El ilustre médico Ramón y Cajal concebía el cerebro como un vasto jardín, un tupido bosque repleto de conexiones y células de distinta índole capaz de gobernar nuestro organismo. Con sus investigaciones sembró las primeras evidencias que permitieron comprender su arquitectura y revolucionó la forma de estudiar el sistema nervioso. Sin embargo, ese «inmenso jardín» compuesto por 86.000 millones de neuronas sigue guardando numerosos rincones inexplorados. Más de un siglo después, la ciencia continúa tratando de descifrar muchos de los mecanismos que desencadenan enfermedades neurodegenerativas, pero también aquellas que históricamente no se han relacionado con el cerebro, como es el caso de la obesidad.
Una de las iniciativas más relevantes de los últimos años ha sido el proyecto BRAIN que, en noviembre de 2025, presentó su borrador del mapa del cerebro en su etapa de desarrollo. A través del análisis de más de 1,2 millones de células, los investigadores han logrado trazar el primer atlas celular y genético del cerebro en formación. Los resultados de este hito histórico se han presentado en 12 artículos de la revista Nature. Gracias a esta contribución, la comunidad científica ha ampliado el entendimiento de la diversidad celular neuronal; por otro, ha aportado información vital para comprender cómo y en qué momento del desarrollo se originan trastornos como el autismo, la esquizofrenia o el TDAH.
Las enfermedades mentales y neuronales no son, sin embargo, las únicas que tienen una vinculación estrecha con el cerebro. Como centro de control de nuestro organismo, este incide también de manera directa en dolencias o desajustes que a priori parece que no guardan relación con la actividad cerebral. Un claro ejemplo es la conexión intestino-cerebro, pero también existen investigaciones que han revelado que el cerebro desempeña un papel crucial sorprendente en afecciones como la caquexia oncológica o la obesidad.
Miguel López, catedrático en el CiMUS de Santiago de Compostela, es el investigador que está al frente de dos iniciativas que han revelado los sorprendentes nexos entre el cerebro y estas dos afecciones ligadas al metabolismo: la obesidad y la caquexia cancerosa. Sus proyectos recibieron financiación en las convocatorias de Investigación en Salud de la Fundación ”la Caixa” de 2019 y 2025 respectivamente, y sus resultados ya están empezando a traducirse en un potencial impacto para los pacientes.
Caquexia, ¿un síndrome relacionado con la quimioterapia?
La caquexia se describe como un síndrome degenerativo que causa la muerte a más de un tercio de los pacientes con cáncer. «La caquexia es pérdida de peso, astenia, no querer comer, estado de ánimo apático, alteraciones metabólicas y disminución masiva de la masa muscular y el peso que sufren los pacientes en estadios avanzados de cáncer. Una degeneración global, sistémica y metabólica que acompaña al cáncer», explica Miguel López.
De forma habitual, la gente achaca estos síntomas a los efectos de la quimioterapia. El equipo de López ha ido un paso más allá. «Nuestra hipótesis es que, si bien su principal desencadenante es el tumor, lo que hace que todo el metabolismo se vaya al traste, que colapse, es que afecta al hipotálamo», confirma. Y continúa: «El hipotálamo es un centro de control de datos del cerebro. Recibe información, la decodifica y lleva a cabo la respuesta homeostática adecuada. Decide sobre todos los procesos básicos para la supervivencia del organismo». Esto incluye el metabolismo, la temperatura, la ingesta, la función reproductora y el ciclo de sueño y vigilia.
El tumor secreta factores que afectan al sistema inmunitario, pero también señales circulantes y nerviosas que impactan directamente en el cerebro. «El hipotálamo es como un director de orquesta. Recibe la información que los músicos le van mandando y ejecuta órdenes para que la sinfonía esté bien tocada. Si un músico comete un error o desafina, el director puede corregirlo sin que se note demasiado. Pero si empieza a recibir muchas notas descoordinadas, toda la melodía se viene abajo. El director de orquesta, el hipotálamo, no va a poder controlarlo», ejemplifica el neuroendocrinólogo. Esto hace que el sistema de adaptación colapse, no pueda adaptarse y afecte al paciente de manera irreversible.
Esta hipótesis, planteada por el equipo y sustentada en los datos experimentales, hace que ya se esté desarrollando un tratamiento para tratar el hipotálamo y corregir la caquexia.
Regular el metabolismo para combatir la obesidad
La agilidad en este proceso de desarrollo de un tratamiento se debe al trabajo previo que López ya realizó al frente de otra investigación, en 2019, que vinculaba la obesidad a esta misma área del cerebro. Y es que, aunque las obesidad y la caquexia son dos procesos radicalmente opuestos (la primera consiste en la acumulación crónica de grasa, y la segunda, en la pérdida severa de peso en los pacientes con cáncer avanzado), ambas comparten un punto en común: la afectación del hipotálamo, una parte del cerebro.
Aquel estudio permitió al laboratorio del CiMUS caracterizar con enorme precisión vías metabólicas en el hipotálamo que «ya forman parte de los libros de texto». Pero, sobre todo, hizo posible el desarrollo de una estrategia farmacológica revolucionaria basada en la nanotecnología y el uso de exosomas. Estas vesículas extracelulares funcionan como «sobres con instrucciones» moleculares lo bastante pequeños como para atravesar barreras biológicas, como la barrera hematoencefálica, que regula el paso de moléculas de la sangre al cerebro. Una vez dentro, se pueden dirigir de manera ultraespecífica hacia las células deseadas para modular la función de proteínas concretas.
A diferencia de tratamientos tan populares como el Ozempic o el Mounjaro, cuya potencia radica en reducir la ingesta de alimentos, la solución desarrollada por el equipo de López ofrece versatilidad terapéutica, es decir, permite regular el metabolismo de manera global. El uso de los exosomas no solo puede contribuir a reducir la ingesta alimentaria del paciente, sino que también puede estimular el gasto energético. Por otro lado, los exosomas también permiten actuar de manera más específica, por lo que podrían usarse para tratar otro tipo de enfermedades, como la caquexia o el ictus isquémico.
Este abordaje ya ha demostrado su eficacia en modelos preclínicos, y la patente, recientemente aprobada en Estados Unidos, ha dado lugar a la creación de la empresa Gazella Biotech. A través de ella, los investigadores prevén iniciar los primeros ensayos clínicos en humanos en un plazo de dos o tres años y abrir también el camino a Lyrea Biotech, una segunda empresa nacida de este proyecto y orientada a aplicar la misma tecnología para tratar el ictus isquémico. El proceso ha contado con el impulso de la Fundación ‘la Caixa’, un apoyo que, como explica López, agradecido, «ha revolucionado la investigación biomédica en España».

