En la ficción, un buen vestuario nunca se limita a vestir a un personaje. Puede anticipar sus intenciones, revelar su posición social o contar aquello que el guion todavía no ha dicho. En War, la nueva serie de HBO protagonizada por Sienna Miller y Dominic West –que se estrena en España el 28 de enero de 2027–, la ropa desempeña precisamente ese papel: acompaña una batalla sentimental y económica en la que el dinero, la influencia y las apariencias tienen tanto peso como los argumentos legales.
Buena parte de esa narrativa pasa por las manos de Matthew Price, diseñador de vestuario de la producción y responsable de construir el armario de Carla Duval, la actriz de Hollywood que interpreta Miller. Un personaje que, sobre el papel, comparte más de un rasgo con la propia intérprete: ambas son británicas, conocidas internacionalmente y poseen una relación reconocible con la moda. Una coincidencia que, lejos de facilitar el trabajo, planteaba uno de los mayores desafíos del proyecto.
«Es un poco meta», reconocía Price recientemente, al explicar la dificultad de vestir a una actriz que interpreta a otra actriz con un universo estético propio. La solución no pasaba por reproducir el estilo de Miller, sino por encontrar una identidad independiente para Carla. De hecho, algunas prendas de Chloé que probaron durante el proceso de selección terminaron descartadas porque resultaban demasiado cercanas a la imagen personal de la intérprete.
Para construir ese personaje, Price y Miller encontraron una primera referencia en el minimalismo francés de Claire Thomson-Jonville, responsable editorial de Vogue France. A partir de ahí, el vestuario fue tomando forma sin quedar sujeto a una única silueta. La intención era crear el armario verosímil de una mujer acostumbrada a vivir rodeada de moda, con piezas acumuladas durante décadas y una mirada propia sobre las tendencias.
El archivo se convirtió entonces en uno de los grandes aliados del diseñador. El equipo, formado por unas 30 personas, rastreó colecciones y piezas de otras épocas para encontrar prendas capaces de aportar historia y personalidad a Carla. Entre ellas figuran un traje de raya diplomática de Dolce & Gabbana de los años noventa, un abrigo de Alexander McQueen de la colección otoño-invierno 2000, un vestido de Comme des Garçons con flecos y diseños de Fendi y Stella McCartney. Junto a estos nombres conviven firmas contemporáneas y más accesibles, como The Frankie Shop, Agolde y & Other Stories. Una combinación que evita que el vestuario parezca una sucesión de looks de pasarela y lo acerca a la idea de un armario construido con criterio y a lo largo del tiempo.
Pero también hay espacio para que la ropa acompañe los cambios emocionales de la protagonista. En el segundo episodio, por ejemplo, Carla recurre a una chaqueta de paisley de Chloé y botas negras de piel en una escena que Price identifica como su particular momento de revenge dressing. No se trata de recurrir al vestido más ajustado ni a una imagen deliberadamente provocadora, sino de utilizar la ropa como una forma de recuperar el control. Una idea que conecta con una de las grandes tradiciones de la moda: vestirse para volver a ocupar el espacio propio.
Un hueco en la pantalla para la sastrería británica
War no solo utiliza el vestuario para definir a su protagonista. La serie también convierte la sastrería británica en un lenguaje visual para hablar de dinero, tradición y jerarquía. La trama enfrenta a dos despachos de abogados londinenses con identidades opuestas: Cathcarts & Sons, representante del multimillonario Morgan Henderson, y Taylor & Byrne, el bufete al que acude Carla. Esa diferencia se traduce en sus respectivos armarios.
Para los abogados de la firma más tradicional, Price recurrió a la herencia de Savile Row y a los trajes de tres piezas, las corbatas estrechas y una sastrería clásica que remite a los códigos del establishment británico. En el lado contrario, los personajes de Taylor & Byrne visten de una manera más contemporánea, con combinaciones menos rígidas y prendas que reflejan una generación distinta de profesionales. El propio Morgan, interpretado por Dominic West, responde a una estética de multimillonario: trajes oscuros, camisas y una elegancia que no necesita recurrir constantemente a la corbata para demostrar autoridad.
Y es que para Price la sastrería de Savile Row es también una forma de explorar ese contraste entre lo antiguo y lo nuevo, por cierto, uno de los temas centrales de la serie. Su interés por la tradición británica convive, además, con una mirada más abierta hacia las nuevas formas de vestir formalmente. Fuera del universo de War, el diseñador ha señalado su interés por la sastrería más relajada y por firmas como Kartik Research, que incorporan referencias culturales diversas a las prendas clásicas.
El trabajo en War tuvo, además, un reto menos visible para el espectador: adaptar el vestuario a la evolución física de Sienna Miller durante el rodaje, mientras se mantenía oculto su embarazo. Price explicó que el equipo tuvo que ajustar progresivamente los patrones y los cortes de las prendas, desde los trajes más amplios del comienzo hasta las siluetas de cintura imperio y las paletas más oscuras de los últimos episodios.
No es la primera vez que el diseñador trabaja en una producción en la que la ropa desempeña un papel decisivo. Entre sus créditos figura también Black Mirror, por cuyo episodio USS Callister: Into Infinity, estrenado en 2025, obtuvo una nominación al Emmy al mejor vestuario de una serie de fantasía o ciencia ficción.
Con War, Price vuelve a demostrar que el vestuario puede ser mucho más que una cuestión estética. En una historia atravesada por el poder y las apariencias, cada traje, abrigo o vestido contribuye a explicar quién es cada personaje y qué lugar ocupa en ese mundo. Y, en el caso de Carla Duval, el resultado es un armario que no solo acompaña a Sienna Miller en pantalla: también construye una mujer distinta a ella.

