Cristian Querante (Castelldefels, 1984), conocido artística y profesionalmente como Alizzz, dejó una prometedora realidad bien pagada como programador informático para probar fortuna en su hobby, la música, como productor (y compositor). A mediados de noviembre estaba en Los Ángeles recibiendo tres de los Grammy latinos a los que optaba (como coautor de la Mejor canción pop/rock, por Hong Kong, cantada por C. Tangana y Andrés Calamaro; cautor de la Mejor canción alternativa, por Nominao, cantada por C. Tangana y Jorge Drexler; y Mejor ingeniería de grabación para un álbum, por El madrileño, de C. Tangana), y nada más volver a España se disponía a lanzar al mercado su primer álbum como solista, Tiene que haber algo más, publicado por su propio sello, Whoa!, y distribuido por la multinacional Warner. Todo pinta bien… pero aún no ha ganado un millón de euros.

Imagino que como ingeniero técnico de Telecomunicaciones tenía un buen sueldo… ¿Cómo decide dejarlo y centrarse en algo tan inseguro como lo de la música?

Sí, trabajaba como programador y tenía un sueldo más que decente, porque llevaba años en ello y, efectivamente, esa estabilidad y ese buen sueldo hace que dejarlo sea una decisión difícil, porque la música es todo lo contrario: es tirarte a ver qué pasa. Además, cuando dejé el trabajo no me estaba yendo todavía bien en la música: era apenas una intuición. Había hecho ya Antes de morirme (2016), de C. Tangana y Rosalía, y estaba haciendo el disco Ídolo (2017), con C. Tangana. Hasta ese momento llevaba tres años trabajando a media jornada como autónomo, de programador. Trabajaba cinco horas y luego me iba al estudio a producir. Pero antes había trabajado a jornada completa como programador en Accenture y por las noches me metía un ratito en mi estudio a hacer música. También trabajé un tiempo para IBM.

¿Qué es lo que hacía?

Trabajaba para consultoras, en gestión empresarial, con un software que se llama SAP. No es un mal trabajo, pero no se me daba tan bien como hacer música.

¿Cómo se lo tomaron en casa?

El apoyo familiar fue muy limitado, porque no hay ningún artista en la familia: mi padre arregla camiones y mi madre es ama de casa. En mi familia, todos tienen su pequeño negocio en Castelldefels. ¡Ni yo mismo tenía referentes de gente que se dedicara a esto! Nadie te dice cómo tienes que hacer las cosas. Pero, por suerte, en el camino te vas encontrando gente que te va ayudando. Igual que te encuentras con los que se intentan aprovechar…

Con el tiempo he ido creando mi equipo, con mi manager desde el principio, Daniel Cross, que me ha ayudado a conceptualizar el negocio y a no dedicar todos los esfuerzos en una sola área, sino diversificar: la parte editorial, la parte de producción, ahora el directo, el merchandising… Tener cuantas más fuentes de ingresos, mejor, para que cuando una baje otra lo compense.

¿Cuándo ganó su primer millón?

¡Todavía no lo he ganado! Eso es mucho dinero. Un millón, contante y sonante, sólo hay tres maneras de conseguirlo: un adelanto discográfico, que es algo que sólo se lo dan a artistas muy, muy importantes; un adelanto editorial, que sólo se lo dan a autores muy, muy importantes, y yo ya lo soy, pero no he llegado al millón de euros (pero ahí sí que puede que tenga la posibilidad, si sigo siendo un autor de éxito), o un gran contrato de patrocinio con alguna marca, que sólo está al alcance de grandes celebridades.

En nuestro número de diciembre, Paco Martín, el que lanzó en 1985 el primer álbum de los Hombres G, contaba que recibió de CBS un millón de dólares por los derechos para publicar el disco internacionalmente… Por eso pensaba que era más sencillo que un autor/productor de éxito hubiera alcanzado ya esa cifra…

Ahora es más complicado. En los ochenta o los noventa, con la venta física de discos, sí se podía conseguir más habitualmente. Pero Spotify paga una… no paga lo mismo. Y YouTube paga aún peor.

Donde un autor y un productor puede ver más dinero es de la parte editorial. Ahí hay grandes cifras y se puede conseguir mucho dinero. Las tarifas de producción también pueden llegar a ser elevadas, pero es más complicado. De los royalties [regalías], olvídate: eso se queda para el artista y para la discográfica, el productor sólo se lleva un 3% o un 4%. Donde yo tengo el volumen de negocio más grande es como autor, más que como productor.

Lo cierto es que se le conocía como productor, para C. Tangana, Rosalía, Aitana, Lola Índigo, Amaia o Becky G, pero ahora tiene un disco en solitario.

Antes de conocer el éxito de verdad como productor, en estos últimos cinco o seis años, siempre he mantenido mi carrera como artista. Antes, hubo un tiempo, en los que era deejay y productor de música electrónica, y lanzaba mis temas, sueltos.

Estuve mucho tiempo pinchando, haciendo giras en solitario y produciendo a otros artistas de electrónica. Por mi parte, saqué también varios Ep’s y tuve ciertos picos de éxito, porque algunos dj’s importantes empezaron a pinchar mis temas y eso me permitió girar bastante por Europa, Australia, Japón y Estados Unidos.

¿Hubo, entonces, un parón en su faceta como artista solista?

Efectivamente, cuando empecé a producir a artistas de pop me olvidé un tanto de mis facetas de productor de electrónica y de artista en solitario. Y creo que al dejarlo tan apartado llegó un momento en el que volví a sentir la necesidad de expresarme por mí mismo, porque cuando produzco para otros, aunque aporte mi visión, procuro ponerme siempre en la piel de los demás.

Tuve la necesidad de volver a hacer música para mí y cogí de nuevo la guitarra. Lo que sí resulta novedoso ahora es que me empecé a sentir cómodo cantando, algo que no me había pasado nunca y todo comenzó así a tener sentido. Cuando tenía ya cuatro o cinco canciones me di cuenta de que tenía algo bueno entre manos. Se las empecé a enseñar a gente y cuando les veía la cara comprobaba que no estaba equivocado.

Lo curioso es que después de lo que ha hecho como productor uno esperaría que su disco se situara en esa misma estela… y no. Se acerca mucho al pop y al rock…

No soy nada purista ni he sentido pertenencia de grupo por haber hecho electrónica. Siempre he procurado investigar otras maneras de ver la música y de entender la música (o, incluso, la vida). Igual que sucedió en su momento, cuando la electrónica y el pop indie estuvieron muy unidos, con el electroclash, como Miss Kittin.

A principios de siglo yo venía de escuchar a The Cure, a Blur, a The Verve o el britpop. Iba a festivales a ver a esos grupos y fue ahí, curiosamente, donde conocí todo el mundo de la electrónica, que es lo que sucedía por las noches, cuando se acababan las actuaciones principales. Fue así, de fiesta, cuando me pillé con la electrónica. Y de la electrónica pasé al rap, porque el rap se hace con samplers, que es otra forma de hacer música electrónica. Y de Massive Attack empecé a investigar en el soul. Y todo eso lo iba mezclando con música de baile y fue así como empecé a trabajar con Pucho [el nombre coloquial con el que se conoce a C. Tangana]. Y con él pasé al reguetón, al trap, al R’n’B…

Mi propuesta artística, aunque suela ser demasiado alternativa para el mundo mainstream [el más comercial] y demasiado mainstream para el mundo más alternativo, se entiende. La escuchas y se nota que lo mainstream y lo alternativo no son mundos tan distanciados. Yo me siento como una bisagra entre esos dos mundos.

En una de sus nuevas canciones, ‘Siempre igual’, hay guitarrazos y referencias en la letra a Nacha Pop y su ‘Chica de ayer’; y en otra, ‘Luces de emergencia’, canta con usted J., el líder de Los Planetas…

La música independiente también me ha acompañado desde hace mucho tiempo, sin yo saber que eso era música indie. Ahora vuelvo a escuchar mucho dream pop –como Beach House–, o Cigarettes After Sex o Slowdive… Pero la que me ha acompañado más, de siempre, es la de guitarras. Y luego la electrónica y el pop atmosférico. Era lógico que en algún momento esa música volviera a mí, porque nunca había tenido la oportunidad de trabajar con ella. La había ido dejando a un lado por las otras cosas que iba haciendo.

Cuando decidí lanzarme a mi disco y vi que me sentía cómodo cantando así, regresé a ese camino. Y, de momento, es lo que está marcando mi carrera en solitario. Pero también sigo trabajando como productor.

En su condición de bisagra, ¿cree que puede atraer a otros tipos de música?

Hasta ahora he tenido bastante buen olfato para entender lo que quiero contar y cómo lo quiero contar y, por otra parte, saber en qué mundo estoy viviendo y quienes están a mi alrededor y quién me escucha. Creo que tengo empatía con quien me escucha y creo que soy capaz de decir las cosas que quiero decir de una forma que me entienda bastante gente.

Salvo casos muy concretos, Raphael, Sabina, Hombres G…, el público de los artistas es el de su generación y en cuanto la gente empieza a trabajar y a tener hijos se desentienden de las nuevas músicas. ¿Tiene ese miedo?

Cada grupo o artista tiene su época y luego llega el descenso, que puede ser más pronunciado o más suave. Y también depende del artista, que sepa leer quién es en cada momento y no que intente seguir siendo el que fue cuando tenía éxito, que es algo bastante común en los artistas: tratar de ser siempre los mismos. Hace falta capacidad de adaptación a cada nuevo medio, porque la cultura cambia cada año. Esa adaptación no todo el mundo sabe hacerla. Yo me voy a tener que enfrentar a eso en un momento u otro y no sé lo bien que lo haré o si dejaré de hacer música para centrarme en otra cosa. Pero aún no estoy en ese punto. Tengo claro que el brillo y la magia no son perpetuos. Llega un momento en el que pierdes el brillo o el toque y dejes de conectar. No sé cuando se me acabará, por eso tengo que aprovechar a hacerlo ahora y procurar hacer mil cosas a la vez, que es con lo que me siento cómodo actualmente

¿Qué quiere decir?

Que lo hago todo. Que escribo las canciones. Que grabo a los músicos. Que me produzco. Con Pucho sigo trabajando en canciones nuevas post- “Madrileño”, como Ateo, que hemos hecho con Nathy Peluso y que ha salido hace poco. También estoy componiendo y produciendo el disco con Amaia… y también hago alguna canción suelta con algún otro artista. Además, también estoy trabajando en mi directo, que es otro currazo que lo flipas.

Ya puestos, ¿cómo va a ser el directo?

Voy de cantante, con una banda de cuatro músicos: guitarra, bajo, sintetizadores, y batería. Y vamos a hacer la presentación en Madrid el 14 de enero, en el club Ocho y Medio, con dos pases, a las 6 y las 8 de la tarde. Y el 22 en Barcelona, en Razzmatazz. Y en verano, festivales.