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Laurence Debray, biógrafa del rey Juan Carlos: «En Francia valoran cosas que aquí no se ven»

La biógrafa de Juan Carlos I, mitad francesa, mitad venezolana, asiste a la noche “Latinas a seguir 2026”, celebrado en Forbes House tras acompañar al monarca en su reciente reconocimiento en la Asamblea Nacional francesa.

Laurence Debray, en la gala “50 Mujeres Latinas a Seguir 2026” de Forbes Women celebrada en Forbes House, donde vuelve a consolidarse como una de las voces más influyentes del panorama intelectual y cultural. Foto: David Agüero.

Hay perfiles que no se explican: se encarnan. Laurence Debray (París, 48 años) es uno de ellos. Hija de revolucionarios, criada entre intelectuales de izquierdas, formada entre dos mundos -Europa y América Latina- y convertida, casi por paradoja, en la biógrafa del rey Juan Carlos I. Republicana declarada. Libre por definición.

Esta noche, Debray vuelve a Madrid para asistir a la gala “50 mujeres latinas a seguir 2026” en Forbes House, una cita que ya conoce bien -formó parte de la lista el pasado año- y que celebra a una comunidad cada vez más influyente, sofisticada y decisiva en España. Su presencia no es casual: Debray encarna esa identidad híbrida, transatlántica, que define a una nueva élite cultural y política.

“En Francia quizá valoran cosas que aquí no se ven. Hay más distancia, más perspectiva”, desliza con naturalidad cuando se le pregunta por la paradoja que hoy envuelve la figura del rey emérito: premiado en la Asamblea Nacional francesa mientras en España sigue fuera. Un reconocimiento que, recuerda, fue además “un día muy emotivo” y que llegó en forma de premio al libro político del año, un galardón que no le es ajeno.

Sobre el futuro del monarca, Debray no se aventura: “No tengo ni idea. Ni él, ni yo, ni creo que nadie”. Y en esa frase -seca, honesta- hay más verdad que pronóstico. Lo que sí conoce es su presente. Durante dos años convivió con Juan Carlos I en Abu Dabi, lejos del foco y del ruido. “Está bien cuidado, tiene mucha atención médica, mucha disciplina”, explica. Una rutina ordenada, casi meticulosa, en la distancia: “Está rodeado de algunos amigos, recibe visitas… pero queda muy lejos de casa, de España.”

Llega, además, en un momento particularmente simbólico. Hace apenas unos días, acompañaba al rey emérito en la Asamblea Nacional francesa, donde su libro Reconciliación -escrito a cuatro manos- fue reconocido en el corazón mismo de la República. Francia, país que decapitó a sus monarcas, rendía homenaje a uno de ellos. España, mientras tanto, sigue debatiendo su figura.

“Nadie es profeta en su país”, dijo el propio Juan Carlos I durante el acto. Y, en cierto modo, tampoco lo es Laurence Debray. Porque si algo define a la escritora es su capacidad para incomodar los relatos fáciles. “Soy independiente y mi mundo no es el de Zarzuela. No soy una ciudadana sumisa que va a hacer una reverencia al rey. Siempre voy a decir lo que pienso. Yo soy republicana”, advertía desde el principio.

Y lo ha cumplido.

Una vida entre dos mundos

Nacida en París en 1976, hija del intelectual Régis Debray –compañero del Che Guevara y asesor de Mitterrand– y de la venezolana Elizabeth Burgos, Laurence creció rodeada de nombres propios: García Márquez, Jane Fonda, Jorge Semprún. De este último heredó, casi sin saberlo, el hilo que la llevaría hasta el rey de España. “Me dijo: ‘¿Por qué no escribes una biografía sobre el rey Juan Carlos? En Francia no existe’. Y me abrió su agenda social en España”. Así nació una relación que, años después, derivaría en algo mucho más profundo: la escritura de unas memorias que no son complacientes, pero sí humanas.

Debray no es monárquica. Y precisamente por eso interesa. Porque observa desde fuera. Porque no debe nada. Porque no necesita gustar.

Abu Dabi: el rey en privado

Durante dos años, Debray convivió con Juan Carlos I en Abu Dabi. Lo suficiente como para desmontar caricaturas y construir matices. Describe a un hombre “trabajador, meticuloso, serio y muy activo”. Un rey que, lejos del ruido, mantiene rutinas, disciplina y una vida marcada por la soledad. “Él está muy solo, en una casa grande, medio vacía, que no es un hogar”, ha contado.

También habla de un lado menos conocido: el de alguien “muy cuidador”, pendiente de su entorno, de su familia, incluso de los pequeños detalles cotidianos. Pero no elude lo esencial: “Es consciente de las cosas que ha hecho mal. Y está pagando el precio todos los días”.

Ese equilibrio -entre comprensión y lucidez- es el que define su mirada. Y el que ha convertido su libro en algo más que una biografía: en un retrato político, pero también íntimo.

El reconocimiento en la Asamblea Nacional francesa ha vuelto a poner sobre la mesa una paradoja incómoda: la distancia entre cómo se percibe al rey fuera y dentro de España. Debray, que ha vivido ese contraste de primera mano, llega ahora a Madrid en medio de ese debate abierto.

Latina, europea, incómoda

Hay algo profundamente coherente en que Laurence Debray forme parte -y repita- en la lista de “Latinas a seguir”. No solo por su herencia venezolana, sino por su manera de estar en el mundo: sin etiquetas fijas, sin lealtades automáticas.

De niña, sus padres la obligaron a elegir entre capitalismo y comunismo. Pasó un mes en California y otro en Cuba. Su conclusión fue clara: “Ni uno, ni otro. Me quedo con Europa y su socialdemocracia”.

Hoy, esa misma mirada compleja -que huye de los extremos y desconfía de los dogmas- es la que aplica a todo: a la política, a la historia, al poder. Y también al rey.

Una presencia que dice mucho

En una noche dedicada a mujeres que cruzan fronteras, levantan empresas, redefinen industrias y construyen influencia, la presencia de Laurence Debray aporta algo distinto: contexto.

No es empresaria. No es ejecutiva. No es influencer. Es algo más raro: una intelectual que incomoda. Y quizá por eso mismo, imprescindible. Porque en tiempos de consignas, alguien tiene que seguir haciendo preguntas. Y respondiendo, aunque no guste, con absoluta libertad.

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