El número 30 millones acaba de cruzar las puertas del Guggenheim Bilbao. Una cifra redonda, casi cinematográfica, que llega cuando el museo se prepara para celebrar sus tres décadas de historia y que vuelve a poner sobre la mesa una pregunta mucho más interesante que la del número de visitantes: quién está pensando ahora en el futuro de una de las instituciones culturales que más ha transformado una ciudad.
La respuesta tiene nombre de mujer y acento bilbaíno: Miren Arzalluz. La directora general del Guggenheim Bilbao fue precisamente quien recibió en el atrio a Aixa López y Rodrigo Serna, una pareja que, sin saberlo, se convirtió el pasado miércoles en la visitante número 30 millones del museo. Ambos recibieron como premio un viaje a Venecia, sede de la Peggy Guggenheim Collection. Una escena simbólica para una institución que lleva casi tres décadas haciendo de Bilbao una parada imprescindible en el mapa internacional del arte contemporáneo.
Pero la historia de Arzalluz también habla de viajes, aunque de otro tipo. Nacida en Bilbao en 1978, estudió Historia en la Universidad de Deusto y completó su formación en Londres, donde cursó un máster en Política Comparada en la London School of Economics y otro en Historia del Arte, especializado en Historia del Traje, en el Courtauld Institute of Art. Su carrera la llevó por instituciones como el Victoria & Albert Museum antes de regresar al País Vasco para convertirse en una de las grandes especialistas en Cristóbal Balenciaga.
Entre 2006 y 2013 fue responsable de colecciones y exposiciones de la Fundación Cristóbal Balenciaga de Getaria y publicó Cristóbal Balenciaga. La forja del maestro (1895-1936), una obra que contribuyó a desmontar algunos de los lugares comunes construidos alrededor del diseñador vasco. Después llegaría el salto internacional: en 2018 se convirtió en directora del Palais Galliera, el Museo de la Moda de París. Desde allí lideró una nueva etapa para la institución, marcada por la ampliación de sus espacios y por exposiciones que acercaron la moda a debates sociales y culturales más amplios.
Volver a Bilbao, por eso, no era simplemente regresar a casa. Era cambiar París por una institución que forma parte de la identidad contemporánea de su ciudad. En abril de 2025, Arzalluz asumió oficialmente la dirección del Guggenheim, tomando el relevo de Juan Ignacio Vidarte después de casi tres décadas al frente del museo.
Su primer año ha sido, como ella misma ha explicado, de diagnóstico y escucha. El Guggenheim llegaba a sus manos convertido en una institución consolidada, con más de 1,3 millones de visitantes en 2025 y una autofinanciación del 78%. Pero Arzalluz no parece interesada únicamente en conservar una fórmula que funciona. Su mirada apunta especialmente hacia las nuevas generaciones y hacia la necesidad de entender cómo han cambiado sus formas de relacionarse con la cultura.
Es una idea que encaja con la trayectoria de una mujer acostumbrada a moverse entre mundos. Entre la moda y el arte, entre lo local y lo internacional, entre la tradición y la necesidad de reinventarla. En París dirigió un museo dedicado a la historia de la moda; en Bilbao dirige ahora un edificio que, desde que Frank Gehry lo levantara junto a la ría en 1997, se convirtió en mucho más que un museo.
El llamado ‘efecto Guggenheim’ cambió la imagen de Bilbao y convirtió la cultura en motor de transformación urbana, económica y turística. Casi 30 años después, la cifra de visitantes demuestra hasta qué punto aquella apuesta sigue teniendo recorrido. Y Miren Arzalluz llega a esta nueva etapa con una ventaja poco habitual: conoce el museo desde la distancia internacional, pero también conoce la ciudad desde dentro.
Quizá por eso su llegada tenga algo de círculo perfecto. De Bilbao a Londres, de Londres a París y de París de vuelta a Bilbao. Del estudio de Balenciaga a uno de los grandes museos de arte contemporáneo del mundo. Y ahora, justo cuando el Guggenheim alcanza los 30 millones de visitantes, una nueva oportunidad para imaginar qué vendrá después.

