Esta leyenda (de lo más extendida) cuenta que Kaldi, un pastor de cabras etíope del siglo IX, comenzó a darse cuenta del comportamiento tan extraño que tenían sus animales cuando comían el fruto y las hojas de una planta en concreto. Veía a sus cabras más vitales y más excitadas, llenas de energía. Por lo que él mismo decidió probarlo masticándolo, con la grata sorpresa de que comenzaba a notarse mucho más enérgico.

El pastor llevó ramas y frutos de este arbusto a un monasterio, donde le contó la historia a un abad. Éste decidió hervir estas bayas, lo que dio por resultado una bebida de lo más amarga, aunque el buen olor que desprendía fue lo que hizo que el abad se decidiese a darle una segunda oportunidad.


En torno al siglo XV comenzó a cultivarse, y Yemen (Arabia) se convirtió en la principal proveedora del mundo. El café llegó a Europa a través de Venecia, ganando popularidad cuando comenzó a venderse en los mercados callejeros. En el siglo XVII, los holandeses introdujeron el cultivo de café en sus colonias en Indonesia y los franceses fueron los primeros en crear plantaciones en Latinoamérica.

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