Manuel Terroba (Madrid, 1967) desembarcó hace casi dos años como CEO de BMW Group para España, tras ser vicepresidente de MINI Europa durante tres años.

Gran aficionado al deporte,  siempre retando al equipo y a la organización a ser capaces de mejorar, sus palabras destilan compromiso y esfuerzo.

Foto: Pablo Tribello
Le da mucha importancia al llamado ‘management’ humano, ¿en qué consiste?

Básicamente se trata de la gestión de las personas, del equipo. En el éxito de una compañía existe un triángulo: la marca que representas, los productos que vendes y las personas. Puedes tener marcas muy potentes, acompañarlas de productos espectaculares y atractivos, pero si no tienes las personas adecuadas para gestionarlo, la ecuación no funciona. Es el driver más potente del triángulo, que incluso puede corregir muchísimo los otros dos. Me gusta ser muy cercano con la gente de mi equipo para saber qué les pasa, qué les preocupa y cómo son. No lo hago para sacar más de ellos de manera interesada, sino que con esa cercanía haces que la relación funcione mejor. Tengo anécdotas muy divertidas de esto, sobre todo en la época que trabajé para MINI en Alemania. Allí no es tan normal que profundices en la vida de los demás como aquí, donde culturalmente estamos más acostumbrados. Eso desarrolla la capacidad de empatizar. Lo valoro especialmente ahora que vivimos como en una especie de sesión continua, en la que ya no separamos trabajo y vida personal. Estamos en un modo híbrido, para lo bueno y para lo malo.

Es un gran apasionado de practicar todo tipo de deportes, ¿viene de ahí su gusto por la competitividad?

Creo que la competitividad siempre es sana. Siempre estoy retando al equipo y a la organización a ser capaces de mejorar. Puedo entender que no se alcancen objetivos por determinadas circunstancias, pero siempre me encanta ver una tendencia positiva, una evolución. Eso también es superar metas, no solo el objetivo: cómo eran mis marcas, cómo he superado esta distancia, cómo he surfeado esta ola… Si la siguiente la hago un poco mejor, a mí me vale. Te da energía continuamente. También me gusta retarnos con otras organizaciones y marcas. Estamos en algunas carreras para participar, pero hay otras en las que no podemos fallar. A veces, todo se nos presenta como un triatlón, una competición de varias modalidades. La comparación que más utilizo ahora es la de Iron Man, porque hay que ser muy resistente y no puedes darlo todo en la primera prueba.

Empezó en la compañía como director comercial y de ‘marketing’ en unos años muy complicados para el sector. Como dice, surfeó esa ola. ¿Qué dimensiones tiene la ola actual? 

Ahora lo que hay es un temporal alucinante. Aunque existen herramientas de meteorología que te dicen muy fiablemente cuándo puede haber condiciones para navegar o para lo que sea, vivimos momentos en el que ya no tenemos el forecast del tiempo asegurado. Cada mañana tienes que definir lo que vas a hacer ese día, como las agendas de semana vista. Siempre teniendo planes B y C, es algo que hemos aprendido, la capacidad de adaptación. Lo que yo le pido a la compañía y al equipo es velocidad. Prefiero que fallemos, pero que seamos rápidos. En la cultura de las grandes compañías se necesitaban jornadas muy largas para tomar decisiones. Ahora nos hemos acostumbrado a que no pasa nada, lo podemos hacer más rápido, aunque nos equivoquemos. Últimamente hemos cometido grandísimos aciertos, y también errores. Pero prefiero eso y no jugar sobre seguro, asumir riesgos, con tal de movernos rápido. La capacidad de adaptarnos es fundamental. Empujo mucho a tomar decisiones sin tener todas las variables conocidas.

Su primer coche fue un MINI. ¿Qué conduce ahora?

He venido en una moto eléctrica, la uso mucho para venir al centro de Madrid. Como tengo una familia de tres enanos, utilizo también un X7. Tengo la gran suerte de que puedo utilizar el vehículo dependiendo de mis necesidades, algo que encaja con la estrategia de BMW Group. Vemos que hay compañías que apuestan por la completa electrificación y otros por lo contrario. Considero que nosotros no podemos determinar las necesidades del cliente. Lo que creemos, y es lo complejo, es que tenemos que tener distintas soluciones y que el cliente elija.

Dice que practicando deporte también toma decisiones profesionales.

Reconozco, aunque pueda sonar loco o extraño, que hay muchas decisiones complejas que tras muchas vueltas, resuelvo corriendo un sábado por la mañana. No sé si son epifanías, pero sí soy muy observador. Me gusta correr no solo por correr, sino por observar. Al ir en bicicleta a la oficina, ves lo que pasa en la ciudad. Hay veces que nos metemos demasiado en las oficinas, y hablamos mucho, y power points, y reuniones… pero no estamos fuera. Por eso, me empeño en sacar al equipo de las oficinas, para que puedan beneficiarse de esa frescura. La misma que te da el deporte. Dicho esto: me gusta disfrutar de mis momentos de deporte, ¿eh? No soy un workaholic, al contrario, también me deprime volver a trabajar después de vacaciones.