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Sabor a mar y café

La cocina tica vive hoy su momento de mayor esplendor, impulsada tanto por la fortaleza de su tradición como por una nueva generación de cocineros que ha redescubierto el producto local con infinitas interpretaciones.

Para la cultura bribri, el cacao es un alimento sagrado. Foto: Instituto Costarricence de Turismo / Getty Images.

No hay mejor espejo de un país que los platos que lo alimentan. Y en el caso de Costa Rica, con más razón aún. Su peculiar gastronomía conecta directamente con el producto, con las manos que lo cultivan o lo pescan, y con una cultura que ha hecho de la proximidad y la mezcla de herencias una forma más de expresión. El gallo pinto, el casado o el ceviche siguen ahí, ocupando el centro de la dieta y del imaginario nacional. Aunque Costa Rica no es una, son muchas. La cocina del Caribe Sur introduce un registro radicalmente distinto a la del Pacífico: más especiado, más sincopado, marcado por una herencia afrodescendiente y jamaicana que llegó con los trabajadores del ferrocarril y decidió quedarse para siempre. El patí y el rice and beans forman parte de esa fusión cultural que ha enriquecido la gastronomía nacional, mientras que el rondón sintetiza ese mestizaje con orgullo.

Y en el centro de todo, las sodas. Presentes en cada pueblo, cruce de carretera y barrio del país, estos pequeños restaurantes familiares continúan siendo el mejor lugar para entender la cocina cotidiana costarricense. Forman parte de la arquitectura cultural del país con su cocina accesible, sin artificios ni grandes relatos.

Pero la cocina más tradicional convive hoy con propuestas que reinterpretan estos códigos desde una mirada contemporánea. Los nuevos chefs ya no se conforman con reproducir lo de siempre, sino que buscan nuevas maneras de impresionar a los visitantes. El mejor escaparate urbano de ese proceso está en San José —y más concretamente en Barrio Escalante—, convertido en los últimos años en el corazón gastronómico de la capital, donde conviven restaurantes, cafeterías de especialidad, galerías y espacios híbridos donde se reinterpreta la cocina costarricense desde perspectivas contemporáneas, ancestrales y de fusión, incorporando vínculos directos con productores locales.

El propio Plan Nacional de la Gastronomía Costarricense Sostenible y Saludable parte exactamente de esa lógica: consolidar una gastronomía con identidad real.

De lo que se trata es de mantener la apuesta por el producto local y estacional, el aprovechamiento de especies nativas y la incorporación de innovación sin perder la esencia. Por eso el concepto internacional de farm to table encaja tan bien en Costa Rica. La cercanía entre zonas agrícolas, regiones cafeteras, litorales pesqueros y centros urbanos hace casi inevitable una excelente cocina pegada al territorio, honesta con su geografía, con precios justos y, siempre, proveedores responsables.

El respeto por la tradición y el producto de cercanía definen la cocina tica.

Y si hay un producto capaz de condensar la historia de Costa Rica, ese es el café. Su cultivo comenzó a expandirse a finales del siglo XVIII y a mediados del XIX ya se había consolidado como uno de los principales productos de exportación del país. El cuidado casi obsesivo con que se trata cada etapa del proceso forma parte de una herencia que sigue viva en regiones como Valle Central, Oeste, Tarrazú, Tres Ríos, Orosí y Brunca, donde los suelos volcánicos y la altitud han contribuido a su éxito. Tanto, que esos cultivos se han convertido también en una experiencia turística de primer orden. Las haciendas y fincas abren sus puertas para mostrar el proceso íntegro, desde la plantación y la recolección manual del grano rojo hasta el tostado y la preparación final en taza.

En paralelo, los mercados gastronómicos y agrícolas de San José o Heredia actúan como espacios de mediación donde chefs, productores y consumidores intercambian tradición, producto fresco y reinterpretación contemporánea sin nostalgia impostada ni modernidad de escaparate.

Los emblemas gastro de Costa Rica

Gallo pinto

Más que un plato, es un símbolo nacional. Esta mezcla de arroz y frijoles salteados, normalmente con cebolla, pimiento y cilantro ocupa un lugar central en el desayuno costarricense. Suele servirse con huevos, plátano maduro, natilla, pan o tortillas, y casi siempre acompañado de café. Y resume muy bien la lógica de la cocina tica: ingredientes sencillos y producto doméstico. En la costa caribeña existe una variante propia, el rice and beans, cocinado con leche de coco y especias.

Casado

Es el almuerzo nacional por excelencia y suele incluir arroz blanco, frijoles, carne o pescado, ensalada y plátano frito, aunque admite variantes según la zona y la casa. Representa la cocina popular servida sin artificio, especialmente en las sodas, esos restaurantes familiares que siguen siendo uno de los grandes espacios de socialización del país. No responde a una receta cerrada, sino abierta a la improvisación, y es típico en todo el territorio.

Ceviche

Preparado con pescado o marisco marinado en cítricos, su presencia es especialmente fuerte en la costa del Pacífico, donde el producto fresco es uno de los grandes activos culinarios del país. Es frecuente encontrarlo en versiones sencillas, servido en marisquerías o mercados, pero también en lecturas más refinadas dentro de la nueva cocina costarricense. Puede comerse a cualquier hora como entrante o comida ligera.

Rondón caribeño

Esta sopa de pescado o marisco con plátano verde, tubérculos, chiles y leche de coco resume una historia de mestizaje en la que confluyen herencias africanas, jamaicanas e indígenas. Es típico de la provincia de Limón, de la franja caribeña, donde se asocia a una cocina más especiada, aromática y profundamente conectada con el coco, el marisco y los productos tropicales. Suele consumirse como plato principal, especialmente en el almuerzo, e introduce en el mapa gastronómico del país un registro distinto al del Valle Central: más intenso, más mestizo y estrechamente vinculado al litoral y a la cultura afrocaribeña.

Patí

Una empanadilla o pastel salado relleno de carne especiada y chile, descendiente de las patties jamaicanas. No solo es uno de los alimentos más característicos del Caribe costarricense, sino también un símbolo claro del mestizaje cultural que define a esa región. Es típico de Limón y del Caribe Sur, y suele comerse como tentempié, comida rápida o merienda salada en puestos.

En Barrio Escalante, restaurantes como Sikwa, del chef Pablo Bonilla, o espacios como Franco, Apotecario o la Cafeoteca reinterpretan los platos tradicionales.

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