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Livox, la plataforma creada para devolver la voz a una niña que hoy utilizan más de 65.000 personas con discapacidad

Livox ha sido finalista en la novena edición de los Premios Fundación Mapfre a la Innovación Social. En los últimos años, ha evolucionado desde una aplicación de comunicación alternativa hasta una plataforma impulsada por IA que ayuda a las personas con discapacidad

livox
Carlos, Clara y Aline se comunican a través de Livox

Las personas que viven sin poder expresarse verbalmente suelen cargar con la dificultad para comunicar lo que piensan. Pero a esto se une otra importante barrera. Y es la tendencia, de quienes les rodean, a subestimar todo aquello que son capaces de comprender y sentir. Carlos Pereira conoció esta realidad a través de su hija Clara. Consciente de que detrás de la imposibilidad de hablar derivada de su parálisis cerebral existía una capacidad intacta para opinar y bromear, inició una búsqueda de herramientas que le permitieran comunicarse. A falta de soluciones y a pesar de su carente formación en programación, decidió crear una plataforma. Desarrolló Livox. Aquella herramienta que le confirió autonomía e identidad a Clara ha acabado convirtiéndose en una solución que hoy utilizan más de 65.000 personas con discapacidad en 11 países.

Carlos Pereira era el director de una clínica de rehabilitación brasileña que ayudó a crear para prestar asistencia sanitaria a personas con discapacidad. A través de ese trabajo, a diario observaba de cerca los profundos desafíos de comunicación que muchos pacientes enfrentaban diariamente. Sin embargo, aquella realidad adquirió una dimensión mayor cuando dejó de ser un problema que trascendía del ámbito laboral. A su hija Clara le diagnosticaron parálisis cerebral, una enfermedad que le afecta en su motricidad y en el habla. Cuando tuvo la suficiente edad para comunicarse, Pereira comenzó a buscar tecnología que les permitiese entenderse.

Después de mucho indagar, no consiguió encontrar un recurso que cumpliera con los requisitos de lo que Clara necesitaba. “El nivel de las soluciones que encontré rondaba dos extremos: carpetas de cartón demasiado simples o equipos rígidos y costosos que valían miles de dólares y que ella físicamente no podía usar. Pero Ninguna de las herramientas existentes consideraba sus movimientos involuntarios ni la forma única en que interactuaba con una pantalla. Me di cuenta de que, si quería que mi hija tuviera voz, tendría que construir yo mismo la solución”, comenta Carlos.

Una tecnología que se adaptase a la persona

Partiendo de la premisa de crear una tecnología que se adaptase a la persona y no al revés, comenzó a estudiar programación. “Tuve que realizar un intenso equilibrio personal y práctico, pues tenía que dirigir una clínica de rehabilitación para sostener a mi familia, cuidar diariamente de Clarinha y aprender programación desde cero por las noches”, recuerda. Pero, para Carlos, el verdadero reto fue el abismo estructural que sigue afectando a día de hoy a las personas con discapacidad. “Me di cuenta de que el obstáculo no era solo escribir el código. Era, y sigue siendo, romper la profunda idea equivocada de que las personas no verbales no pueden aprender ni comunicarse”, lamenta.

La herramienta desarrollada por su padre permitió que Clara dejara de ser una espectadora de lo que ocurría a su alrededor para convertirse en una participante activa, capaz de comunicar lo que sentía, pensaba o deseaba. Para sus padres, el cambio supuso abandonar años de interpretaciones y conjeturas para iniciar una conversación real con su hija. “Descubrimos su verdadera inteligencia y sentido del humor”, agradece Pereira.

Para Clara, Livox fue un punto de inflexión en su vida: “Antes, la gente hablaba delante de mí como si no pudiera entender, leer o escribir solo porque no podía hablar. Escribir me exige mucho esfuerzo físico, pero Livox me dio el poder de demostrar que estaban equivocados. Me permitió mostrarle al mundo que puedo leer, puedo escribir y tengo mi propia identidad”.

Más allá de la parálisis cerebral

Desde su puesta en marcha, Livox ha evolucionado desde una aplicación de comunicación alternativa hasta una plataforma impulsada por inteligencia artificial que ayuda a las personas con discapacidad a acceder a la educación, crear contenido y participar plenamente en la sociedad. Así, a día de hoy, la utilizan más de 65.000 personas de 11 países. Además, ha recibido el apoyo de organizaciones como Google.org, la Fundación LEGO, MIT Solve, Finep y Fundación Mapfre, y ha sido adoptada por sistemas públicos de educación en Brasil y Estados Unidos.

Además, el alcance de Livox ha ido mucho más allá de la parálisis cerebral. Según explica Pereira, Livox fue concebida para responder a limitaciones motoras, cognitivas y visuales, no a un diagnóstico concreto. Esto ha permitido que la herramienta demuestre su utilidad en personas con trastorno del espectro autista (TEA), pacientes que se recuperan de un ictus o de una lesión cerebral traumática, personas con síndrome de Down, esclerosis múltiple y otras condiciones neurológicas o del neurodesarrollo.

La discapacidad, ¿nicho de mercado o motor de innovación?

El presidente y CEO de Livox defiende que las tecnologías desarrolladas para personas con discapacidad no deben entenderse como un nicho, sino como uno de los grandes motores de innovación. La lógica detrás de esta afirmación es sencilla. Dado que millones de personas no verbales continúan sin disponer de herramientas adecuadas para comunicarse, el potencial de crecimiento del sector es enorme; sin embargo, más allá de las oportunidades de negocio, la verdadera transformación llegará cuando las interfaces sean capaces de adaptarse a las personas y no al contrario.

Sin embargo, lamenta que, cuando presentas una tecnología diseñada específicamente para personas con discapacidad, muchos inversores tienen dificultades para salir de modelos de crecimiento acelerado. “La mayoría de los inversores buscan el próximo Facebook: un producto de consumo masivo capaz de generar retornos rápidos y enormes”, sostiene. Y añade: “Aprendí que es muy difícil encontrar inversores que equilibren impacto real y rentabilidad; y que hay que filtrar activamente a los inversores y buscar socios que comprendan que devolver un derecho humano fundamental como la comunicación tiene un valor inmenso”.

En esta línea, reconoce que el acceso al capital ha cambiado drásticamente. “Hace cinco años, el ecosistema startup estaba inundado de dinero barato, valoraciones altísimas y una mentalidad de crecimiento a cualquier costo. Muchos inversores perseguían más el entusiasmo que la sustancia. Hoy el mercado es mucho más racional. El foco volvió a los fundamentos sólidos, la economía unitaria y los ingresos reales. Para una empresa de impacto como Livox, este cambio es positivo. Nunca tuvimos el lujo de quemar millones en métricas vacías; siempre tuvimos que construir un negocio sostenible y eficiente desde el primer día. Aunque hoy recaudar inversión es más difícil y lento, las conversaciones están mucho más conectadas con la realidad. La era de los unicornios inflados y deficitarios está desapareciendo, y los inversores vuelven a valorar empresas que resuelven problemas reales”, indica.

Los retos a futuro

Actualmente, la principal fuente de ingresos de Livox procede de contratos institucionales con administraciones públicas, centros educativos y clínicas de rehabilitación, complementados por suscripciones directas de usuarios y familias. “Se trata de un modelo híbrido que combina el negocio B2G (business to government), el B2B y el canal directo al consumidor”, desvela.

La estrategia tiene una doble ventaja. Por un lado, permite que la tecnología llegue a quienes la necesitan a través de sistemas públicos de salud y educación. Por otro, genera una fuente de ingresos recurrente que garantiza la sostenibilidad del proyecto. Paralelamente, la compañía recurre a subvenciones de innovación para financiar proyectos de investigación y desarrollo sin diluir capital. Entre ellos destaca una colaboración con Finep, la agencia brasileña de innovación. “Nuestras ventas sostienen las operaciones diarias y las iniciativas sociales, mientras que las subvenciones aceleran nuestra evolución tecnológica”, explica Pereira.

El futuro de Livox pasa, inevitablemente, por la inteligencia artificial. La compañía ya trabaja en nuevas funcionalidades basadas en modelos de lenguaje específicamente diseñados para la comunicación asistida y planea reforzar su presencia en los mercados hispanohablantes. Para Pereira, la expansión internacional exige mucho más que una simple traducción de contenidos. Requiere comprender las particularidades culturales y lingüísticas de cada región e integrarlas en la experiencia de usuario.

Esta apuesta conecta con una tendencia más amplia que, a su juicio, marcará el rumbo de la inversión tecnológica durante los próximos años. “La inteligencia artificial aplicada a la salud y la accesibilidad atraerá gran parte del capital”, pronostica. El envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades neurodegenerativas y la necesidad de integrar a personas neurodivergentes en las aulas y en el mercado laboral están impulsando una demanda creciente de herramientas que permitan ganar autonomía. “Las herramientas que mejoren directamente la independencia de los pacientes y reduzcan la presión sobre los sistemas de cuidado ofrecerán tanto altos retornos financieros como valor humano permanente”, indica.

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