como el núcleo principal de su producción audiovisual en Europa. Además, la segunda fase de lo que ahora se conoce como Madrid Content City ampliará, a finales del año próximo, las instalaciones de Secuoya desde los 22.000 a los 140.000 metros cuadrados.

Mientras Amazon y Netflix movían ficha, HBO ha ampliado su presencia multiplicando el tamaño de sus oficinas en la capital de España. En paralelo, Viacom International Studios ha abierto un hub en Madrid que colaborará con sus delegaciones en Latinoamérica y coordinará el desarrollo, producción y distribución de contenidos en Europa, Oriente Medio y África.

Músculo nacional

Pero el fragor que se vive en la capital de España no se debe únicamente a las multinacionales extranjeras. La Comisión Europea aprobó el pasado mes de junio la creación de Buendía Estudios, el gigante que ha nacido de la alianza de las factorías de ficción de Movistar+ y Atresmedia. Las dos compañías gastan, en total, unos 200 millones de euros al año en producir series. Aunque las producciones de Telefónica no le han granjeado los beneficios que esperaba, formatos como La Peste sí que le han valido el reconocimiento internacional como creadora de contenidos de calidad.

Adolfo Rodero, managing director de Accenture, recuerda que en nuestro país “el gasto de los medios y plataformas en contenido de terceros se ha incrementado en un 25% en los últimos tres años, frente a un 18% de incremento en contenido propio“. Esto significa que los gigantes de la televisión tradicional (y ahora también las ‘telecos’) dependen cada vez más de las productoras y los estudios.

Jaume Roures, presidente de Mediapro, ha olido la sangre y ha redoblado su apuesta por los formatos televisivos de ficción y entretenimiento desde los albores de esta edad de oro. En 2016 adquirió la talentosísima productora Globomedia y el año pasado hizo lo mismo con El Terrat, la empresa de Andreu Buenafuente que crea y produce programas de Movistar+ como Late Motiv o La Resistencia. También ha firmado un acuerdo de producción y desarrollo de contenido con Sony Pictures. Los nuevos estudios de Mediapro se encuentran en la localidad madrileña de Fuencarral, y desde allí coordinó las 34 series nacionales e internacionales que tenía en marcha en 2019 con una inversión global de 200 millones de euros.

Según Gloria Camarero y Carlos Hernández Cuartero, del Máster en Gestión de la Industria Cinematográfica de la Universidad Carlos III de Madrid, “la capital de España puede y debe tomar el testigo como la principal capital europea de producción audiovisual”. José María Álvarez de Lara, profesor de Industrias Culturales y Creativas de ESADE, espera que eso lo favorezca el brexit siempre que Madrid “juegue la baza de la internacionalización, sobre todo, hacia el mercado latinoamericano”.

Esto último es casi inevitable teniendo en cuenta la vocación global de los contenidos. Miguel Ángel Poveda, director de Gold Tower Producciones, asegura que “a partir de 2009 más o menos, la industria audiovisual española empezó a volcarse con el mercado internacional”. Además, multinacionales como Viacom International Studios ya han empezado incluso a hacer que sus unidades de negocio en Latinoamérica y España colaboren estrechamente, y Amazon o Netflix seguirán sus pasos. Por otro lado, operadores españoles como Mediapro o el coloso formado por Movistar+ y Atresmedia tienen como más que destacada prioridad el enorme mercado de todos los hispanohablantes.

Adolfo Rodero, de Accenture, considera que el brexit influirá menos que otros factores en la coronación de Madrid como gran capital audiovisual. Y destaca entre ellos “la simplificación, diversificación y reducción de costes de la distribución que traen las plataformas y servicios over-the-top (como Netflix), que eliminan las tres grandes barreras tradicionales que ha sufrido la industria audiovisual española: la complejidad y el coste de la distribución y el acoplamiento entre la distribución y la producción”.

El experto recuerda, sin embargo, que otros obstáculos permanecen. Se refiere al “menor tamaño de las productoras y su bajo nivel de digitalización y equipamiento en algunos casos”. Otra asignatura pendiente es la atracción de talento extranjero.

Madrid, gran beneficiaria

Rodero pone de relevancia que Madrid es la gran beneficiaria del prestigio y las oportunidades que ofrece el país en su conjunto con elementos como “la climatología benigna para el rodaje en exteriores y los costes laborales contenidos y la alta productividad”. Además, apunta, la baja penetración de la televisión de pago en comparación con otros países europeos ha obligado a nuestros profesionales a desarrollar un olfato excepcional “para generar contenidos que traccionan grandes audiencias” sin incurrir en gastos espectaculares. Ése era el talento que exigía el modelo de negocio de una televisión que dependía de la publicidad.

Miguel Ángel Poveda cree que “Madrid puede convertirse en la capital europea de la producción audiovisual pero lo hará, si lo hace, gracias a la oportunidad de rodar y producir en toda España”. Hay que recordar, sigue Poveda, “que España posee una enorme diversidad geográfica, que Canarias ofrece uno de los incentivos fiscales más fuertes de Europa para la producción audiovisual, que otras comunidades autónomas como País Vasco o Navarra tampoco se quedan cortas en sus incentivos y que la calidad técnica y artística de nuestra industria ha quedado de manifiesto con series de prestigio internacional como La Casa de Papel o El Ministerio del Tiempo”. A estos éxitos habría que añadir la admiración que han provocado otras series como La Peste o la producción de eventos deportivos de Mediapro.

José María Álvarez de Lara, de ESADE, matiza que “si Madrid se apoya en Barcelona, que posee una fortísima imagen como ciudad creativa, juntas no tendrían competencia”. Ni siquiera Londres podría con ellas tras el brexit. Y así es como el campo de batalla se desplazaría, por lo tanto, al continente.

Según Gloria Camarero y Carlos Hernández Cuartero, de la Universidad Carlos III, aquí los rivales a batir serían “la incipiente Berlín (con mayor número de géneros) y la aposentada Cannes (con una gran escuela a sus espaldas)”. Las dos cuentan con grandes festivales de cine y “alrededor de estos eventos tan especiales se desarrolla una gran actividad industrial que, unida al glamour (especialmente Cannes) de las estrellas invitadas, consiguen ser el foco de atención mediática de todo el sector”. Esto, sigue, “produce un efecto de marketing tan intenso que no hay mejor difusión de una obra cinematográfica que su nominación a premios o las recomendaciones de la crítica especializada durante los eventos”.

Habrá perdedores

Según Gloria Camarero y Carlos Hernández Cuartero, “evidentemente, si Madrid llegase a convertirse en un gran hub para las productoras de series internacionales, el sector audiovisual español se vería afectado y las reticencias no se harían esperar”. Probablemente, serían parecidas a las que han impedido que las series compitan en el festival de cine de Cannes y a las que penalizaron al largometraje Roma en los Oscar en 2019.

En otras palabras, existe la posibilidad de que las series de las plataformas digitales reduzcan el interés y el mercado de la producción, distribución o exhibición de las películas con las que las productoras españolas tradicionales luchan, a duras penas, por hacerse un sitio en las carteleras.

La evolución de la taquilla del cine de nuestro país muestra una caída de casi el 15% desde 2015 hasta 2019. Además, según la CNMC, sus principales financiadores (sobre todo, los grandes grupos de televisión en abierto y Telefónica) invirtieron 84 millones de euros en películas europeas en 2017 (es decir, solo 10 millones de euros más que los que la ley les obliga a invertir). También en 2017 y según la CNMC, la inversión en series en lenguas oficiales españolas se disparó un 40%.

Y no solo eso. Algunas de esas películas no tenían como gran objetivo las salas de cine, sino la audiencia en streaming de las plataformas digitales. Ésta tampoco es una buena noticia para los distribuidores locales. En paralelo, parece probable que esas películas de las grandes plataformas y sus series avancen con su colonización del festival de cine más prestigioso y mediático de España: el de San Sebastián. En la última edición hubo menos cine español y una de los estrenos más esperados fue Diecisiete, el largometraje coproducido por Netflix.

Por otra parte, siguen Gloria Camarero y Carlos Hernández Cuartero, “parece obvio que una consecuencia del proceso (de concentración de grandes productoras internacionales de series y grandes plataformas de contenidos en streaming en España) sería el principio del fin de la hegemonía de la televisión en abierto en favor del modelo de pago”.

Guerra de festivales

¿Pero tiene que estar ese pináculo del glamour necesariamente en Madrid para que la ciudad se corone como gran capital europea de la producción audiovisual? Quizás no. El Festival de Cine de San Sebastián fue el primero de los grandes festivales europeos en incluir, en 2017, una serie en su Sección Oficial. Era La Peste, de Movistar+. También fue entonces cuando Netflix se estrenó allí con una película: Fe de etarras. En las últimas tres ediciones, tanto Netflix como Telefónica han apostado por San Sebastián para presentar sus producciones originales.

Los festivales de cine de Berlín y Cannes van muy por detrás de San Sebastián en esto, y el motivo es la frontal resistencia de los distribuidores de películas. Ven, lógica- mente, que las plataformas digitales no los necesitan. En el Viejo Continente, solo el festival de cine de Venecia lo supera después de apuntarse tantos como la presentación de grandes películas de Netflix como Roma (de Alfonso Cuarón) o The laundromat (de Steven Soderbergh).

Dicho esto, también es verdad que en 2018 apareció un nuevo competidor: se inauguró el primer Cannes International Series Festival haciéndolo coincidir con el MIPTV, una de las grandes ferias mundiales de contenidos televisivos, que se celebra todos años en la ciudad francesa. La serie española Vida perfecta, de Leticia Dolera y Movistar+, fue premiada en la última edición.

Pero el enorme poder de atracción que se esconde tras esas localizaciones no solo se explica por esos eventos. Adolfo Rodero, de Accenture, añade en este sentido que “Francia y Alemania producen un volumen de títulos cinematográficos ligeramente superior a España (Alemania produce también más horas de series) y ambos países poseen una mayor predictibilidad normativa y regulatoria”. Adicionalmente, sigue, “Roma cuenta con una gran tradición audiovisual y estudios de gran renombre y la industria italiana, igual que la nuestra, es admirada por su creatividad, agilidad, pragmatismo y dinamismo”.

Según Gloria Camarero y Carlos Hernández Cuartero, Madrid, si quiere ganar esta batalla, va a tener que ir más allá de actuar como un hub de empresas audiovisuales. Necesita, advierte, transformarse en un “switch que interconecte todos los hubs de la manera más eficaz posible, de modo similar a los puentes de una ciudad, pasando contenidos de un segmento a otro”. Al disponer de infinitos caminos y destinatarios, concluyen, “las posibilidades de mejora, rendimiento y seguridad son incalculables”.