La industria de los brókeres, o intermediarios en operaciones financieras que perciben una comisión por su intervención, se perfila como una de las mayores beneficiadas ante un panorama de incertidumbre como el actual, en el que la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha sacudido a los mercados cuando los inversores comenzaban a ver la luz tras haber pasado lo peor de la pandemia del coronavirus.

“Los brókeres son los grandes ganadores en estas situaciones, porque les interesa mucho la volatilidad”, señala un analista del sector. Es en los movimientos bruscos de mercado, como con la irrupción de la pandemia o más recientemente con un conflicto bélico, cuando pueden saltar los márgenes de garantías sobre las inversiones —conocidos como margin calls— y eso provoca movimientos en los clientes, que a su vez generan más comisiones para las plataformas de negociación.

“Este escenario les viene bien. Este escenario de agitación máxima abre oportunidades en varios activos, como el oro y el petróleo”, afirma el analista.

En 2020, el año de la pandemia que hundió las bolsas mundiales y causó incluso precios negativos en los futuros del petróleo ante los confinamientos impuestos en la mayoría de los países del planeta, uno de los mayores bancos globales estadounidenses, Goldman Sachs, generó sus mayores ingresos en diez años en su negocio de mercados globales, donde se integra la negociación de acciones, bonos, divisas y materias primas, según su informe de resultados.

Goldman Sachs obtuvo ingresos de 21.160 millones de dólares en esta unidad de negocio en 2020, un 43% más que en 2019. El negocio de mercados globales aportó aquel año el 48% de los ingresos totales del banco. En 2021, esa cifra ha sido incluso superior, 22.080 millones de dólares, cifra récord de los últimos doce años.

Por otro lado, el negocio de la intermediación, al igual que todas las industrias financieras, ha visto también cambios con la llegada de las nuevas tecnologías, orientadas a facilitar el acceso a los inversores retail, democratizando los mercados. Entre las novedades, en los últimos años han aparecido los denominados roboadvisors, plataformas electrónicas en las cuales los clientes se pueden conectar, crear carteras y ejecutar órdenes o recibir asesoramiento sobre sus inversiones con un alto grado de automatización.

Sin embargo, los expertos consultados coinciden en que estas plataformas siguen estando orientadas a un segmento minorista del mercado y todavía tienen poca penetración. “Para clientes de banca privada, con patrimonios más altos, nosotros todavía pensamos que el modelo de intermediación clásico, en el que el cliente tiene una persona que puede asesorar, es todavía muy diferenciado”, señala Mario González, codirector de Desarrollo de Negocio de Capital Group.

La irrupción de multitud de plataformas electrónicas ha generado también una gran competencia y concentración en el sector, lo que a su vez ha favorecido un entorno de menores comisiones, e incluso comisiones cero, para tratar de captar clientes.

Entre los principales retos a los que se enfrenta esta industria en los próximos años está precisamente la tendencia a la baja de sus márgenes ante la automatización de gran parte de su operativa.

“Los costes de los servicios se tienen que ajustar a las mejoras que se han obtenido, gracias al uso de las nuevas tecnologías y a una competencia más ágil”, indica Borja Durán, fundador y consejero delegado de Wealth Solutions.

El sector se tendrá que adaptar para apoyar a los inversores a tomar mejores decisiones vitales. Para ello, es necesario que los servicios sean más accesibles y baratos”, sostiene.

Por otra parte, una volatilidad de los mercados prolongada en el tiempo tampoco es buena para este tipo de negocios, porque puede acarrear la pérdida de clientes por una percepción de mayor riesgo, añade el analista consultado.