Estilo, visión estética, elegancia y las medias naranjas de dos de los hombres más mencionados en la década de los 90. No es de extrañar que fueran íntimas. Hablamos de las dos mujeres que ayudaron a la marca de Calvin Klein a posicionarse como un referente global, además de contribuir a construir el imaginario del sofisticado minimalismo de los 90. Sí, hablamos, por supuesto, de una de nuestras musas más recientes, Carolyn Bessette, y de una figura a menudo eclipsada por el peso de su apellido, Kelly Klein, exmujer de Calvin Klein y principal embajadora de su éxito.
Un personaje secundario en la serie que más titulares está acaparando y que llena el feed de Instagram de su audiencia, Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette, pero que, para nada secundario en la historia de una de las firmas estadounidenses más icónicas. Por ello, hemos querido rendirle tributo reinterpretando una de las intervenciones de su personaje -interpretado por Leila George- en el proyecto de Disney+ del director Ryan Murphy, y así recordar su emblemática trayectoria e influencia: “Cuando te casas con alguien como él, el apellido se convierte en tu mayor carcaterística. Es inevitable”.
Mucha más que la mujer con apellido: su inspiración
Kelly no fue únicamente la mujer de Calvin Klein durante 20 años. También fue la artífice de su estilo. Ella fue la creativa de “hay algo sexy en llevar la ropa interior de tu novio” y de «saber llevar un traje mejor que tu marido», además de ser una de las representaciones más visuales -en la vida real- del simbolismo de la marca: un lujo silencioso, pero inolvidable.
Según como dijo en una entrevista con EQ Living, su visión estética estuvo muy influenciada y enriquecida por sus padres: “Ambos eran muy estilosos. Mi padre fue director de cine, así que era muy creativo, y mi madre fue anticuaria, coleccionaba arte y antigüedades. Tenía muchas tiendas. Crecí rodeada de muebles de los años 50 y 60, algo que quizá influyó también en mi gusto por lo modernista».
Todo comenzó con su apellido de soltera. Kelly Rector estudió diseño de moda en el Fashion Institute of Technology de Nueva York y comenzó su carrera como asistente en Ralph Lauren. Su entrada en Calvin Klein no fue directa: tras ser rechazada en una primera entrevista, el destino dio un giro inesperado cuando coincidió con el diseñador en Studio 54. Poco después, recibió la llamada que la incorporó al equipo en 1981, siendo este un paso irreparable tanto en su carrera como en su vida personal.
Dentro de la firma, su papel cogió el bolígrafo por los cuernos. Kelly actuaba como un auténtico “test” de la ropa: entendía cómo debía sentar y cómo se trasladaba la pasarela a la vida real. Su estilo personal terminó siendo el mejor reflejo de la mujer Calvin Klein: minimalista, sofisticada y sin artificios. Trajes de líneas limpias, prendas oversize, camisas, vestidos lenceros y una paleta dominada por negros, grises y neutros definían su armario. Esa forma de vestir, lejos de seguir tendencias y muy próximo al carisma, acabó marcando un ideal aspiracional.
En lo personal, se casó con Calvin Klein en 1986 y, aunque se divorciaron 20 años después, mantuvieron una relación cercana que ha perdurado con el tiempo hasta hoy día. De hecho su última aparición juntos fue en 2025 en un desfile de la misma marca en Nueva York. Al fin y al cabo, ¿cómo podría un artista seguir creando sin su musa? No podría. Por eso, tenerla como amiga en su vida, basta.
Después de apellido, que aún mantiene
Hoy, Kelly mantiene el apellido Klein y ha desarrollado una trayectoria propia como creadora multidisciplinar. En su descripción de Instagram, se define como diseñadora, fotógrafa, autora y diseñadora de interiores. Ha publicado varios libros de fotografía -el primero, Pools, en los años 90- y su trabajo ha aparecido en revistas como Vogue o Interview.
Lejos de quedarse en el pasado, su ojo estético sigue funcionando, solo que esta vez a su propia disposición y no a la de su apellido.
Un dúo imbatible
Antes de compartir dos de los apellidos que empiezan por la letra K más épicos de todos los tiempos, Kelly y Carolyn, estaban destinadas a unir sus fuerzas estéticas. Coincidieron en la oficina de Calvin Klein en Nueva York, y desde entonces, fue un flechazo a primer outfit. Eran afines estéticamente hablando, y la una para la otra en eventos y charlas rutinarias. De inmediato se hicieron amigas, e incluso íntimas. Un dúo que pronto significó la alianza más clave de la marca.

Mientras Carolyn trabajaba en la proyección de la imagen al exterior de «mujer sofisticada sin darle muchas vueltas al armario» a través de la publicidad de marca y de su propio estilo, Kelly trabajaba desde dentro, contribuyendo a definir ese mismo lenguaje visual. Juntas, desde distintos ángulos, ayudaron a consolidar el minimalismo que marcó toda una década y que ahora ha vuelto a ser tendencia.
El pasado 13 de febrero, con el estreno de la serie, Kelly subió una publicación a su cuenta de Instagram diciendo: «Pensando en ti esta noche». Con más o menos fidelidad en los detalles biográficos, la serie de Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette ha sacado del armario dos iconos de la moda silenciosos, elegantes y fundamentales en la historia de la moda moderna, y lo más importante, las historias dos muy buenas amigas. Además de recordar que el apellido es solo una palabra, no una declaración de intenciones, y menos aún, de estilo e influencia.

