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De Penélope en «La Odisea» a la «Mother Mary» de la cartelera: Anne Hathaway reina en los cines este 2026

Cada aparición de la actriz de ‘El diablo viste de Prada’ en pantalla es un acontecimiento digno de culto. Ahora, Hathaway se transforma en ‘Mother Mary’, una diva que convierte el pop en una religión y la fama en una auténtica maldición.

Si a principios de agosto sigues enfrascada en los temazos de Lux, el último disco de Rosalía, quizá sea el momento de cambiar el Spotify por la gran pantalla y dejarte poseer por uno de los estrenos más radicales y desconcertantes del año. En el cartel también aparece una diosa del pop, interpretada por Anne Hathaway, coronada por una imponente aureola radiante. Solo que aquí la cantante no reza a ningún dios: ella misma está en proceso de convertirse en una divinidad. O, al menos, en una figura suspendida entre la santidad y el pecado, entre la virgen y el demonio. Esa dualidad marca el pulso de Mother Mary, la nueva y más arriesgada apuesta de David Lowery tras En un lugar sin ley, A Ghost Story, The Old Man & the Gun y El caballero verde, una fábula de tintes esotéricos donde el espectáculo queda cosido a un velo fantasmal que envuelve una reflexión sobre el coste de la fama.

Eso que canta Rosalía en La Yugular, aquello de que «no tiene tiempo de odiar a Lucifer», encuentra en Mother Mary una reinterpretación mucho más oscura y retorcida. El personaje de Anne Hathaway parece dejarse guiar por esas voces que la empujan hacia una presencia casi fantasmal de su pasado: su antigua diseñadora y confidente, interpretada por Michaela Coel, a quien recurre para que confeccione el vestido con el que, por fin, vuelva a sentirse ella misma. Pero la verdadera costura no es la del tejido, sino la de una relación atravesada por heridas abiertas, reproches, viejas pasiones y una admiración mutua que nunca llegó a desaparecer. Lowery abandona entonces el despliegue de un concierto multitudinario -repleto de focos, coreografías y rostros como los de Hunter Schafer y Kaia Gerber– para encerrar a sus dos protagonistas en un círculo rodeado de sal, donde cada conversación se convierte en una oración hacia las conexiones extrasensoriales.

Ni en términos amorosos, ni de amistad, ni bajo ninguna etiqueta convencional. Lo que une a Mother Mary y a su modista parece responder a una conexión casi sobrenatural, un vínculo que recuerda al entrelazamiento cuántico al que hace referencia Spooky Action, la canción que la diva está empeñada en interpretar y cuyo título toma prestada la célebre expresión con la que Albert Einstein describía la conexión «fantasmal» entre dos partículas separadas por la distancia. De hecho, la propia cantante resume el corazón de la película cuando le pide a la diseñadora que «convierta sus sentimientos en un vestido». Porque Mother Mary también habla de eso: de cómo las emociones pueden tomar forma física, de cómo el dolor, la culpa o el deseo acaban cosiéndose sobre la tela hasta convertirse en una segunda piel.

La banda sonora, compuesta por Charli XCX y Jack Antonoff, acompaña esa deriva hacia un universo donde cada concierto, cada aparición pública y cada gesto de una estrella del pop adquieren dimensiones casi religiosas. En cualquier caso, Lowery firma una película tan inclasificable como hipnótica, un retrato de la soledad de la fama que, como su protagonista, prefiere convertir los sentimientos en espectáculo antes que explicarlos. Y, al fin y al cabo, a veces eso es precisamente lo que pedimos los espectadores en pleno verano: dejar a un lado los pensamientos e invocar las sensaciones. Con Mother Mary, recién estrenada este 31 de julio, solo queda dejarse llevar por las partituras, las costuras y ese velo fantasmal que envuelve toda la historia.

La ‘Mother Mary‘ de las salas de cine este 2026

A sus 43 años y con un patrimonio estimado en 80 millones de dólares, Anne Hathaway atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera. La actriz neoyorquina no solo acaba de estrenar Mother Mary, sino que en los últimos meses ha vuelto a enfundarse en los tacones de Andy Sachs para El diablo viste de Prada 2, una de las secuelas más esperadas de la década. A ello se suma su participación en Flowervale Street, la nueva superproducción de ciencia ficción de David Robert Mitchell, y su regreso al universo de Christopher Nolan con La Odisea, donde vuelve a ponerse a las órdenes del cineasta británico catorce años después de El caballero oscuro: La leyenda renace (2012).

En definitiva, a Anne Hathaway ya no le bastaba con ser Penélope en La Odisea ni con arrasar en Runway en El diablo viste de Prada 2. Este 2026 ha decidido ir un paso más allá y convertirse también en una diva del pop atormentada. Una trilogía de registros que resume a la perfección el gran momento profesional de la actriz: capaz de alternar superproducciones, secuelas icónicas y cine de autor sin perder un ápice de credibilidad. Una combinación de prestigio, éxito comercial y versatilidad que explica por qué sigue siendo una de las intérpretes más cotizadas y admiradas de Hollywood.

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