1. Piensa si cambiará radicalmente tu vida
Es, obviamente, el primer paso. Puede que estés dándole demasiadas vueltas y trascendencia a algo que objetivamente no la tiene. Párate a pensar con la cabeza fría si de verdad te estás agobiando por algo serio que cambiará el “devenir de tu vida” o por algo que, simplemente, pasará de largo. Una vez lo tengas claro, el punto de mira con el que vas a enfocarlo, será completamente distinto.

2. ¿Qué te haría falta para decidirte?
Parece algo simple, pero quizás puedes buscar algún incentivo para acabar de decantarte por alguna de las opciones. Si tienes claro cuál es ese “empujón” que te haría decidirte por una de las opciones, lucha por él. ¿Quién sabe? Si lo consigues tus dudas se verán resueltas de un plumazo.

3. Pros y contras
Algo sencillo pero que puede llegar a resultar útil. Crea una lista con los pros y los contras de cada opción. Al tener que pensarlo y al verlo escrito serás más consciente de las ventajas y desventajas que implica cada opción.

4. Plantéate qué es lo que más “te llama”
Pero de verdad. Aunque estés dudoso lo cierto es que habrá siempre una de las opciones que te atraiga más que el resto. Para saberlo lo único necesario es sincerarte contigo mismo y poner las “cartas sobre la mesa”. Quizá lo que más te llama no es lo más racional o lo que ha salido vencedor en la lista de “pros”, eso suele ser así. La decisión no la podemos tomar por ti, pero seguro que cuando te lances no te arrepentirás.