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Rita Silva, la mujer que traduce la ciencia en belleza

La responsable de comunicación científica de The Ordinary desentraña los mitos del skincare, explica el valor real de los ingredientes y reivindica la ciencia como el verdadero lujo en la belleza.

Rita Silva, responsable de comunicación científica de The Ordinary, una de las voces clave en la nueva narrativa de la belleza basada en la ciencia.

Hay mujeres que traducen idiomas imposibles. No del francés al inglés, ni del portugués al español, sino de algo mucho más complejo: de la ciencia al deseo. Rita Silva pertenece a esa rara categoría. Habla de moléculas como quien habla de carácter, de fórmulas como quien entiende a las personas. Y en ese equilibrio –tan preciso como una buena formulación– se juega hoy gran parte de lo que entendemos por belleza.

En The Ordinary, una marca que ha hecho de la transparencia su mayor gesto de rebeldía, Silva ocupa un lugar estratégico: el punto exacto donde la ciencia deja de ser inaccesible y empieza a tener sentido. Su trabajo no consiste solo en explicar ingredientes, sino en desmontar mitos, ordenar el ruido y devolverle al consumidor algo que la industria llevaba tiempo perdiendo: confianza. Porque aquí no hay promesas milagro, hay datos. Y, sobre todo, hay intención.

Hablar con ella es asomarse a ese laboratorio invisible donde se decide qué merece la pena lanzar al mercado y qué no. Donde las tendencias pasan primero por el filtro de la evidencia y donde el “hype” se mira con cierta distancia crítica. Rita escucha, observa, analiza… y luego traduce. Para todos: desde el experto obsesivo hasta quien simplemente quiere entender qué se está poniendo en la piel.

Quizá por eso la conversación deriva casi sin querer– hacia los secretos. Los de verdad: por qué un ingrediente funciona, qué hay detrás de un porcentaje, cuándo una tendencia es solo eso y cuándo merece convertirse en producto. Y lo mejor: que ella no solo los conoce, sino que parece disfrutar profundamente desentrañándolos. Aquí, la ciencia no abruma. Seduce.

Si tuvieras que señalar una idea que la industria nos ha hecho creer —y que no es del todo cierta—, ¿cuál sería?

Si tuviera que señalar una idea muy extendida que la industria nos ha hecho creer, sería el mito de que la cosmética tópica puede ofrecer los mismos resultados “milagro” que un procedimiento estético, a menudo promocionados como un “inyectable en un frasco”. Vemos este desfase constantemente en productos que prometen resultados rápidos e irreales.

Aunque el cuidado de la piel es accesible y puede generar cambios notables con constancia y a lo largo del tiempo, sigue siendo superficial y no puede compararse con tratamientos realizados en clínica. Esta narrativa crea expectativas poco realistas, y precisamente por eso desarrollamos campañas como Periodic Fable, para poner en evidencia los clichés del marketing y la jerga que sobredimensiona los beneficios, apostando por una transparencia real.

Al desarrollar un producto, ¿qué es más difícil: elegir el ingrediente activo… o decidir qué no incluir?

Depende en gran medida del tipo de producto que la marca quiera desarrollar. Parte del ADN de The Ordinary es mantener las formulaciones lo más minimalistas posible, para garantizar la accesibilidad, no solo en precio, sino también en su adecuación al mayor número de personas.

Dicho esto, no hay nada intrínsecamente negativo en las formulaciones complejas.

The Ordinary ha demostrado que se pueden crear fórmulas eficaces a precios accesibles. Entonces, siendo honestos, ¿qué está pagando realmente el consumidor cuando un producto cuesta diez veces más?

Depende. En el precio final de un producto influyen muchos factores: el coste de las materias primas, la fabricación, el packaging y, por supuesto, el marketing.

Es posible que algunas tecnologías sean tan innovadoras y complejas de producir que justifiquen un precio elevado. Sin embargo, en muchos casos la innovación no es el verdadero motor del precio: un packaging elaborado y lujoso, un marketing agresivo o incluso una estrategia de posicionamiento premium pueden hacer que fórmulas con ingredientes comunes o asequibles se vendan a precios muy altos.

Vivimos en un momento en el que un ingrediente puede hacerse viral en 24 horas. Desde dentro de la industria, ¿cuál es el mayor riesgo de que la ciencia tenga que convivir con el algoritmo?

Rita Silva, en imagen de retrato, traduce la complejidad de la formulación cosmética en un lenguaje accesible para una nueva generación de consumidores.

El mayor riesgo es la inevitable pérdida de matices esenciales. Plataformas como TikTok apenas ofrecen unos segundos para captar la atención, lo que incentiva afirmaciones muy categóricas y promesas de resultados rápidos.

Traducir datos científicos complejos a un formato de 30 segundos sin perder el contexto necesario para garantizar la precisión es extremadamente difícil. Este entorno fomenta la familiaridad con palabras de moda en lugar de una comprensión científica real, dejando a los consumidores expuestos a mensajes basados en el miedo y a datos seleccionados de forma sesgada.

Por eso, las marcas tienen una enorme responsabilidad de apoyarse en expertos para cubrir esos vacíos y evitar la difusión de desinformación.

Si tuvieras que reducir el cuidado de la piel a tres decisiones realmente importantes —eliminando todo el ruido—, ¿cuáles serían?

Si tuviera que simplificar el cuidado de la piel a tres decisiones clave, serían: limpiar, hidratar y usar protección solar todos los días. Son absolutamente innegociables para cualquier persona, a cualquier edad.

Un limpiador suave elimina las impurezas y el exceso de sebo; una crema hidratante repone la hidratación perdida; y el protector solar protege frente a la radiación UV, el único factor externo que, según estudios observacionales, ha demostrado influir de forma directa en el envejecimiento biológico de la piel.

Sin estos tres pilares fundamentales, cualquier otro tratamiento específico parte con una gran desventaja y no puede alcanzar todo su potencial.

¿Qué producto o categoría crees que está completamente sobrevalorado… y sigue triunfando más por narrativa que por evidencia?

La categoría que considero completamente sobrevalorada —y que triunfa mucho más por narrativa que por evidencia— es la “clean beauty».

Este movimiento se basa en el marketing del miedo y en la quimiofobia, promoviendo la idea de que “los químicos son malos”, cuando, desde un punto de vista científico, todo es química.

En lugar de apoyarse en principios multidisciplinares como la toxicología o en paneles independientes de expertos en seguridad, este discurso suele basarse en estudios mal diseñados, datos seleccionados de forma interesada o vías de exposición que no reflejan el uso real de los cosméticos.

Se trata, en esencia, de una categoría impulsada por el marketing que capitaliza la desconfianza del consumidor y la falta de comprensión científica, más que ofrecer fórmulas realmente más seguras o eficaces.

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