El sector de las inversiones ha cambiado muchísimo en la última década. No solo por la oferta de valores, sino también por el perfil de personas inmersas en este mundo. Poco a poco los hombres trajeados y de maletín en mano han ido haciendo hueco a una generación de jóvenes -la conocida como Generación Z- que se aleja de las acciones tradicionales para invertir en artículos con los que, además de verles un poder de revalorización en el futuro, se sienten conectados a nivel cultural e incluso emocional. Estos productos van desde las zapatillas de deporte hasta los juguetes antiguos o los cromos, que funcionan desde hace unos años como activos alternativos y muy atractivos para este público.

Estas nuevas formas de inversión acercan a los más jóvenes a un mundo tradicionalmente asociado a personas más adultas y con un perfil ligado a las finanzas. Sin embargo, en los últimos años —especialmente tras el inicio de la pandemia— hemos visto una gran afluencia de nuevos vendedores. De hecho, en StockX hemos comprobado de primera mano esta tendencia, con un 70% de usuarios por debajo de los 35 años, y con mayoría de usuarios de nuestra app móvil por debajo de los 25.

Parte del aumento de las ventas de ropa de colección, y en especial de zapatillas, se debe a una autenticación del producto que antes no se garantizaba. Ahora, los mecanismos de verificación tanto de vendedores como de los propios objetos en venta son exhaustivos y garantizan al comprador una seguridad absoluta.

Por otro lado, el mercado de este tipo de objetos de valor es mucho más accesible para los jóvenes, que quizás no tengan los conocimientos ni el interés en complejos términos económicos, pero que sí buscan un beneficio por sus zapatillas exclusivas o sudadera de edición limitada que guardan a buen recaudo en su armario desde hace unos años.

Actualmente, cerca del 40% de los compradores de zapatillas de edición limitada y alrededor del 50% de los coleccionistas consideran la revalorización del objeto a comprar como un factor fundamental a la hora de decidir su compra. Esta es la clave del cambio de mentalidad de las nuevas generaciones y su mentalidad a la hora de invertir: buscan una revalorización del activo, pero también una relación emocional con el producto.

Y aunque a muchos de los que estéis leyendo este texto os sorprenda, estas inversiones generan plusvalías. Por ejemplo, aquellos que compraron en su momento las Air Max 1 de Nike han podido obtener un 50% de retorno desde enero de 2020. Un retorno que, por supuesto, también vemos en productos de lujo. Por ejemplo, la cartera de Louis Vuitton para Supreme se vende en nuestra plataforma a unos 4.351 euros, lo que supondría una prima del 450% respecto a su precio retail. De igual forma, el cinturón de esa misma firma para Takashi Murakami tiene un precio de 1.250 euros, con una prima del 343% respecto a su precio de venta.

Y, lo más interesante de esta situación es que tiende a mejora. Al ser productos de colecciones limitadas que no pueden ser manipuladas para mantener el valor, cuando algunas personas los compran para utilizarlas, inmediatamente se reduce el número de activos disponibles y, por lo tanto, se revaloriza. Una subida que aumenta aún más cuando ya no queda stock en las tiendas. Pero no solo la ropa triunfa en este nuevo modelo de inversiones: hay jóvenes que han ganado decenas de miles de dólares vendiendo sus cromos de los jugadores de la NBA.

Esta serie de objetos son atemporales, completamente arraigado a nuestra cultura, nos traen bonitos recuerdos y, en consecuencia, impulsan su demanda. Recientemente, hemos presenciado cómo firmas de lujo como Dior se han aliado —y de forma exitosa— con marcas deportivas para lanzar productos exclusivos, lo que demuestra el valor de este tipo de objetos para la sociedad. Invertir en real estate, fondos o acciones está muy bien, pero puestos a diversificar, ¿por qué no incluir zapatillas y otros productos coleccionables en nuestro porfolio?

*Dereck Morrison es director general de StockX EMEA.