Una de mis visitas relojeras preferidas en Suiza es al taller Donzé Cadrans, donde se producen con métodos centenarios las mejores esferas esmaltadas, que pueden durar 150 años en un reloj sin deteriorarse. Propiedad de la marca Ulysse Nardin desde 2011, está en Le Locle, centro de referencia para la industria relojera.

Ulysse Nardin no tiene la exclusiva, y otras firmas de lujo también incorporan diales de Donzé Cadrans, como Girard-PerregauxJaquet DrozMoritz Grossmann y Bovet 1822. “Somos la única fábrica que produce esferas con la misma técnica que se empleaba 200 años atrás. Nos gusta decir que la esfera esmaltada es eterna. Nunca cambia de color”, dice Massimo Bonfigli, director de Patrimonio de Ulysse Nardin.

El taller Donzé Cadrans se encuentra en este edificio de la ciudad relojera de Le Locle (Suiza). ©UlysseNardin

Donzé Cadrans (cadran significa esfera en francés) se fundó en 1972, cuando el artesano esmaltador Francis Donzé, que entonces trabajaba para la relojera Zenith, arrancó su propia compañía. Años después se sumaron su hija Francine y su esposo Michel Vermot, que continuaron con el arte del esmaltado hasta la compra de Ulysse Nardin.

Se trata de una de las pocas factorías de Suiza especializada en lo suyo (hay otras cualificadas en alguna de las técnicas de esmaltado, pero ésta comprende distintos procedimientos). Allí se desempeña desde hace ocho años la malagueña María Moreno junto a otras seis personas. Está también Mario, que suma 29 años de experiencia. Entre todos entregan algo más de mil esferas al año. Y el 95% de las operaciones se realizan a mano.

La gran mayoría de los procedimientos para obtener las más bellas esferas se realizan a mano. ©HDM

Es difícil encontrar a expertos para que trabajen en el taller, comenta Bonfigli, porque les resulta muy frustrante que, después de toda la faena que conlleva, la frágil esfera se quiebre con facilidad. “El 70% de las esferas se rompen o plantean otros problemas. Es un procedimiento que no se puede mejorar, aunque se ha intentado de todo. Hay días en los que no se produce bien, no sabemos porqué, y la producción se ralentiza. Pero queremos seguir fabricando como antes. Algunas marcas hacen esferas con base de cerámica, que es muy dura, y encima ponen una última capa de esmalte. Funciona, pero no es nuestra fabricación de seis capas”.

Dos ejemplos de relojes con esfera esmaltada en Donzé Cadrans. ©UlysseNardin

Se consideran habituales las imperfecciones en los diales, y dicen que por eso son tan exclusivos. Esa exclusividad, la escasez de artesanos que dominan su elaboración y la dificultad del proceso son las causas de que las esferas de esmalte encarezcan un reloj entre 2.000 euros y 4.000, dependiendo de la técnica utilizada para alumbrarlas. En cualquier etapa de su confección pueden agrietarse o presentar agujeros minúsculos causados por burbujas de aire o de gas. O, simplemente, los colores podrían no ser los más bellos, y se descartan.

Es difícil encontrar artesanos que quieran dedicarse al esmaltado tal y como se hacía hace 200 años. ©HDM

El método tradicional pasa por someter a las esferas a temperaturas de hasta 850 grados. Es lo que se denomina grand feu (gran fuego en francés). Una de las labores de María Moreno es cocer las esferas en el horno hasta que cambian de color y obtiene el tono que busca. Antes de someterlas al calor, añade a las esferas blancas bencina, que es volátil e inflamable y que provoca que la temperatura aumente muy rápido. La idea es que el polvo de esmalte (una sustancia de vidrio a base de arena de sílice y coloreada con óxidos metálicos) se integre en la esfera. “Hay muy pocos proveedores de este polvo. El mejor está en Limoges (Francia)”.

Cada año, Ulysse Nardin presenta al menos un reloj nuevo con esfera esmaltada. Y también se realizan a petición del cliente. Éste puede escoger el diseño, pero en Donzé Cadrans elegirán la mejor técnica para ese dibujo. Por supuesto, cuanto más difícil es la técnica, mejor se valora en el mercado. Y para estos relojes tan bellos no suelen faltar compradores.