Forbes España refuerza su liderazgo con el lanzamiento de Forbes Health
Health

Alan Milburn (NHS): “Necesitamos una relación más estratégica entre Estados e industria para alinear desarrollo clínico y costes”

El exsecretario de Estado de Sanidad de Reino Unido sostiene que tenemos que avanzar hacia un modelo basado en valor donde los datos y los resultados se evalúan con más rigurosidad y donde definamos de forma proactiva en qué áreas terapéuticas queremos invertir en vez de dejar que el mercado innove “y luego decidimos si financiamos o no”.

Allan Milburn, exsecretario de Estado de Sanidad de Reino Unido.

Los sistemas sanitarios de todo el mundo parecen estar atrapados en una paradoja en la que más inversión, no necesariamente arroja mejores resultados. Lejos de recetas simplistas, los expertos sostienen que la fórmula de llegar a una sostenibilidad financiera de los sistemas es avanzar hacia un modelo de prevención predictiva. Una de las voces que defiende esta transformación es Alan Milburn, exsecretario de Estado de Sanidad del Reino Unido en el Gobierno de Tony Blair. Actualmente, es asesor del Primer Ministro británico para asuntos de sanidad y uno de los arquitectos de reformas clave en el National Health Service (NHS).

Milburn, que interviene este jueves en el Forbes Healthcare Summit 2026, analiza para este medio los desafíos estructurales que amenazan la sostenibilidad del modelo y desvela dónde están hoy en día los mayores márgenes de eficiencia en sistemas como el español. Defiende que la sanidad ya no es solo un pilar del bienestar, sino un factor crítico de crecimiento económico. Y lanza un mensaje claro a los líderes: “el futuro no depende de gastar más, sino de cómo se decide cambiar el sistema hoy para impactar en los pacientes y en la economía mañana”.

Las grandes fuerzas que están tensionando los sistemas (envejecimiento, cronicidad, presión financiera…) son comunes a Europa, EE. UU. o Asia. ¿Estamos ante una crisis global de modelo sanitario o una oportunidad para redefinir la sanidad como motor de crecimiento económico y cohesión social?

Este es un momento de transformación en el que el modelo actual, por un montón de razones —demográficas, sociales, actitudinales y tecnológicas— es insostenible. Es algo que tiene que cambiar. Y creo que, si eres optimista —y si has estado en política debes ser optimista—, ves que la transformación crea oportunidades para cambiar.

En este momento, lo que eso requiere es liderazgo. Porque ahora la salud se está convirtiendo en un inhibidor del crecimiento económico: tenemos a muchas personas que no pueden participar en el mercado laboral debido a problemas de salud mental o física.

Eso actúa como un ancla en el nivel de crecimiento y productividad económica. Por lo tanto, el sistema de salud tiene la obligación de revertir esa tendencia, no solo por el beneficio de los individuos, sino también por el de la economía en su conjunto. Esto significa que la sanidad tiene que adoptar una visión más amplia de su misión, asegurando que las personas, especialmente los jóvenes, puedan participar en el mercado laboral.

En este panorama global, ocurre que muchos países aumentan el gasto sanitario sin lograr mejores resultados. ¿Qué distingue a los sistemas que realmente transforman su modelo de aquellos que solo lo financian?

La única forma de llegar a una sostenibilidad financiera en los modelos de salud y apoyo público es preparar ese viaje para navegar hacia un modelo de prevención predictiva. Eso significa pensar en cómo el modelo debe ser organizado, cómo va a ser financiado y cuántos jugadores van a estar involucrados como participantes en el modelo de salud.

Hay muy pocos países que están mirando hacia adelante de esa manera. La mayoría están en el modelo actual y encuentran muy difícil aplicar diferentes líneas en cuanto a cómo piensan hacer reformas de salud.

Para mí, se trata de cómo actuar hoy para manejar los cambios tecnológicos que estamos viviendo y que van a beneficiar a los pacientes mañana. Y esos cambios están, en gran medida, relacionados con la ciencia genética y la analítica de datos.

Reino Unido, a través del National Health Service, ha experimentado reformas orientadas a la eficiencia y la medición de resultados. ¿Qué aprendizajes concretos podrían trasladarse a España?

Las lecciones específicas tienen que ver con un cambio de mentalidad. Lo más fácil de medir en salud es la actividad: cuántos pacientes se atienden. Pero lo más difícil de medir es el beneficio, el resultado que se ofrece al paciente. Es decir, no solo si está bien, sino si puede sobrevivir y mejorar su vida.

Esta disciplina de medir resultados a nivel del paciente es cada vez más importante. Y a nivel de sistemas lo es aún más, porque los recursos son cada vez más limitados y la demanda aumenta. Por lo tanto, tenemos que avanzar hacia un modelo basado en valor, donde evaluamos mucho más rigurosamente los resultados y los datos. Esto permite identificar qué intervenciones generan beneficios clínicos y financieros y cuáles no. Es una manera diferente de pensar la salud: cómo garantizar el máximo beneficio a través de un enfoque centrado en resultados.

La innovación terapéutica de alto impacto es uno de los factores que está tensionando los presupuestos públicos. ¿Cómo equilibrar acceso rápido a la innovación con sostenibilidad financiera?

Siempre es un equilibrio muy difícil de lograr. Si lo dejamos al mercado, nunca se alcanzará y el sistema será financieramente insostenible. Pero si el único criterio es financiero, puede haber consecuencias adversas. Lo importante es encontrar el equilibrio correcto. Hace casi 30 años, cuando introdujimos el Instituto Nacional de Excelencia Clínica, intentábamos precisamente eso: evaluar nuevas terapias tanto por su efectividad clínica como por su coste-efectividad. Eso ha permitido que muchas terapias lleguen al sistema para beneficiar a los pacientes. Pero no hemos logrado gestionar las consecuencias plenamente: cuando entran nuevas terapias, las menos efectivas deberían salir. Ese es el siguiente paso.

España debate actualmente su Ley del Medicamento. Desde su experiencia, ¿qué errores deberían evitarse en la regulación para no frenar la innovación ni generar inequidades en el acceso?

Es muy importante entender que esto no puede dejarse simplemente al mercado. Tiene que haber un proceso adecuado de evaluación para asegurar que las terapias efectivas e innovadoras que producen mejores resultados sean financiadas, y que las que no demuestran beneficios no lo sean. Esto implica una relación compleja entre el sistema público y la industria farmacéutica y tecnológica. Pero estamos en un momento en el que esa relación debe ser más equilibrada y proactiva.

Es sorprendente que en sistemas públicos como los de España o Reino Unido no definamos de forma proactiva en qué áreas terapéuticas queremos invertir. En su lugar, dejamos que el mercado innove y luego decidimos si financiamos o no. Necesitamos una relación más estratégica entre Estados e industria para alinear desarrollo clínico y costes.

En la recta final de ejecución de los fondos europeos, ¿qué prioridades deberían marcarse para garantizar un verdadero retorno en términos de transformación del sistema sanitario?

Los desarrollos tecnológicos serán los más impactantes: inteligencia artificial, avances en ciencia genética, robótica… Todos ellos ya están teniendo impacto y lo tendrán de forma exponencial en el futuro. Necesitamos inversiones para asegurar que estas tecnologías beneficien al máximo a los pacientes, independientemente de su origen, y para abordar las desigualdades en el acceso. El Estado tiene un papel crítico para asegurar que los recursos se utilicen correctamente y que el sistema público pueda aprovechar estas tecnologías que transformarán la salud.

¿Dónde cree que está hoy el mayor margen de eficiencia en sistemas como el español?

Hay dos o tres áreas clave. La primera es una evaluación rigurosa de qué intervenciones generan mejores resultados. La ciencia de resultados no está suficientemente desarrollada en muchos sistemas de salud, y necesitamos enfocarnos más en el valor.

La segunda es el personal. Es el recurso más importante en cualquier sistema sanitario. Sabemos que hay mucho margen para mejorar la productividad y el rendimiento. Por ejemplo, las tasas de absentismo en el sistema británico son más del doble que en el sector privado, y reducirlas tendría un gran impacto.

La tercera es la productividad del sistema en su conjunto. Sabemos que una mayor digitalización mejora la productividad en todos los sectores, y la falta de digitalización es una de las razones por las que los sistemas de salud tienen dificultades en este ámbito.

Artículos relacionados