El Excalibur es a Roger Dubuis lo que el Altiplano a Piaget: una seña de identidad. Pero, a diferencia de éste, lejos de ofrecer una estética clásica, su presencia es atrevida, con materiales muy modernos y altas complicaciones. Además, los artesanos de la firma suiza han conseguido que brille como nunca con una nueva interpretación: el Excalibur Blacklight.

Sobre la base de un calibre automático de la casa (el RD820SQ), esqueletado (esto es, que se ha eliminado masa de la platina y de los puentes para mostrar lo esencial del movimiento), se ha urdido una red de cristales. Se trata de microestructuras hechas de zafiro creado en laboratorio, como el que se emplea en las joyas de relojería.

El reloj no emite luz por sí mismo, pero brilla cuando se somete a los rayos ultravioleta, mostrando su estructura interior, en línea con el esqueleto astral (Astral Skeleton) distintivo de Roger Dubuis. Éste hace referencia al puente esqueletado en forma de estrella de cinco puntas del movimiento, y cuenta con un diamante en el centro.

Esta tecnología se ha utilizado por primera vez en la alta relojería. Con ella, el reloj gana en profundidad; las líneas, como tubos de neón, se entrelazan en la estructura y la esfera produce múltiples capas.

De este modelo de 42 mm de diámetro se han creado tres versiones: en oro rosa (limitada a 28 piezas y disponible solo en las tiendas Roger Dubuis), en azul y oro blanco (88 unidades) y en titanio con tratamiento DLC (siglas de carbono como diamante) negro.

Desde luego, es un reloj para quien no quiere pasar desapercibido. “Roger Dubuis crea modelos diseñados para una exclusiva tribu formada por aquellos que no temen destacar entre la multitud; el tipo de visionarios inconformistas que buscan diseños únicos y estéticamente agradables combinados con un alto grado de sofisticación técnica”, señala un portavoz de la compañía.