Mientras Greg Norman, el director ejecutivo del torneo separatista LIV Golf, (también conocida como la Super Golf League), camina por los terrenos del campo de golf Pumpkin Ridge, en Portland, Oregón, recibe una lluvia de elogios. “¡Buen trabajo, Greg!”, grita un aficionado. “Mi esposa me matará si no me saco una foto contigo”, dice otro mientras se acerca para hacerse una selfie con el hombre que fue el golfista número 1 del mundo durante 331 semanas. Otros simplemente le agradecen por traer el golf de élite de regreso a Pumpkin Ridge, donde en 1996, Tiger Woods, de 20 años, obtuvo su tercer título amateur días antes de convertirse en un golfista profesional.

En ese lugar, Norman es un héroe, no obstante, para el resto del mundo es un villano. Rory McIlroy se burló de Norman, Woods lo criticó duramente, y el analista de golf Brandel Chamblee lo criticó durante la temporada inaugural de LIV Golf 2022. Incluso le negaron la invitación a las festividades previas al torneo del Abierto Británico. Eso significó una gran bofetada en la cara ya que Norman ganó el evento dos veces. “Soy como la piñata que todos quieren golpear, ¿verdad?”, dijo Norman.

Durante casi 30 años, Norman ha perseguido el sueño de crear una súper liga de golf con los mejores jugadores del planeta. LIV, que ha atraído a 10 de los 50 mejores jugadores del mundo con enormes bonos por firmar y promesas de jugar menos golf por más dinero, ha hecho realidad ese sueño, pero eso ha tenido un costo para la vida y la reputación de Norman.

La actual y presuntuosa gira de golf está respaldada por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita de 620.000 millones (activos), y planea gastar al menos 2.400 millones en la liga durante las próximas cuatro temporadas, una suma sin precedentes en el mundo del golf profesional. LIV prometió al seis veces campeón Phil Mickelson, un estimado de 200 millones para unirse a su gira.

Actualmente, Mickelson es el atleta mejor pagado del mundo, con unas ganancias estimadas de 138 millones de dólares antes de impuestos y honorarios de agentes en los últimos 12 meses. Sin patrocinadores importantes, sin acuerdos con la televisión estadounidense y pocas ventas de boletos, el modelo comercial de LIV parece no tener ningún sentido. De hecho, la liga ha sido definida como un «blanqueo deportivo» en medio de la pésima reputación internacional de Arabia Saudita, que ha empeorado desde el asesinato del columnista del Washington Post Jamal Khashoggi en 2018.

Pero, ¿y si de verdad no es un «blanqueo deportivo»? ¿Qué pasa si LIV es un intento legítimo de quitar al PGA Tour como el único proveedor de golf profesional de élite, y qué tiene de malo si puede ganar dinero mientras lo hace?

“LIV es el futuro del golf”, dice Norman. «¿Por qué? Porque tiene muchas oportunidades desde el punto de vista del patrocinio, desde el punto de vista de la producción, desde el punto de vista del juego, y desde todos los aspectos que nunca antes se habían hecho en el juego de golf”.

Y no está equivocado. Si LIV no estuviera respaldado por barriles llenos petrodólares de dudosa procedencia, casi todos los comentaristas del planeta estarían aplaudiendo su lucha contra el aparente monopolio del PGA Tour sobre el deporte, y su control férreo sobre los mejores jugadores. 

El PGA Tour, que está estructurado como una organización sin fines de lucro que supervisa 48 eventos organizados de forma independiente, respondió esta semana a las acciones de LIV, prohibiendo a los golfistas (contratistas técnicamente independientes) a competir en algún evento de LIV. 

Esa reacción exagerada por parte del PGA Tour resultó en una investigación antimonopolio del Departamento de Justicia de Estados Unidos y una demanda de 11 jugadores de LIV, incluido Mickelson, alegando que el comportamiento monopólico del PGA Tour ha dañado su potencial en ganancias.

LIV sostiene que su remix pro-golf (unos torneos de 54 hoyos que se llevan a cabo en una atmósfera de fiesta) podría alcanzar un verdadero éxito y mayor audiendia en los próximos tres años. Pero, para alcanzar ese éxito, debe continuar fichando a los mejores jugadores y transmitir partidos que atraigan a un público más joven. (Los espectadores del PGA Tour suelen tener más de 45 años. LIV se dirige a los millennials y a la generación z). Los torneos de LIV tienen un elemento de equipo, por eso el magnate tiene la esperanza de que esos equipos eventualmente generen ingresos de sus propios patrocinios.

Pero aquí está el problema: nada de eso podría suceder sin un acuerdo de transmisión en Estados Unidos, que por lo general, es la mayor fuente de ingresos para cualquier propiedad deportiva. Es difícil ver una oportunidad para LIV en la televisión, a excepción de Fox, ya que todas las cadenas principales de Estados Unidos tienen acuerdos de golf con el PGA Tour.

El golf televisado es un gran negocio, y el PGA Tour gana aproximadamente 700 millones de dólares al año por sus derechos en los medios en Estados Unidos.

En Estados Unidos, LIV Golf se transmite a través de YouTube. Tal vez la paciencia y la contratación de más jugadores de élite sea la clave para alcanzar el éxito que Norman desea para su negocio.

Cuando el expresidente Donald Trump se acerca al campo de golf en el estadio de Nueva Jersey para el Bedminster Invitational de LIV Golf del 31 de julio, una multitud de asistentes se le acercan eufóricos. Vestido con un polo blanco y una gorra roja que dice Make America Great Again, saluda, se hace fotografías y firma autógrafos. La emoción en ese momento palpable. El ex golfista número 1 del mundo Dustin Johnson, se prepara para dar el primer golpe en el último día del torneo. Afuera, hay un tono muy diferente. Los manifestantes se juntaron para registrar su descontento con el dinero detrás de LIV.

“Conozco a los inversores en Arabia Saudita, y han sido mis amigos durante mucho tiempo”, dijo Trump a los medios de comunicación. “Han invertido en muchas empresas estadounidenses. Poseen grandes porcentajes de muchas de ellas y, francamente, lo que están haciendo por el golf es fantástico, lo que están haciendo por los jugadores es maravilloso. Los salarios van a subir mucho”, aseguró.

El dinero puede estar fluyendo, pero eso no cambia la realidad de que la sostenibilidad económica a largo plazo de LIV se reducirá a «los ingresos por transmisión seguidos por los ingresos por patrocinio», dice Atul Khosla, presidente de LIV Golf.

Los ejecutivos de LIV dicen que mantienen sus opciones abiertas y, fuera de las principales redes de televisión, un acuerdo de transmisión con una gran empresa de tecnología, como Apple o Amazon, también podría ser una opción. Khosla reconoce que el conflicto con el PGA Tour «definitivamente afectó nuestra capacidad de salir al mercado con todos los patrocinadores que existen», pero enfatiza que el proceso va bien y generalmente estos acuerdos tardan en consumarse unos nueve meses.

Un acuerdo de transmisión también les ayudaría de otras maneras, como por ejemplo, disminuir la necesidad de los bonos masivos que LIV ha ofrecido para reclutar jugadores del PGA Tour. Muchos golfistas de LIV, incluidos Johnson, Mickelson y el campeón del US Open 2020, Bryson DeChambeau, perdieron acuerdos de patrocinio cuando abandonaron el PGA Tour, en parte debido a la falta de exposición televisiva.

“Mi trabajo consiste en tratar de darle exposición a los jugadores”, dice Kevin Lynch, agente de Empire Sports Management, que representa al golfista de LIV Turk Pettit. “El problema es en realidad que los jugadores no obtienen más exposición porque no hay un acuerdo de red o un acuerdo de transmisión televisiva para que los vean”.

LIV Golf no ha sido la primera entidad disidente que pretende revolucionar un deporte profesional. A principios de la década de 1980, surgió la USFL para llenar el vacío dejado por la NFL durante los meses de primavera, con nuevas reglas, nuevos jugadores y propietarios adinerados, incluido Trump, propietario de los New Jersey Generals. La liga encontró éxito relativamente pronto, pero luego intentó abarcar otras temporadas y con eso presentó una demanda encabezada por Trump contra la NFL, acusándola de ser un monopolio. La USFL ganó la batalla pero perdió la guerra. Días después de que un jurado fallara a su favor, en agosto de 1986, la liga cesó sus operaciones.

Ocho años más tarde, en 1994, Greg Norman tuvo su propia visión del juego de golf: el World Golf Tour, que tenía condiciones muy similares al actual LIV Golf. Obtuvo algo de atención al principio, incluso aseguró un acuerdo de derechos de medios de diez años y 250 millones con Fox. Pero el PGA Tour se dio cuenta. El entonces comisionado, Tim Finchem, amenazó con represalias y posibles acciones legales para los golfistas que participaran, según el Washington PostNorman, todavía en la cima de su carrera como jugador, no tuvo más opción que echarse para atrás con el proyecto.

La idea, sin embargo, no murió para Norman. En marzo de 2022, anunció el calendario de la primera temporada de LIV Golf Invitational Series. (Ocho torneos a disputarse sobre un total de 54 hoyos sin corte y 48 jugadores, los cuales serán agrupados en 12 equipos de cuatro jugadores).

LIV debutó en junio de 2022 en el Centurion Club a las afueras de Londres con estrellas como Mickelson, Johnson y Sergio García, quienes aparecieron en la lista de FORBES de los golfistas mejor pagados del mundo 2022. Los patrocinadores en el evento eran escasos, con un trío de fabricantes de bebidas locales como Ballygowan Water, 6 O’Clock Gin y London Essence Co.

El evento se transmitió en YouTube, alcanzando un máximo de aproximadamente 95.000 espectadores promedio en el primer día del evento de tres días. Mientras tanto, el RBC Canadian Open, el evento del PGA Tour realizado el mismo fin de semana, alcanzó un máximo de casi tres millones de espectadores promedio en su último día.

LIV se negó a revelar sus finanzas, pero FORBES estima que generará menos de 75 millones de dólares en ingresos este año, en comparación con los 1.500 millones de dólares del PGA Tour. “No podíamos ser perfectos, y no sé si alguna vez lo seremos, pero teníamos que empezar”, dice Khosla.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos está investigando si la decisión del PGA Tour de prohibir que los golfistas del LIV compitan en sus eventos es una violación de la Ley Sherman Antimonopolio de 1890.

No obstante, un trío de golfistas que participan en LIV perdieron en los tribunales contra el PGA Tour la semana pasada después de solicitar una orden judicial para participar en los Playoffs de la Copa FedEx. Aún así, si el caso va a juicio y se acumulan demandas adicionales de los jugadores, esto podría costarle al PGA Tour hasta 10 millones anuales en gastos de litigio.

“Somos una economía de libre mercado”, dice Craig Seebald, un abogado antimonopolio de Vinson & Elkins que no está involucrado en el litigio actual. “La competencia es buena, y eso es lo que las leyes antimonopolio intentan proteger”.

LIV dice que quiere la paz con el PGA Tour, pero lo que sucederá en los próximos meses aún no está claro.

A pesar de los problemas legales y de reputación, Norman no está preocupado. “No me despierto con ningún temor sobre qué es LIV y hacia dónde irá LIV porque LIV es el futuro del golf”, dice. “Lo que sí me quita el sueño por la noche es saber que los jugadores han sido tratados mal en todo este proceso».