El alza de la inflación ha sido una de las tendencias globales de 2022. El índice de precios al consumo en España (IPC) arroja una inflación del 9% para el periodo enero-septiembre en comparación con los mismos nueve meses del año anterior. En Alemania los precios han aumentado un 10%, mientras que en Estados Unidos subieron un 8,3% hasta agosto.

Este contexto inflacionario está erosionando los ahorros de millones de personas en todo el mundo. El aumento de los precios erosiona el poder adquisitivo de los consumidores porque la inflación significa que puedes comprar menos con la misma cantidad de dinero que tenías hace unos meses. Por ejemplo, si se tienen 100 euros en una cuenta que paga un tipo de interés del 1%, el año que viene se tendrán 101 euros en tu cuenta. Pero si la tasa de inflación anual es del 10%, se necesitarán 110 euros para disfrutar del mismo poder adquisitivo que se tenía cuando en tu cuenta había 100 euros.

La elevada tasa de inflación actual puede atribuirse a muchas causas diferentes. La guerra en Ucrania ha hecho subir los precios de los combustibles fósiles, lo que repercute directamente en los costes de producción y transporte de millones de productos diferentes. Pero también hay otros factores como la paridad 1:1 entre el dólar y el euro, que encarece la importación de productos en Europa; o el proceso de reajuste de la cadena de producción de algunas fábricas que dejaron de funcionar repentinamente con la pandemia y que luego vieron cómo la demanda volvía a aumentar de repente.

Vamos a ver algunas formas de evitar que la inflación merme tu patrimonio de la mano de Gonzalo Pradas, head of wealth management de Openbank; y de Francisco Quintana, director de estrategia de inversión de ING España.

Equilibrio renta fija-variable en situación inflacionaria

La renta variable suele dar mayores rendimientos, pero su rentabilidad es más incierta que la de la renta fija, que suele ser menos rentable, aunque su rendimiento es más seguro. El peso porcentual que se da a una cartera entre activos de renta variable (como las acciones) y de renta fija (bonos de deuda, por ejemplo) determina si se ha compuesto para un inversor conservador, moderado o arriesgado.

En el actual contexto inflacionista, Pradas recomienda para un inversor conservador una proporción de 90% de renta fija – 10% de renta variable, mientras que para un inversor más arriesgado el peso de la renta fija debería ser del 17% y el de la renta variable del 18%.

Por su parte, Quintana recomendaría a un inversor conservador que aún no esté invertido que espere a que cambie el contexto, ya que es probable que haya volatilidad en los mercados en los próximos meses. En cambio, para un inversor arriesgado, sugiere invertir toda la cartera en la bolsa. «Hay muy pocas circunstancias en las que el inversor a largo plazo no debería hacer eso y esta situación no es una de ellas. Si reducir la volatilidad importa, se puede meter algo de renta fija», dice.

¿Compramos oro?

El oro es comúnmente visto como una materia prima que permite proteger el patrimonio en situaciones volátiles. Este metal, valioso para el ser humano desde hace miles de años, es resistente a la devaluación del papel moneda provocada por la inflación. De hecho, todas las monedas de la historia se han devaluado hasta desaparecer, mientras que el oro sigue ahí.

En los últimos cinco años, el precio de la onza troy de oro ha pasado de 1.300 dólares a los 1.710 dólares actuales. ¿Es recomendable tener una porción de la cartera invertida en oro?

“En situaciones de riesgo intermedio, te proteges de la inflación con la bolsa (los resultados empresariales suben con los precios, son nominales) y de los sustos geopolíticos con los bonos. En situaciones más graves el oro hace mejor ambos papeles”, dice Quintana.

Sin embargo, el contexto actual, en el que los bancos centrales han intervenido muy activamente en la economía mundial, está restando importancia al papel que el oro ha desempeñado históricamente en las carteras, explica Quintana, de ING.   

Por su parte, Pradas no cree que en la situación actual la inversión en oro no sea interesante. “No lo consideramos un activo refugio, sino descorrelacionado de renta fija y renta variable. Podría ser un activo que aporte valor, aunque en la actual coyuntura pensamos que no”, dice el analista de Openbank.

¿Y las materias primas?

Gran parte del alza inflacionaria viene por el incremento de las materias primas. El hecho de que materiales como el petróleo sean más caros es beneficioso para las empresas que lo comercializan, ya que esta situación dispara sus ingresos. Es por ello que una opción tradicional en un contexto de incremento de precios es invertir en materias primas.

Más que un activo refugio es una clase de activo que te ayuda a descorrelacionar tu cartera de la renta fija y la renta variable. Además, se trata de otra fuente de rentabilidad posible que se añade a tu cartera”, dice Pradas.

En opinión del experto, la mejor manera de obtener exposición en materias primas es mediante fondos de inversión, sobre todo aquellos que contengan una cesta diversificada de materias primas.

Invertir en ladrillo

La compra de bienes inmuebles es otra opción para intentar protegerse de la inflación. Mientras que el dinero en efectivo se deprecia a medida que suben los precios, el dinero invertido en bienes inmuebles permanece inmovilizado y se revaloriza en función de cómo se comporte el mercado en general.

De hecho, ahora que el alza de la inflación impulsa un incremento en las tasas de interés de los bancos centrales, podría ser un buen momento para intentar conseguir una hipoteca fija a precios bajos. «Pero no nos olvidemos del componente psicológico de la inversión inmobiliaria. Es el activo en el que somos capaces de esperar a que termine el temporal (al revés que en la bolsa) y eso se traduce en una ralentización del mercado», dice Quintana de ING.