La relojera suiza Patek Philippe hizo las maletas esta semana y se plantó en el hotel Westin Palace de Madrid para mostrar a un centenar de clientes de la marca su colección de relojes para trotamundos. Entre globos terráqueos y paneles cronológicos, la impecable exposición sacaba pecho de las piezas de la firma más viajeras, las conocidas como hora universal, que exhiben 24 husos horarios, y las ‘travel time’, que indican un segundo huso.

Además de contemplar toda la colección actual de viaje de Patek Philippe (15 piezas para hombre y mujer), la sorpresa para los asistentes fue encontrarse con cuatro relojes que habitualmente moran en el Museo Patek Philippe de Ginebra, el mejor dotado del mundo en la especialidad relojes, y que no es fácil que viajen fuera (paradójicamente). Se trataba de tres modelos de pulsera realizados entre 1937 y 1961 y de uno de bolsillo de 1938 que se entregó en 1940 a la joyería Tiffany & Co. en Nueva York.

El legado de la manufactura en materia de relojes viajeros es amplio. De hecho, fue de las primeras en incluir en su nómina las horas mundiales, desde que el ingeniero canadiense Sir Sandford Fleming planteó, en 1870, establecer un sistema horario mundial (la división del globo en 24 husos horarios), que finalmente se firmó en la Conferencia del Meridiano en 1884.

A partir de ese momento, el relojero suizo Louis Cottier inventó, en 1931, un mecanismo que mostraba simultáneamente los 24 husos en una pieza: había nacido la complicación denominada hora universal. La familia Stern, propietaria de Patek Philippe desde los años 30 hasta hoy, llevó la idea a los más altos niveles de perfección relojera, tanto a nivel técnico como decorativo, embelleciendo las esferas de planisferios con esmaltes y grabados a mano.