Como muchas mujeres mayores de 40 años, la autora se interesó por la economía de la longevidad. Practicaba entrenamiento de fuerza, llevaba un registro de su consumo de proteínas y fibra y, a principios de ese año, se inscribió en Function Health, donde se sometió a una gran cantidad de análisis clínicos.
Seis meses después, una mañana despertó con unos resultados que revelaban que su colesterol LDL se había reducido a la mitad. Tras tres meses tomando una estatina en dosis bajas recetada por un cardiólogo, y después de años con el colesterol elevado y una tomografía que mostraba una acumulación temprana de placa en las arterias de las piernas, los valores habían mejorado drásticamente. Sin duda, eran buenas noticias.
Sin embargo, la primera persona a la que comunicó esos resultados no fue su marido, ni su hermana, ni su cardiólogo.
Lo primero que hizo fue subir los resultados a Claude.
Allí tenía un proyecto de «salud y bienestar» donde almacenaba años de análisis clínicos, notas de derivación, historial médico, suplementos, altura, peso y rutinas de ejercicio. Cuando recibió los resultados, su primer impulso fue compartirlos con una inteligencia artificial antes que con otra persona. Aunque aquella reacción le pareció extraña e incluso equivocada, también consideró que reflejaba hacia dónde recurren muchas mujeres para comprender su salud y la de sus familias.
Resumen sobre la IA en el sector de la salud
Meses antes de la consulta con el cardiólogo, su médico de cabecera detectó niveles elevados de creatinina y la derivó a un nefrólogo. En lugar de acudir a la cita únicamente con su tarjeta del seguro, subió a Claude los resultados de tres años de análisis clínicos de su historial de One Medical, adjuntó las notas de la derivación y pidió a la herramienta que elaborara un resumen para su próxima consulta con el especialista.
El resultado fue un documento de seis páginas con el contexto clínico, la medicación, los antecedentes familiares, la evolución de los análisis de sangre y cinco preguntas específicas para plantear al nefrólogo. El informe incluía aspectos que nunca habría considerado relevantes por sí misma y preguntas que tampoco se le habrían ocurrido.
Imprimió el documento y acudió a la consulta sintiéndose especialmente preparada, como nunca antes. Estaba convencida de que aquel trabajo impresionaría a su médico.
Sin embargo, el nefrólogo apenas echó un vistazo al informe, hizo un comentario amable sobre su capacidad de organización y, a continuación, revisó sus propias notas, que ya contenían exactamente la misma información. El especialista le explicó que, aunque los análisis parecían preocupantes sobre el papel, su dieta rica en proteínas y sus hábitos de ejercicio justificaban esos valores. Finalmente, le indicó que controlarían la evolución y le recomendó volver un año después.

