Así lo ha confirmado la Organización de las Naciones Unidas (ONU) al afirmar que los puestos de poder en la política son los que más lejos están de alcanzar la paridad de género.

La razón que da la ONU para realizar esta sentencia, a pesar de las políticas de empoderamiento femenino puestas en marcha, es una estructura de poder cada vez más dominada por los hombres en todo el mundo. Una paridad que no se prevé alcance la cima del poder en materia política hasta dentro de 130 años, aproximadamente.

Una fecha estimativa que se desprende de los datos actuales en materia de liderazgo. De los 193 Estados miembros de la ONU, sólo en 23 de ellos hay mujeres en puestos de alta responsabilidad: 10 como jefas de Estado y 13 como jefas de Gobierno. Una medida muy escasas teniendo en cuenta que en los otros 119 países nunca ha habido una mujer al frente de la nación.

Esto supone que, aunque el 48.6% de los diputados y gobernadores miembros del Consejo de la ONU esté conformado por mujeres, la desigualdad de género sigue siendo preocupante y no parece acortarse con los años. A pesar de que ya haya en práctica cuotas de género que aseguren la igualdad política, estas no son una garantía por sí mismas de la necesaria equidad. Y según un nuevo informe elaborado a partir de datos de la ONU Mujeres y facilitado por el Secretario General de la ONU, António Guterres, la cúspide del poder político sólo tiene posibilidades de llegar a ser liderado por una mujer si se consigue derribar los asentados obstáculos que impiden su ascenso, y se necesitaría esperar más de un siglo para ello.

Las cuotas de género, que son mecanismo cuyos objetivos están destinados a fortalecer la equidad de representación de género en una entidad, en este caso entre la clase política, son definidas por el Tribunal Electoral y tienen que ser respetadas y practicadas por todos los miembros para asegurar una representación femenina en igualdad de condiciones a las masculinas. Unas medidas que se desarrollan con ralentí ya que es la propia ONU la que muestra un importante déficit en esta materia: en 76 años de vida, las Naciones Unidas sólo han tenido a cuatro mujeres electas a la presidencia de la Asamblea General y nunca han tenido presencia femenina en las secretarías generales.

En cuanto a los ministerios, sólo el 21% de quienes los ocuparon fueron mujeres. Esto supone que, con un aumento anual de tan sólo el 0,52%, no se podría alcanzar la igualdad de presencia femenina y masculina en cargos ministeriales hasta el año 2077.

Si estudios arrojan datos similares en cuanto a la educación, formación, experiencia y edad entre hombres y mujeres a la hora de acceder a puestos políticos es similar, ¿a qué se debe esta brecha de género en las altas esferas del ejecutivo?

Según un informe presentado en la 65 edición anual de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW), celebrada en marzo de 2021, la discriminación tendría que ver con una equivocada tendencia a vincular estos altos cargos con un control en manos masculinas y no femeninas. Sin encontrar al razón en las credenciales, el motivo podría ser más económico y cultural.

Entre algunas de las declaraciones sobre esta importante brecha de género, Guterres ha manifestado la intención de la ONU de «tomar medidas para identificar candidatas cualificadas que sustituyan a muchos de los 3.000 funcionarios internacionales que se jubilarán en los próximos ocho años, la mayoría de los cuales son hombres. Esto incluye medidas para desarrollar al personal y crear una cantera interna de talentos”. Una afirmación que no significa que la mujer termine por quitarle el poder a los hombres, sino de destruir la noción de poder masculino.