[jwp-video n=”1″]

Al acceder a la nueva tienda de la relojera suiza IWC en Madrid, se pisa un suelo hidráulico decorado con un motivo de pata de gallo en blanco y negro, como el que lucen los chalecos y las gorras del traje típico de chulapo. Es un homenaje a la ciudad, que por primera vez acoge una boutique de esta marca.

Inaugurada ayer en la exclusiva calle de José Ortega y Gasset y secundada por otros grandes nombres de la alta relojería como Panerai, Blancpain, Cartier y Omega, la tienda de IWC despacha ya algunas de las joyas de las colecciones de la marca, como el Portugués Calendario Perpetuo y el Portofino Tourbillon Rètrograde.

El local, diáfano y muy luminoso, mide 80 metros cuadrados y se divide en dos plantas. En ambas, el equipo de interiorismo de la firma perteneciente al grupo de lujo Richemont (dueño de Cartier y Montblanc, entre otras enseñas) ha ubicado espacios con sofás y butacas en los que charlar hasta con una copa en la mano, pues la planta de arriba está pertrechada con un bar muy pequeño.

Algunos elementos de la decoración recuerdan al catálogo de piezas de IWC, como una pequeña moto blanca, que hace un guiño a su mítica línea de relojes Portofino. Cuando toque guardar el gran árbol de Navidad que adorna el fondo de la planta baja, un relojero y su correspondiente mesa de trabajo ocuparán su lugar. Su objetivo es descubrir a los clientes los secretos de la alta relojería, en la que IWC se mueve desde 1868.