“La competitividad es producir o dejar de producir, es tener futuro o no.” La frase de César Moñux, presidente y director general de Michelin España y Portugal, resume quizá mejor que ninguna otra el pulso de una mañana dedicada a mirar de frente la economía real: la que necesita energía para funcionar, industria para crecer, capital para invertir, talento para transformarse y reglas capaces de acompañar –no de frenar– ese movimiento. En la tercera jornada del Forbes Economic Summit 2026, empresas y expertos han puesto sobre la mesa las piezas de un mismo desafío: convertir las fortalezas de España en productividad, competitividad y autonomía estratégica.
La jornada, celebrada en Forbes House con el apoyo de Accenture, Árima, ARK Architects, AstraZeneca, Bristol Myers Squibb, Cepa 21, Chiesi, DXC, Endesa, ENGIE, Factorial, KPMG, Línea Directa Aseguradora, MasOrange, Michelin, Naturgy, NTT Data, Pascual, Philip Morris España, Seidor, T-Systems y Verisure, ha reunido a representantes de la empresa, la industria, la energía, las infraestructuras y las finanzas para abordar una pregunta que ha atravesado buena parte de las conversaciones: cómo hacer que el crecimiento se traduzca en una economía más productiva y preparada para un mundo cada vez más exigente.
La tercera jornada arrancó con Marta Jaumandreu y la intervención editorial de Ignacio Quintana, antes de entrar de lleno en uno de los grandes asuntos de la economía española: la productividad. En conversación con la economista y directora de Proyectos Internacionales del IVIE además de catedrática de Análisis Económicos en la Universidad de Valencia,Matilde Mas Ivars, el presidente del Círculo de Empresarios, Juan María Nin, dibujó un diagnóstico que combina avances y preocupación. España ha crecido con fuerza desde 2019, pero la mejora de la productividad todavía no permite hablar, a su juicio, de un cambio estructural consolidado. “En el mundo de la empresa las cosas se ven como aprobado raspado”, resumió.
Nin puso además el foco en uno de los problemas que, a su juicio, lastra la capacidad de crecimiento: el hecho de que el aumento de la actividad no tenga siempre el mismo impacto sobre empresas y hogares. Según los datos que manejó durante la conversación, seis de cada diez empresas del Círculo consideran que el crecimiento está teniendo un impacto reducido sobre hogares y compañías. También cargó contra el absentismo injustificado, al que vinculó directamente con la productividad y con la carga que soportan los compañeros de quienes se ausentan. “El absentista profesional incurre en una falta gravísima respecto a sus compañeros de trabajo, que absorben su vagancia”, afirmó.
La discusión con Mas introdujo otra de las claves de la mañana: el tamaño no puede convertirse en un objetivo en sí mismo. “No queremos que todas las empresas sean grandes, queremos que todas las empresas que sean productivas puedan crecer”, defendió Mas, que reclamó que las políticas públicas permitan expandirse a las compañías productivas en lugar de premiar simplemente su dimensión. Nin añadió otra pieza al diagnóstico: España necesita más inversión en intangibles, conocimiento, organización, formación e innovación. Y cerró con una fórmula tan sencilla como ambiciosa: “Educación, educación y educación”.
La IA cambia las reglas de la competitividad
La conversación dio paso a Mercedes Oblanca, presidenta y CEO de Accenture España y Portugal, que situó la productividad en el centro de la transformación tecnológica. Europa, explicó, necesita ganar agilidad, simplificar y acelerar la inversión en innovación frente a unos Estados Unidos que incorporan tecnología a gran velocidad y una Asia que está construyendo plataformas industriales y cadenas de valor cada vez más integradas.
En España, Oblanca puso el acento en una paradoja: existe talento y capacidad, pero persiste un desajuste entre las personas que buscan empleo y las capacidades que necesitan las empresas. La respuesta pasa por formar y recualificar. Y, en plena revolución de la inteligencia artificial, dejó una de las ideas más claras de su intervención: “Invertir en personas igual o más que lo que inviertes en tecnología.” La IA, sostuvo, no debería limitarse a automatizar pequeñas tareas, sino transformar procesos completos, democratizar el conocimiento y romper silos dentro de las organizaciones.
También reclamó una mirada distinta sobre el liderazgo en un contexto marcado por la incertidumbre. “La constante es la incertidumbre, la constante es la complejidad”, señaló, antes de reivindicar la templanza y la sabiduría como atributos necesarios para dirigir en este nuevo escenario. Su conclusión fue de fondo: “El futuro lo vamos a construir nosotros, no viene dado.”
Esa transformación tecnológica tuvo después una traducción concreta en las telecomunicaciones. Meinrad Spenger, CEO de MasOrange, recordó la dimensión española del grupo –presente en 26 países y con España como segundo mercado tras Francia– y situó una de sus prioridades en revertir una larga etapa de pérdida de ingresos del sector. “Una espina clavada o una misión incumplida todavía mía es asegurar que demos la vuelta al sector de telecomunicaciones”, afirmó.
Spenger defendió que España parte de una posición de liderazgo europeo en conectividad, pero que la siguiente etapa pasa por ir mucho más allá de conectar: ciberseguridad, cloud, nube soberana, internet de las cosas e inteligencia artificial forman ya parte del nuevo perímetro de las compañías de telecomunicaciones. También alertó del desafío que plantea la velocidad de adopción de la IA y reclamó formación para todos los equipos: “Tenemos que formarnos, entrenarnos y que todos nuestros equipos estén preparados para participar en estos cambios”. En un momento en el que la seguridad digital gana peso económico y estratégico, resumió su filosofía con una idea atribuida por él a Peter Drucker: “La mejor forma de predecir el futuro es co-crearla.”
De la tecnología al producto: la industria toma el relevo
Si la tecnología está cambiando la economía, la industria es el lugar donde esa transformación se convierte en producto. César Moñux, al frente de Michelin España y Portugal, lo expresó sin rodeos: “Toda competitividad comienza por el producto.” Después vienen la excelencia operativa, la automatización, la robótica, la digitalización y la inteligencia artificial, pero el punto de partida sigue siendo aquello que una economía es capaz de fabricar y vender.
Moñux reivindicó además el papel de la industria como generadora de empleo cualificado y cohesión social. “Las fábricas son universidades de vida”, afirmó, antes de defender que la industria es también creadora de una clase media que vertebra la sociedad. En plena transformación del automóvil, describió el vehículo del futuro como un “gran ordenador sobre cuatro ruedas”, en el que las baterías, el software y la tecnología están cambiando por completo la cadena de valor.
El presidente de Michelin volvió asimismo sobre uno de los asuntos que había aparecido antes en la jornada: el absentismo. “El absentismo es mucho más que un problema de bajas o de ausencias, es un problema de salud, pero es un problema de sociedad, es un problema de economía”, señaló, después de apuntar que en los últimos ocho años su incidencia se ha duplicado, según su experiencia y los datos que manejó durante la intervención.
El cuello de botella está en la ejecución
La conversación abandonó entonces la empresa individual para mirar el sistema completo. En la mesa sobre industria, energía y movilidad, Roberto G. Merino, CEO de Redeia; Loreto Ordóñez, CEO de ENGIE; y Alberto de Aza, CEO de BYD Iberia, con Carlos Ballesteros, director general de ANESE, como moderador, coincidieron en que España dispone de activos extraordinarios, pero necesita convertirlos en actividad económica.
Merino puso cifras al esfuerzo inversor de Redeia: “Hemos multiplicado por cuatro en cuatro años la inversión en REDEIA”, explicó, dentro de un plan que contempla más de 7.000 millones de euros para la red de transporte entre 2025 y 2030. El problema, dijo, no está tanto en la capacidad física de la red como en la velocidad de ejecución y en los plazos administrativos. “No es un problema de redes, sino de ejecución”, afirmó. Y reclamó agilizar unas tramitaciones que pueden convertirse en el cuello de botella de una transición energética que necesita nuevas infraestructuras.
Ordóñez puso el foco en el siguiente paso: conseguir que la ventaja renovable de España se convierta en ventaja industrial. “Necesitamos que toda la generación renovable se aproxime cada vez más a la industria”, defendió. El país ha construido durante las últimas dos décadas un círculo virtuoso alrededor del sol, el viento, la inversión y el conocimiento, pero ahora toca trasladar ese liderazgo al tejido productivo. “Nos falta que la competitividad en energía lo traslademos a la industria”, resumió.
Para conseguirlo, la CEO de ENGIE reclamó previsibilidad, precios competitivos y un marco capaz de atraer inversión. “Un industrial se descarboniza si ve retorno, si el precio es asequible”, explicó, mientras defendía instrumentos como los contratos de compraventa de energía a largo plazo para dar visibilidad a las empresas.
Desde el automóvil, Alberto de Aza dibujó una transformación de una dimensión histórica: “Nuestro sector está inmerso en una transformación que no hemos vivido en los últimos cien años”. La electrificación avanza en España, aunque persisten dos grandes barreras para el consumidor, el precio y la recarga. Y, según sus datos, la diferencia de costes entre los fabricantes europeos y los nuevos competidores asiáticos constituye uno de los grandes retos industriales.
De Aza insistió en que España no debería limitarse a ensamblar vehículos, sino aspirar a capturar toda la cadena de valor: baterías, fábricas, tecnología y componentes. “No nos podemos conformar con ensamblar coches”, señaló. La posición geográfica, los puertos, el tejido industrial y las renovables ofrecen, a su juicio, una oportunidad para atraer nuevas inversiones, siempre que se acompañen de mejoras administrativas y regulatorias.
Energía, industria y movilidad: convertir las fortalezas en inversión
Sobre ese mismo tablero, aunque con una perspectiva más transversal, Juanjo Cano, presidente y CEO de KPMG España, colocó una palabra que resume buena parte de la jornada: autonomía estratégica. “Transformación, competitividad, con autonomía estratégica”, planteó al ordenar los cinco grandes ejes que, a su juicio, deben sostener la competitividad española: energía; industria y defensa; soberanía digital; integración del mercado de capitales; y simplificación normativa. El talento, añadió, atraviesa todos ellos.
Su diagnóstico conecta energía, industria y tecnología con una nueva realidad geopolítica. La transición energética debe avanzar sin perder competitividad; Europa necesita reducir dependencias industriales y tecnológicas; y España tiene la oportunidad de aprovechar sus renovables, sus infraestructuras y sus grandes empresas para impulsar centros de datos e industria digital.
Pero Cano fue especialmente contundente al hablar de defensa. “La defensa está fuera de duda, es una prioridad y necesitamos dejar de tener toda la capacidad delegada”, afirmó. Y advirtió de que el nuevo escenario internacional exige asumir que la tecnología, la industria y la seguridad están cada vez más entrelazadas. “Yo creo que las guerras ya han venido para quedarse”, sostuvo, al describir un mundo de conflictos híbridos en el que la innovación tecnológica ocupa un papel central.
Autonomía estratégica: la economía entra en una nueva era
De la productividad a la industria, de la energía a la inteligencia artificial, de las redes a la defensa, las intervenciones de esta primera parte de la tercera jornada han terminado dibujando un mismo mapa. España tiene buena parte de las piezas: talento, renovables, infraestructuras, industria y empresas capaces de competir. El desafío está en conectarlas, financiarlas y hacer que funcionen a la velocidad que exige el nuevo escenario. Y, sobre todo, en que esa transformación no se quede en tecnología o inversión, sino que termine convirtiéndose en algo mucho más tangible: productividad, empleo, industria y prosperidad.“La productividad es fundamental”
Íñigo Martos, CEO de Deutsche Bank España, conversó con Beatriz Triguero, redactora jefa de Economía de Forbes España, sobre una de las asignaturas que atraviesa toda la jornada: la productividad. “La productividad es fundamental y es lo que la economía española necesita imperiosamente”, afirmó.
Para Martos, mejorarla exige actuar sobre varios frentes a la vez: regulación, fiscalidad, mercado laboral, financiación y capacidad de inversión. Y Europa, pese a sus dificultades, conserva atractivo. Según una encuesta de Deutsche Bank entre 1.200 líderes empresariales de 13 países, el 35% sitúa a Europa como el primer bloque económico y el 90% la coloca entre los tres primeros. Además, el 80% de quienes ya invierten en Europa prevé aumentar sus inversiones.
El problema, apuntó, es que Europa sigue exportando una parte importante de su ahorro. “Necesitamos simplificar, unificar a nivel europeo”, defendió, incluso aunque eso implique “una cesión parcial de soberanía” para reducir la complejidad administrativa.
También reclamó una mejor conexión entre ahorro e inversión. España y Europa ahorran más que Estados Unidos, pero ese capital no siempre encuentra aquí oportunidades suficientes. En España, recordó, la banca aporta alrededor del 70% de la financiación empresarial, mientras los mercados de capitales concentran el 30%, fundamentalmente en grandes compañías. Para un tejido dominado por pymes, ampliar las vías de financiación resulta decisivo.
El nuevo lujo es tener tiempo
Llegando a la mitad de la jornada, la conversación cambió de escenario, pero no de fondo. Antonio Ruiz, CMO & PR de ARK Architects, y Ramiro Iglesias, CEO de Crescenta, abordaron junto a Noelia García, subdirectora de Comunicación de SpainMedia, la evolución del real estate, la arquitectura y la inversión.
Y Ruiz dejó una de las frases más gráficas de la jornada: “¿Sabes este alto nivel lo que quiere? Vivir despacio. Ese es el lujo hoy en día.”
Dormir bien, tener tiempo, estar cerca de la naturaleza y disfrutar de la familia son, explicó, atributos que hoy pesan tanto como el diseño o la superficie. “El estilo de vida mediterráneo no falla, de verdad, no falla”, sostuvo, convencido de que España tiene una oportunidad singular para atraer no solo visitantes, sino también personas que quieran vivir, trabajar y emprender.
Iglesias puso el foco en la otra cara de esa ecuación: la inversión. La tecnología, la regulación y los nuevos vehículos están ampliando el acceso del inversor minorista al real estate y a otros activos. “Si no invierto, estoy muerto; si no invierto, la inflación me come mi ahorro”, resumió.
La sostenibilidad, añadió, ya no es un complemento estético, sino una condición para preservar el valor de los activos a largo plazo.
Comprar seguridad antes de necesitarla
El siguiente paso llevó la conversación a un terreno menos visible, pero esencial. Daniel Tugues, CEO de Veolia España, conversó con Germán Granda, director general de Forética, sobre seguridad ambiental, agua, energía, residuos e infraestructuras críticas.
“La seguridad hay que desarrollarla y ponerla al día”, afirmó Tugues. Y planteó un cambio de paradigma: la seguridad ecológica forma parte de la seguridad económica.
Su mejor ejemplo fue el de Barcelona. Hace unos 20 años, ante una gran sequía, se construyó una planta desalinizadora. Cuando la instalación no se utilizaba, hubo quien cuestionó la inversión. “No, no, es que no has comprado agua, has comprado seguridad”, recordó.
La frase resume una idea que se repitió durante esta parte de la jornada: muchas de las inversiones más importantes son precisamente aquellas cuyo valor se descubre cuando dejan de ser opcionales.
Tugues reclamó más infraestructuras de agua y mantenimiento de las existentes, pero también certidumbre institucional para que las empresas puedan acometer proyectos de largo plazo. Y reivindicó una colaboración público-privada en la que cada parte desempeñe su papel: “El regulador define el estándar de servicio” y el operador aporta “tecnología, know-how de gestión, capacidad de inversión”.
España, concluyó, tiene capacidades y talento. Lo que falta es hacerse cargo de ellas. “España ya está a la altura. Le faltaría, yo diría, hacerse cargo. Hacerse cargo.”
La economía española crece, pero la vivienda aprieta
Desde una perspectiva institucional, Soledad Núñez, subgobernadora del Banco de España, puso cifras a algunos de los principales retos de la economía. La confianza de los consumidores ha mejorado y la actividad vinculada a la inteligencia artificial ya empieza a reflejarse en servicios digitales, inversión empresarial y exportaciones. Pero la inflación sigue siendo un foco de atención: en palabras de Núñez, “la economía española va mejor que Europa pero la inflación va peor”.
El problema de la vivienda ocupó un lugar central. Según explicó, desde 2021 se ha acumulado un déficit estimado de unas 750.000 viviendas, que podría aumentar en otras 300.000 entre 2026 y 2028, acercando el desfase al millón de viviendas.
Núñez subrayó, no obstante, que la situación no presenta las mismas características que la crisis financiera de 2008: los estándares hipotecarios son más prudentes, el endeudamiento de los hogares se encuentra por debajo de la media de la eurozona y la banca mantiene niveles elevados de solvencia y liquidez.
Su diagnóstico sobre el papel de las entidades financieras fue claro: “El sector financiero no es un fin en sí mismo. Su función esencial es canalizar el ahorro hacia la inversión productiva y financiar la economía real.”
Que el ahorro no se marche y las empresas puedan crecer
La última conversación de la jornada reunió a Alejandra Kindelán, presidenta de la Asociación Española de Banca (AEB), y Ángela de Miguel, presidenta de CEPYME, con Bárbara Manrique de Lara, directora editorial de Forbes Summit.
Kindelán situó el debate en la necesidad de movilizar capital. El crédito a las empresas españolas se encuentra en máximos de la última década, pero Europa necesita movilizar nuevas fuentes de financiación para afrontar sus inversiones. “Se nos están yendo 300.000 millones de ahorro europeo a Estados Unidos todos los años. Necesitamos retener ese ahorro en Europa”, señaló.
No se trata, defendió, de elegir entre banca y mercados de capitales: “No es mercados o banca, es todo, es que lo necesitamos todo.” Un ecosistema financiero más profundo debe combinar bancos, capital riesgo, business angels, private equity, mercados y financiación pública.
De Miguel llevó la discusión hasta el corazón del tejido empresarial. Las pymes españolas tienen dificultades para ganar tamaño y una parte importante de sus necesidades de financiación sigue vinculada al circulante, mientras la inversión en innovación continúa siendo reducida.
Su diagnóstico fue directo: “Hay que eliminar los obstáculos burocráticos que impiden que la empresa española crezca al ritmo europeo.”
El llamado efecto del trabajador número 50 volvió a aparecer en la conversación, junto a la falta de talento, las dificultades para acceder a financiación y, de forma especialmente significativa, la falta de capacidad eléctrica para ampliar determinadas instalaciones. “Tenemos muchos proyectos de ampliaciones parados porque no hay potencia eléctrica suficiente para esa nueva ampliación”, explicó. Y dejó una idea que resume buena parte de la conversación: “Lo que necesitamos es un ecosistema que permita a las empresas crecer.”
Kindelán recogió el guante: “Lo que dice Ángela es la columna vertebral de la capacidad de desarrollo y de crecimiento y de progreso de nuestro país, o sea, son las empresas, su capacidad de crecer.”
Ahí terminó la jornada. Después de cinco horas de conversaciones, la transformación volvió a su punto de partida: las empresas, las personas y la capacidad de convertir las fortalezas del país en actividad. Porque entre una economía que tiene recursos y una economía que consigue hacerlos crecer hay un territorio decisivo: el capital, la ejecución y las condiciones para que quien puede invertir encuentre razones para hacerlo aquí.

