La caída de los índices de renta fija, o mercado de bonos, fue excepcional en 2022, con una bajada del índice Global Aggregate unas cuatro veces superior a las registradas de forma general en las dos últimas décadas. Desde el Siglo XVIII no se veía algo así. Una debacle de proporciones bíblicas, en gran parte también por la subida tan fuerte previa provocada por los bancos centrales.

El shock inflacionista y la reformulación de las políticas de los bancos centrales han sido muy abruptas. Ahora la duda es: ¿hay oportunidades de inversión en renta fija en 2023? Pues parece que será un camino difícil, pero están surgiendo oportunidades interesantes a medida que algunas de las presiones a las que se enfrentan los mercados de renta fija empiezan a remitir, según los expertos.

La elevada inflación y la respuesta agresiva de los bancos centrales provocaron un año 2022 difícil y malos resultados en muchas clases de activos. “Sin embargo, hay una serie de razones por las que los bonos son cada vez más atractivos y esperamos ver una mayor demanda de renta fija por parte de los inversores en 2023”, dicen Paul Grainger, responsable de renta fija global y divisas de Schroders, y James Bilson, estratega de renta fija de Schroders.

En primer lugar, hay indicios de que las presiones inflacionistas están remitiendo, lideradas por la desinflación estadounidense. En segundo lugar, la ralentización del crecimiento, sobre todo en Estados Unidos. En tercer lugar, los bancos centrales están más cerca de poner fin a sus ciclos de subidas de tipos, en particular aquellas economías más sensibles a estos movimientos. “Por último, las valoraciones de los bonos son atractivas, con rendimientos muy superiores a los de hace un año”, añade Bilson.

Para Ignacio Fuertes, socio y director de inversiones de Miraltabank, “el aumento de las rentabilidades también permitirá que los bonos de máxima calidad vuelvan a recuperar el protagonismo que tenían durante los episodios de volatilidad, reduciendo la correlación entre ellos y la renta variable, que se encuentra en máximos”.

La renta fija y la renta variable no suelen caer en a la vez en un mismo año, y 2022 ha sido la única excepción en 45 años, desde 1977. La razón es que la Reserva Federal de Estados Unidos, y los bancos centrales de todo el mundo, han subido de forma agresiva los tipos de interés para combatir los elevados niveles de inflación en un momento en el que los tipos estaban próximos a cero.

Pero eso podría cambiar en 2023. La reducción de los datos de inflación y la preocupación por el crecimiento podría favorecer que la Reserva Federal frenara el ritmo de subidas de tipos. “Creo que nos acercamos a ese momento”, señala Pramod Atluri, gestor de renta fija. “Una vez que la Reserva Federal baje el ritmo, los bonos de calidad deberían volver a ofrecer estabilidad relativa y un mayor nivel de rentas”, añade.

A medida que la preocupación por la recesión vaya adquiriendo mayor protagonismo, la renta fija podría ofrecer un cierto alivio frente a la volatilidad de los mercados de renta variable. “Veo más oportunidades ahora que ha bajado el precio de los bonos”, afirma Atluri. “Las valoraciones resultan atractivas, lo que me ha llevado a aumentar la exposición de forma selectiva a la deuda corporativa e hipotecaria. Incluso si los precios continuaran cayendo, la renta fija ofrece ya unos flujos de renta mucho más favorables, lo que debería contrarrestar las caídas de precios”, comenta.

Las presiones inflacionistas disminuyen

El aumento de la inflación complicó las perspectivas de los bonos en 2022, pero hay signos alentadores de cara a 2023. La inflación de los bienes ha sido el principal indicador del aumento de la inflación en los últimos 18 meses, y estamos empezando a ver pruebas más claras de que esto se está invirtiendo –el llamado efecto «látigo» que hemos estado esperando.

“Aunque creemos que el camino hacia el objetivo de inflación del 2% puede resultar difícil en última instancia debido a la mayor rigidez de la inflación de los servicios, las mejoras iniciales relativamente rápidas que esperamos ver en el primer semestre de 2023 deberían ser acogidas muy favorablemente por los mercados”, profundiza Bilson. “Esto se traducirá en un contexto más favorable para la renta fija mundial, una menor volatilidad de los bonos y oportunidades en activos como la deuda de determinados mercados emergentes en divisa local y las divisas de mercados emergentes”, destaca el experto de la gestora británica.

El potencial de la divergencia económica

No todo es pesimismo. Aunque sería posible que el efecto retardado del endurecimiento de las condiciones financieras aún no se ha dejado sentir del todo, especialmente en Estados Unidos, y se hará más evidente en 2023, cada vez hay más indicios de que otros importantes vientos en contra de la economía podrían estar reduciendo su intensidad.

“Por ejemplo, aunque no creemos que la crisis energética y del gas que atraviesa Europa haya terminado, hay motivos para ser prudentemente optimistas y pensar que lo peor de la crisis ha pasado”, dice Bilson. Esta calma, de mantenerse, implicaría un descenso de la actividad más moderado de lo que se temía. Para los mercados financieros esto es crucial. “Creemos que podría dar lugar a una rentabilidad inferior de los bunds alemanes frente a los bonos del Tesoro estadounidense”, finaliza.