El sistema sanitario español es uno de los grandes pilares de nuestro Estado del bienestar. Fue concebido en un marco demográfico y epidemiológico muy distinto al actual, en el que predominaban enfermedades de curso más corto, una menor esperanza de vida y una presión asistencial muy inferior a la que conocemos hoy. En aquel momento, el diseño del sistema priorizaba la atención al episodio, la resolución clínica y la recuperación funcional, en un entorno donde, en otras cosas, la cronicidad tenía un peso mucho menor en el conjunto de la actividad sanitaria.
Ese modelo permitió construir un sistema sólido, universal y altamente eficaz, cuyos resultados explican buena parte de los avances en salud de las últimas décadas. Pero la propia evolución de la ciencia, de la sociedad y de la demografía ha transformado profundamente la naturaleza de la demanda asistencial. España es hoy uno de los países más longevos del mundo y, según estudios de ISGlobal, la esperanza de vida en España podría alcanzar los 84,8 años en 2030, impulsada principalmente por los avances en prevención y en el tratamiento de las enfermedades no transmisibles.
Según datos del Ministerio de Sanidad, las enfermedades crónicas concentran, aproximadamente, el 80 % del gasto sanitario público y generan entre el 70 % y el 75 % de las consultas en Atención Primaria. Más de 21 millones de personas en España viven con al menos una enfermedad crónica, lo que supone alrededor del 54 % de la población adulta. Estos datos describen con claridad el principal reto estructural del sistema sanitario en la actualidad.
La cronicidad no es un fallo del sistema, sino una consecuencia directa de uno de sus mayores éxitos. La innovación médica y farmacológica ha permitido que muchas enfermedades que antes tenían un desenlace fatal o altamente incapacitante se hayan convertido en patologías con las que se puede convivir durante años, incluso durante toda la vida. Vivimos más y, en muchos casos, con mejor calidad de vida. Pero ese avance obliga a repensar cómo se organiza, se evalúa y se financia la atención sanitaria.
El impacto del envejecimiento y de la cronicidad es también económico. Estudios recientes muestran que el gasto sanitario público en España se incrementa de forma muy significativa a partir de los 55 años, hasta convertirse en uno de los principales factores que explican el déficit del ciclo vital en edades avanzadas. Estudios de FEDEA muestran que, a partir de los 55 años, el gasto sanitario per cápita crece de forma muy significativa, convirtiéndose en uno de los principales determinantes del déficit del ciclo vital en edades avanzadas. A ello se suma que cerca del 40 % de las personas mayores de 50 años conviven con dos o más enfermedades crónicas, lo que incrementa la complejidad clínica, el uso de recursos y la necesidad de coordinación asistencial.
En este marco, el debate sobre sostenibilidad no puede reducirse a una discusión presupuestaria de corto plazo. La pregunta clave no es si el sistema puede permitirse la innovación, sino si puede permitirse no incorporarla de forma ordenada y basada en valor. El Real Decreto de Evaluación de Tecnología Sanitaria, y sus guías de desarrollo, es una gran oportunidad para que, entre todos, administraciones públicas y sector privado, colaboremos en hacerlo realidad.
La evidencia acumulada muestra que los medicamentos innovadores no sólo aportan beneficios clínicos, sino que también pueden reducir hospitalizaciones, evitar complicaciones y generar ahorros en otros costes sanitarios y sociales, incluidos los asociados a la dependencia o la pérdida de autonomía. En oncología, hasta el 70 % de la mejora en supervivencia registrada en las últimas décadas se atribuye directamente a la incorporación de nuevos tratamientos, según la Fundación Weber y la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).
Hablar de sostenibilidad hoy implica también hablar de investigación clínica. España se ha consolidado como el país líder en Europa en número de ensayos clínicos, con 962 estudios autorizados en 2025, según el Registro Español de Estudios Clínicos y la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Más de 170.000 personas participan actualmente en ensayos clínicos en nuestro país, lo que supone acceso temprano a terapias innovadoras, generación de conocimiento y una mejora directa de la capacidad del sistema sanitario para adaptarse a nuevos retos.
Cada ensayo clínico que se desarrolla en España es una oportunidad para los pacientes, para los profesionales sanitarios y para el propio sistema, que refuerza su competitividad y su capacidad para atraer inversión biomédica. En un contexto global en el que Europa ha perdido peso relativo en investigación clínica frente a otras regiones, disponer de marcos regulatorios claros, ágiles y alineados con el entorno europeo se convierte en una decisión estratégica de país.
A menudo se plantea el debate como una elección entre acceso, innovación y sostenibilidad. Es una falsa dicotomía. La sostenibilidad real se construye con prevención, diagnóstico precoz, seguimiento adecuado, uso inteligente del dato y decisiones basadas en resultados en salud. Y también con una colaboración efectiva entre administraciones públicas, profesionales sanitarios, pacientes e industria.
Desde Takeda defendemos que la innovación debe evaluarse por su capacidad para mejorar resultados en salud y contribuir a la sostenibilidad del sistema. Eso implica incorporar evidencia en vida real, integrar la experiencia de los pacientes en la toma de decisiones y aprovechar las herramientas digitales cuando aportan valor clínico y organizativo. También exige una mirada europea y de largo plazo, coherente con la forma en que hoy se investiga, se regula y se garantiza el acceso a la innovación en nuestro entorno.
Vivir más años con enfermedad es uno de los grandes logros colectivos de nuestro tiempo. El reto ahora consiste en adaptar el sistema sanitario para sostener ese logro de forma equitativa, eficiente y competitiva, sin renunciar al progreso científico que lo ha hecho posible.
Por Pablo Sierra – director de Acceso y Asuntos Corporativos de Takeda España

