El multimillonario marroquí –y ministro de Agricultura y Pesca desde 2007– Aziz Akhannouch se ha convertido en el primer ministro de Marruecos, después de que el país norteafricano acudiera a las urnas la semana pasada.

El pasado viernes, se confirmó que el rey de Marruecos, Mohamed VI, había recibido a Akhannouch —presidente del partido liberal, aunque monárquico, Agrupación Nacional de Independientes— en el Palacio Real de Fez, donde se le pidió que formara un nuevo gobierno.

Tras haber ganado las elecciones por un estrecho margen, obteniendo 102 escaños parlamentarios de los 395 disponibles, Akhannouch ha expulsado del poder al partido islamista conservador —PJD, Partido Justicia y Desarrollo—, después de que la formación —que lideró varias coaliciones durante una década— perdiera el favor de los votantes en medio de los malos resultados económicos de Marruecos durante la pandemia.

El principal partido del gobierno de coalición en funciones sólo obtuvo 13 escaños, según ha informado el Ministerio del Interior de Marruecos. Los resultados reflejaron la preocupación del Banco Mundial de que la economía del país (medida por el producto interior bruto real) se había contraído un 7% durante 2020, mientras que en su último informe de 2020 el Fondo Monetario Internacional (FMI) criticó el crecimiento «inferior al 3%» de Marruecos y el elevado desempleo entre los jóvenes y las mujeres. Según un informe de la Brookings Institution en 2019, Marruecos tenía una tasa de desempleo juvenil (entre 15 y 24 años) del 22% a nivel nacional y del 40,3% en las zonas urbanas, una cifra que probablemente ha empeorado durante la pandemia.

Akhannouch ha dicho anteriormente, según la Agence France-Presse, que el «principal compromiso del partido es trabajar con seriedad mientras disfrutemos de la confianza de los ciudadanos, para mejorar su vida cotidiana, lograr sus aspiraciones y recuperar la confianza en sus representantes».

A pesar de que Akhannouch anunció su elección como «una victoria para la democracia» en un discurso televisivo, el poder ejecutivo en Marruecos sigue estando en gran medida en manos del rey Mohamed VI, que celebró 22 años en el trono el pasado mes de julio. Aunque el monarca ha introducido una serie de reformas clave, como la concesión de más derechos a las mujeres en 2004, la dinastía alauí sigue siendo el verdadero centro de poder de Marruecos, con una influencia significativa en la política exterior, el ejército y el poder judicial. El Rey es también un actor clave en los negocios marroquíes. En 2015 Forbes estimó su fortuna en 5.700 millones de dólares (unos 4.821 millones de euros).

Multimillonarios en el poder

Akhannouch, por su parte, tiene un patrimonio neto de 2.000 millones de dólares (1.691,5 millones de euros), según estimaciones de la versión estadounidense de la publicación, en gran parte gracias a su participación en el Grupo Akwa, un conglomerado marroquí con sede en Casablanca y un importante actor en la industria del petróleo y el gas del país. El empresario heredó su participación en Akwa de su padre, que fundó la empresa en 1932, y hoy sigue siendo un accionista importante. Akhannouch también tiene participaciones en Afriquia Gas, que cotiza en bolsa (con un aumento del 22% en lo que va de año), y en Maghreb Oxygene (con un aumento del 8%), así como en el grupo Caractères Media y en un complejo turístico y de golf de lujo en la bahía de Taghazout, entre otros proyectos.

Forbes Oriente Medio nombró a la esposa de Akhannouch, Salwa Idrissi Akhannouch, en el número 19 de su lista Power Businesswomen 2021. La empresaria fundó el grupo de venta al por menor AKSAL Group en 2004, llevando al mercado marroquí Fendi, Gucci, Ralph Lauren, Zara, Banana Republic, Massimo Dutti, Pull & Bear y Gap.

El recién nombrado primer ministro, que no ha ofrecido mucha transparencia sobre su fortuna a través de los informes anuales o los registros de la empresa, ha rechazado las estimaciones de Forbes. En octubre del año pasado, Afriquia Gaz Said Baghdadi calificó la estimación de «noticia falsa, que desafía toda lógica», y publicó en LinkedIn que una rama de su empresa había visto caer sus ingresos en un 50% durante la pandemia.

El hasta ahora ministro de Agricultura sigue los pasos de Donald Trump en Estados Unidos y de Andrej Babis en la República Checa como líderes que han aprovechado recientemente sus credenciales empresariales para llegar al poder en países donde la mejora de las condiciones económicas de los trabajadores es un mensaje clave en el camino hacia las elecciones.

Otros multimillonarios en el poder incluyen al presidente e inversor chileno Sebastián Piñera, que comenzó su segundo mandato de cuatro años como presidente de Chile en 2018, después de ocupar el cargo por primera vez enre 2010 y 2014. La fortuna de Piñera, estimada en 2.800 millones de dólares (2.368,7 millones de euros), proviene de la empresa de tarjetas de crédito Bancard, que fundó en la década de 1970. Tras las elecciones de 2010, se deshizo de su participación del 26% en la aerolínea chilena LAN por 1.500 millones de dólares (1.269 millones de euros).

Líbano ha tenido dos líderes multimillonarios en los últimos años: Saad Hariri, cuya fortuna estimada es de 1.400 millones de dólares (1.184,4 millones de euros) en 2016, año en que se convirtió en primer ministro. Saad es hijo del fallecido multimillonario Rafik Hariri, que fue asesinado en 2005 cuando era primer ministro. Hariri dejó de ser multimillonario en 2019. Anteriormente había sido primer ministro de Líbano entre 2009 y 2011, cuando le sucedió Najib Mikati, un multimillonario de las telecomunicaciones que dirigió el Gobierno hasta 2014.

En Europa, el multimillonario italiano Silvio Berlusconi fue elegido primer ministro de Italia en 1994 por primera vez, y los últimos días de su tumultuoso liderazgo terminaron en 2011. Su patrimonio neto está estimado por Forbes en 8.100 millones de dólares (6.852,5 millones de euros).