La comunidad de Cantabria es una de las más pequeñas de España, tanto en la extensión de su territorio (sólo supera en kilómetros cuadrados a Baleares, La Rioja, Ceuta y Melilla) como en población (con un censo de apenas 583.000 habitantes). Asomada desde tiempo inmemoriales a la bahía de Santander, de innegable vocación marinera, poco queda ya en el desglose de su PIB de su otrora destacado pasado minero y siderúrgico. Turismo, servicios, algo de ganadería (aprovechando el verdor de sus pastos) y unas afamadas conserveras de anchoas son los principales pilares de una economía sujeta hoy en día a cierta transformación sectorial.

Sin embargo, como bien refleja la última lista FORBES, es la familia Botín, vinculada desde hace generaciones al universo financiero del Banco Santander, quien acapara tradicionalmente la cúspide de los nombres más ricos de esta región norteña. Hasta cuatro miembros de dicha familia aparecen, en este 2021, entre los cinco primeros puestos de la clasificación. Ana (220 millones), Javier (200), Carolina (160) y Carmen Botín (30), respectivamente, dominan dicho escalafón sin apenas cambios significativos. 

Tan sólo otra dinastía de gran raigambre en la zona consigue introducirse en la lista FORBES (concretamente, en la cuarta posición de los más ricos de Cantabria). A pesar de no ser tan conocidos a nivel nacional, se trata de una estirpe de enorme peso e historia en la comunidad, con un antepasado –el patriarca del clan– que llegara a ocupar en su día el más alto cargo político del ejecutivo español. Son los Pérez-Maura.

Un matrimonio para una saga

Retrocediendo en el tiempo, llegamos hasta la figura de Antonio Maura, cinco veces Presidente del Consejo de Ministros durante la Restauración borbónica que protagonizara Alfonso XIII entre 1874 y 1931 (aquella era la denominación que recibía entonces la figura del Jefe del Gobierno, por lo que Maura desempeñó en el Ejecutivo español un cargo similar al que ostenta hoy en día Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno).

Además de una indiscutible presencia en los libros de texto escolares (llegaría a encabezar el Partido Liberal e, incluso, bautizaría un pensamiento político, el denominado “maurismo”), Antonio Maura da nombre hoy a una aristocrática calle de Madrid, la cual une el Parque del Retiro con la Plaza de la Lealtad, junto al Paseo del Prado, dejando a ambas aceras el edificio de la Bolsa y el lujoso Hotel Mandarín Oriental Ritz.   

Tras desarrollar fuertes vínculos con Germán Gamazo, abogado y político procedente de una poderosa élite de caciques castellanos, Antonia Maura se casaría con la hermana de éste, Constancia Gamazo, dando lugar a un clan económico y político que ha extendido sus lazos de influencia social y empresarial desde entonces hasta la actualidad.    

Sin profundizar demasiado en su árbol genealógico (un tanto complejo), podemos resumir sus principales ramificaciones del siguiente modo: el hijo mayor del matrimonio —Gabriel Maura y Gamazo, quien recibiría el título nobiliario de duque de Maura, concedido por el rey Alfonso XIII en reconocimiento a los méritos de su padre (un ducado que todavía hoy se mantiene en la familia)— se casaría con Julia de Herrera, condesa de Mortera, perteneciente a otra saga aristocrática española que había hecho fortuna a través de diversos negocios en Cuba.

Sería la hija de ambos, Gabriela Maura de Herrera (quien contraería matrimonio a su vez con Ramiro Pérez), quien daría lugar a la fusión de apellidos que da lugar a esta historia, los Pérez-Maura, subdividida actualmente en tres troncos (a partir de los tres hijos de Gabriela): los Pérez-Maura y Herrera, los Pérez-Maura de la Peña y los Pérez-Maura García,  emparentados estos últimos con la familia Botín a través de la boda entre Javier Pérez-Maura y Herrera y Elena García Botín (prima del difunto Emilio Botín y ex diputada del Partido Popular), uniéndose así –en este ramal– las dos familias más ricas de Cantabria. 

Navieras y cotos de caza

El principal negocio de la familia Pérez-Maura desde hace muchas décadas es la naviera Pérez y Cía, fundada en Santander en 1853, la cual cubre los principales puertos peninsulares, Islas Canarias y Baleares. Desde los años ochenta del pasado siglo, la compañía inició una expansión por el Caribe, Centroamérica y Sudamérica, desarrollando una importante red de oficinas en países como Colombia, Costa Rica o Panamá.

Actualmente, prestan servicios de apoyo global y logístico en todos los eslabones de la cadenas de suministro, incluyendo buques, cruceros, yates o servicios de project cargo (esto es, el transporte de determinadas mercancías que por sus dimensiones, peso o complejidad no pueden ser ‘contenerizadas’ y que, por tanto, requieren de un sistema especial de traslado por mar). 

Además de la naviera, los Pérez-Maura poseen algunas terminales marítimas, remolcadores (en este sentido, este mismo año Pérez y Cía se ha asociado con el grupo inversor HICO para la compra de Britoil Offshore Service, dedicada a este nicho) y otras muchas sociedades, lo que les permite mantenerse en la cuarta posición de la lista FORBES de los más millonarios de Cantabria.

Como curiosidad, cabe destacar que la familia Pérez-Maura (gran aficionada al deporte de la caza desde hace generaciones) dispone de diversos cotos privados a lo largo de la comunidad cántabra, recintos en los que –siempre se ha comentado– solía dejarse ver hace años el Rey Emérito Juan Carlos I, junto a otros importantes miembros de la política y la economía nacional.

En este sentido, en los últimos años (según informan diversos confidenciales digitales) algunos miembros de los Pérez-Maura se han visto envueltos en escándalos relacionados —presuntamente— con pagos ocultos dentro la trama del comisario Villarejo (investigados por la Fiscalía Anticorrupción, un caso que sigue su actualmente su curso judicial), así como por una polémica regularización fiscal de parte de sus cuentas en el extranjero.