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Cristina Pitarch, directora general de Anthropic para España y Portugal: «Si esperas a que la IA te diga cuál es tu problema, empiezas de la forma incorrecta»

En el Forbes Women of Influence Summit 2026, Cristina Pitarch defendió una IA segura y útil para impulsar la innovación y la competitividad de las empresas.

Cristina Pitarch, responsable de Anthropic en España, durante su intervención en el Forbes Women of Influence Summit 2026.

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en un examen de gestión presente. En un sector históricamente masculinizado, el aterrizaje de Cristina Pitarch como directora general de Anthropic para España y Portugal no solo representa un motivo de orgullo para el ecosistema tecnológico nacional, sino la consolidación de una mujer en la cúspide de la IA global. Su llegada a este súper cargo no es un azar; Pitarch cuenta con una trayectoria impecable y está minuciosamente preparada tras curtirse en las trincheras de la ciberseguridad mundial como máxima responsable de Google Cloud Security en EMEA y directora de ingresos de VirusTotal. Lejos de alimentar las expectativas vacías, su perfil técnico y estratégico actúa como un baño de realidad necesario. Su intervención en el Forbes Women of Influence Summit 2026 dejó clara su hoja de ruta corporativa: dejar de jugar con la IA para empezar a resolver problemas reales.

El Forbes Women of Influence Summit 2026 cuenta con el respaldo de BP, Consorci de la Zona Franca de Barcelona, Fever, JTI, L’Oréal Groupe, Mango, Novartis, Play the Game, La Samaritaine, Telefónica y Uber, y con Sigma Dos como colaborador. En este foro de debate estratégico, Pitarch insistió en que el verdadero punto de inflexión del mercado no se mide en algoritmos, sino en lo que ella define como «trabajo real». No se trata de experimentar de forma aislada en los márgenes de la organización, sino de diseñar proyectos que se lleven desde el principio con inteligencia artificial hasta la solución definitiva. Es un cambio de paradigma maduro que traslada la IA del laboratorio a la cuenta de resultados.

La trampa de buscar el problema en la herramienta

La radiografía que Pitarch hace del tejido empresarial español pone el foco en el potencial de la inteligencia artificial y en el reto de extender su uso. «Tenemos un uso de la inteligencia artificial que es 2,7 veces más grande de lo que nos correspondería por el nivel de la población», señaló. Sin embargo, advirtió de que solo una de cada diez empresas españolas utiliza esta tecnología. Para Pitarch, el desafío ahora es comprobar hasta qué punto su aplicación contribuye a mejorar la competitividad de las compañías.

¿Por qué esa desconexión? Para la directiva de Anthropic, el error radica en el orden de los factores. «Hasta ahora hemos tenido muchísimos casos de empresas o personas individuales que están probando… pero no tienen una idea exactamente de qué es lo que quieren solucionar», advierte. La IA no es un oráculo corporativo al que preguntarle qué rumbo tomar. Su receta para ganar competitividad es quirúrgica y huye de los megaproyectos inmanejables:

  1. Identificar el punto de dolor: Empezar sabiendo con precisión cuál es el problema.
  2. Acotar el campo de batalla: Elegir retos concretos donde sea viable «demostrar fácilmente cuál es el retorno de la inversión».
  3. Escalar sobre seguro: Hacer un seguimiento estricto de los resultados y, solo a partir de ahí, expandir la tecnología.

Democratización y el fin del monopolio del código

Más allá de la gran corporación, la visión de Pitarch conecta directamente con el ADN de la economía ibérica: la pyme y el talento emergente. Tradicionalmente, levantar una startup tecnológica requería un pulmón financiero inalcanzable para la mayoría, lastrado por la escasez estructural de ingenieros de software, un perfil que fácilmente podía exigir presupuestos de 300.000 euros anuales para empezar a rodar.

La IA generativa, a través de los sistemas agenciales, está dinamitando esa barrera de entrada. «La inteligencia artificial nos va a ayudar a democratizar, tanto para pequeñas empresas como para grandes empresas», explica con optimismo. «Ahora, esta misma gente que tenía esas ideas las está haciendo los fines de semana y está creando agentes para que lo hagan».

Para un país con el tejido de pequeña y mediana empresa como España –y al que Pitarch define, desde una convicción personal, como uno de los países más creativos del mundo–, esta tecnología es un catalizador de crecimiento masivo. Las oportunidades más lucrativas no están en las industrias nativas digitales, sino en los sectores más tradicionales, aquellos que históricamente han estado menos atendidos por las olas de digitalización previa (como la construcción o la salud primaria). Resolver problemas mundanos e históricos en estos nichos es, según la ejecutiva, la llave para la internacionalización inmediata de negocios pequeños. Su visión macro va incluso más allá de nuestras fronteras: «Podremos ver, espero que en los próximos dos años, empresas en África que tengan el mismo nivel de facturación que algunas en Europa. Y creo que eso es un triunfo».

Blanca Sorigué, directora general del Consorci de la Zona Franca de Barcelona; Cristina Pitarch, directora general de Anthropic España; Cristina Rey, CEO de WPP Media Iberia; y Verónica López-Ibor, Global Head of Products & Investments de Santander Private Banking.

El nuevo liderazgo: Juicio y pensamiento crítico

Esta transición hacia un mundo automatizado y gestionado por agentes de IA exige un perfil de liderazgo radicalmente distinto al del siglo pasado. Cuando la capacidad técnica se democratiza, el valor diferencial vuelve a ser estrictamente humano.

Pitarch saca dos conceptos clave a relucir: el juicio y el pensamiento crítico. El primero es indispensable para saber cómo manejar algo como una inteligencia artificial con responsabilidad, especialmente en entornos donde la seguridad de los datos y el sesgo normativo son críticos. El segundo, el pensamiento crítico, es una urgencia social que, a su juicio, debe abordarse desde la base: «Es algo que en los colegios no se enseña y que es una pena. Estos niños que están creciendo en esta época necesitan tener ese pensamiento crítico para saber lo que es real y lo que no».

Frente a las máquinas eficientes, Pitarch reclama una vuelta a las habilidades esenciales de la condición humana. La IA puede generar el código, estructurar la base de datos o resolver la logística del día a día, pero la dirección estratégica sigue requiriendo de factores insustituibles. «Necesitamos líderes con carisma, que entusiasmen a la gente y la hagan querer trabajar con ellos», concluye.

Porque en la era de Anthropic y de una computación sin precedentes, el verdadero hito no es crear máquinas que piensen como humanos, sino contar con líderes capaces de recordar qué nos hace insustituibles. Al final, la lección que nos deja Cristina Pitarch es tan sofisticada como elemental: en un mundo fascinado por las respuestas automáticas, la verdadera ventaja competitiva sigue perteneciendo a quienes se atreven a hacer las preguntas correctas.

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