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Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria del Gobierno de España: “La siguiente ola es China y no hay que cerrarse ni dejarse conquistar, sino subirse a la ola”

El secretario de Estado de Industria defiende una política industrial europea que combine autonomía estratégica y apertura al exterior, y reivindica la inversión china como una oportunidad si genera actividad, tecnología y empleo en España.

Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria del Gobierno de España en el Forbes Economic Summit 2026

España y Europa afrontan un nuevo escenario industrial marcado por la transición energética, la revolución digital, la inteligencia artificial y una creciente necesidad de autonomía estratégica. En este contexto, Jordi García Brustenga, secretario de Estado de Industria del Gobierno de España, ha defendido hoy en Forbes House la necesidad de encontrar un equilibrio entre proteger las capacidades industriales propias y mantener abierta la economía a la inversión y a las cadenas globales de valor.

En el marco del Forbes Economic Summit 2026, que se celebra bajo el lema “España, a la altura de su futuro”, Brustenga ha situado la política industrial, el mercado único europeo y la capacidad de atraer inversión como algunos de los elementos determinantes para afrontar esta nueva etapa.

La siguiente ola es China y no hay ni cerrarse ni dejarse conquistar, sino subirse a la ola”, ha señalado el secretario de Estado, al abordar la creciente presencia de capital y empresas chinas en sectores estratégicos como la automoción, las baterías, la robótica o la energía eólica.

Para Brustenga, España debe aprovechar su posición dentro de Europa para participar en esa transformación. El objetivo, ha explicado, no pasa únicamente por atraer capital extranjero, sino por conseguir que las inversiones tengan huella industrial, tecnológica y de empleo en el país.

Una industria con dirección y recursos

El secretario de Estado ha resumido el reto industrial español en tres grandes conceptos: dirección y recursos para transformar la economía, equilibrio entre apertura y protección y certidumbre para empresas e inversores.

La primera cuestión pasa por mantener una dirección clara en las grandes transformaciones que están modificando la industria. Brustenga ha situado en este recorrido la descarbonización, la economía circular y la transformación energética, a las que ahora se suma una nueva fase de digitalización impulsada por la inteligencia artificial.

A ello añade una tercera dimensión: la autonomía estratégica. La sucesión de conflictos, crisis, aranceles y pandemias ha puesto de manifiesto, según ha explicado, la necesidad de recuperar determinadas capacidades productivas.

“Hay que saber producir lo crítico en el país”, ha defendido.

Ese proceso requiere inversión privada, pero también, en determinados casos, incentivos públicos que acompañen la transformación. Brustenga ha citado como ejemplo los 3.000 millones de euros destinados al vehículo eléctrico y una inversión de algo más de 1.000 millones para la descarbonización de sectores intensivos en energía.

El resultado, ha señalado, es una industria “en obras”, con fábricas y procesos productivos que están pasando de modelos basados en combustibles fósiles a tecnologías eléctricas.

El difícil equilibrio entre abrirse y protegerse

La segunda cuestión es más compleja: hasta dónde debe llegar Europa a la hora de proteger su industria sin aislarla de la economía mundial.

Brustenga ha explicado que España está participando en las conversaciones europeas sobre una nueva legislación de aceleración industrial y ha defendido un modelo que permita establecer distintos grados de protección en función del carácter estratégico de cada producto o tecnología.

El objetivo, ha señalado, sería evitar tanto una apertura sin condiciones como un cierre permanente de los mercados europeos. En su opinión, las relaciones industriales con países como Reino Unido, Turquía, Corea o Canadá muestran precisamente la complejidad de unas cadenas de suministro cada vez más integradas.

“Lo maduro es complejo cuando tenemos que gestionarlo lo más simplificadamente posible”, ha resumido.

En este punto aparece China como uno de los principales retos y, al mismo tiempo, una de las oportunidades para la industria española. El secretario de Estado ha explicado que la inversión china ya tiene una presencia significativa en sectores como la automoción y las baterías, y que puede extenderse a otros ámbitos como la robótica, los componentes o la energía eólica.

La estrategia que plantea España pasa por analizar qué deja cada inversión en el país: producción, tecnología, empleo, proveedores y adaptación a los estándares europeos.

Brustenga ha puesto como ejemplo los primeros casos de inversión china en el automóvil y ha explicado que el Gobierno está estudiando su “huella industrial” y tecnológica, en contacto también con la embajada china.

La cuestión, por tanto, no sería únicamente quién aporta el capital, sino qué capacidad industrial permanece en España y qué impacto tiene sobre el tejido productivo.

Más innovación y una estrategia industrial a largo plazo

La tercera pata de la estrategia pasa por ofrecer consistencia a empresas e inversores. Brustenga ha avanzado que el Gobierno está cerrando este año la Estrategia Industrial Española y ha defendido la necesidad de alcanzar un acuerdo político para sacar adelante una nueva Ley de Industria.

La estrategia, ha explicado, se está elaborando en conversación con el sector privado y con los distintos sectores industriales. Entre los ejemplos ha citado el automóvil y el Plan Auto 2030, que combina medidas para transformar las fábricas con incentivos destinados a impulsar la compra de vehículos eléctricos.

Según los datos aportados durante su intervención, la cuota de vehículos eléctricos y enchufables habría pasado del 8% hace aproximadamente un año y medio al 28% en la actualidad.

Para Brustenga, la transformación industrial no puede limitarse a sustituir una tecnología por otra. También debe elevar la capacidad de innovación de las empresas españolas y situarlas en posiciones de liderazgo en las nuevas cadenas de valor.

La conclusión de su intervención conecta así con la pregunta que vertebra esta edición del Forbes Economic Summit: qué necesita España para estar a la altura de su futuro. Para el secretario de Estado de Industria, la respuesta pasa por tener una dirección industrial clara, movilizar inversión, reforzar la autonomía estratégica sin renunciar a la apertura y convertir las nuevas olas tecnológicas e industriales en capacidad productiva propia.

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