Sin duda, el sector bancario es el auténtico protagonista de la distribución de los fondos de inversión en nuestro país, una opción por la que en los últimos años se han decantado cada vez más ahorradores que buscaban alternativas a cuentas y depósitos.

Unos ahorradores que ahora se enfrentan a una situación compleja debido a la combinación de una inflación a niveles no vistos en décadas, una gran incertidumbre geopolítica y económica y una altísima volatilidad en los mercados.

Ante este escenario, cómo se utilizan los fondos volverá a ser la clave. Las decisiones que tomen los ahorradores determinarán los resultados que obtengan de sus inversiones. Por eso el sector bancario y sus profesionales tienen ahora una oportunidad de apoyar a los ahorradores de manera que estos tomen las mejores decisiones y su experiencia como inversores sea lo más satisfactoria posible.

Como asesor financiero siempre he visto los fondos de inversión como uno de los instrumentos de inversión más flexibles, personalizables y versátiles. Y sobre todo una excelente herramienta para lograr la máxima diversificación. Pero también he tenido siempre muy claro que en el resultado final que obtengan los inversores será mucho más determinante cómo usen los fondos, que la evolución de los mercados o de los productos concretos.

Por eso ahora vuelve a ser tan importante nuestro papel como asesores financieros, porque muchos ahorradores han dado el paso a inversores en un momento especialmente complejo, un entorno que puede parecerse en algunos casos a empezar una prueba ciclista por un puerto de montaña de categoría especial. Un momento, que, por otra parte, y desde el punto de vista “inversor” brinda muchas oportunidades.

No hay que olvidar que el error más habitual de la mayoría de los inversores es salir corriendo a las primeras señales de aumento de la volatilidad o de bajadas. Al hacerlo no tienen en cuenta que, en una inversión a largo plazo y bien diversificada, la volatilidad de un momento concreto puede convertirse en una aliada, y por otro lado esa misma volatilidad tiende a diluirse con el paso de los años.

Para evitar esas huidas irracionales hay que haber explicado, informado y preparado previamente al ahorrador y luego, cuando llega el momento, apoyarle para que no tome decisiones que le perjudiquen.

Es momento de recordar a los ahorradores que si sus objetivos y circunstancias no han cambiado, tampoco deben modificar su planificación. Los mercados tienden a recuperarse más rápido de lo que imaginan

De esa manera, podemos evitar que se repita una situación como la de hace dos años, cuando entre febrero y marzo los mercados se desplomaron a raíz del estallido de la pandemia y muchos inversores huyeron de los fondos, que sufrieron salidas de más de 2.000 millones de euros. Luego los mercados iniciaron la recuperación y subieron durante meses, pero para muchos inversores el daño ya estaba hecho: por culpa de una decisión a destiempo vendieron en pérdidas y luego no pudieron disfrutar de la recuperación del mercado.

Hace poco hemos vuelto a vivir un episodio similar, pero más acusado: el 7 de marzo el índice europeo EuroStoxx50 tuvo la peor bajada y el 9 de marzo la mayor subida de este año: entre el 7 y el 9 de marzo subió un 10%.

Es cierto que nadie sabe qué harán los mercados y que puede haber un sector, un país, un mercado o una empresa que no se recuperen o lo hagan después de muchísimo tiempo, pero la economía mundial en su conjunto siempre crece, por eso es también importante asegurar que las inversiones estén bien diversificadas, para diluir así el riesgo de concentrarse en una única realidad.

Ahora volvemos a enfrentarnos a una situación similar y de nuevo debemos ayudar a nuestros clientes a tomar buenas decisiones en un entorno de grandes vaivenes del mercado y marcado por una fuerte subida de precios. Podemos aportar de serenidad en nuestro ámbito, el de las finanzas personales, donde es importante tomar perspectiva y mantener una visión racional.

Da igual qué fondo o fondos tengan los ahorradores, de nuevo lo importante es que les ayudemos evitar decisiones basadas en la emotividad del momento y que les recordemos que si sus objetivos y sus circunstancias no han cambiado tampoco es momento de modificar su planificación. Porque no hay que olvidar que los mercados tienden a recuperarse más rápido de lo que el inversor imagina, un error de percepción que también tiene un impacto en sus resultados.

En ese sentido, durante estas semanas he leído muchos artículos y comentarios sobre otras situaciones parecidas de las últimas décadas y su impacto en los mercados. Y sorprende ver, por ejemplo, que, desde el ataque de Pearl Harbor en 1941, el índice S&P 500, de media, tardó 50 días en volver a su punto de partida. Tras la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, tardó 307 días; tras el estallido del covid-19, tardó 148 días y tras el inicio de la guerra de Corea, 82 días.

Hace un tiempo defendíamos en este mismo medio que las buenas decisiones son las que llevan a las buenas inversiones. Pero en momentos inciertos como el actual, las decisiones es mejor tomarlas acompañado de un asesor financiero que nos aporte perspectiva, racionalidad y mucha experiencia. 

Porque, cuando llega el temporal, se requiere mucho temple y mucha experiencia para mantenerse firme y sereno al timón. En este sentido, la figura del asesor financiero, en formación continua, emerge como una ayuda para poner en contexto lo que pasa a nuestro alrededor. Nos ayuda a ignorar el ruido y las reacciones emotivas para que nos mantengamos firmes en el rumbo que habíamos trazado hacia nuestros objetivos. E incluso nos ayuda a convertir en oportunidades los momentos más agitados.

Ahora que muchos ahorradores han dado el paso para buscar en los fondos la manera de proteger su patrimonio de la amenaza de la inflación, como sector y como profesionales tenemos la oportunidad y el deber de asesorarles para que vean que esa ha sido una muy buena decisión.

** Salvo La Porta, director comercial de Banco Mediolanum.