A principios de este año, los costes ocultos de las aplicaciones de inversión «sin comisiones» coparon las portadas de grandes periódicos del mundo. Muchos han denunciado la información engañosa que algunas plataformas publican sobre los costes reales de operar con ellas, y muchos inversores inexpertos han firmado contratos sin comprender sus consecuencias del todo bien.

Pero, ¿de quién es la culpa? Al fin y al cabo, el auge de las fintech está planteando grandes retos a los reguladores. Se les pide que se pongan al día y sepan cómo funcionan estos nuevos actores digitales, y que al mismo tiempo protejan los derechos de una oleada de nuevos inversores minoristas que entran a ciegas en un terreno bastante opaco.

El mayor reto para los reguladores es establecer un marco normativo que tenga en cuenta la necesidad de explorar nuevos modelos de negocio por parte de las empresas de tecnología financiera, y que refuerce la implementación de una mayor transparencia y responsabilidad dentro del sector. Adoptar estos conceptos es clave para ganar la confianza de los clientes y trabajar en pos de un ecosistema fintech próspero.

Cuando lo gratuito tiene un precio

Las constantes polémicas en los medios de comunicación sobre las prácticas cuestionables de algunos de los actores del sector del trading en línea están demostrando lo obsoletas que son algunas legislaciones y están grabando en la mente de los clientes que este espacio es el nuevo «salvaje oeste», un espacio en el que dar rienda suelta a la codicia empresarial con total libertad.

La Autoridad Europea de Valores y Mercados (AEVM) emitió un comunicado en el que cuestionaba la ética y la transparencia del modelo de negocio de varias plataformas de inversión. El documento advertía de los riesgos derivados de la recepción de Pagos por Flujo de Órdenes (PFOF) —donde un corredor recibe un pago a cambio de dirigir una orden del cliente a un tercero para su ejecución— y de ciertas prácticas de los brokers «sin comisiones». La recepción de PFOF entra en conflicto con una serie de obligaciones clave de la MiFID II destinadas a garantizar que los brokers actúen siempre en el mejor interés de sus clientes al ejecutar sus órdenes.

Otro ejemplo lo encontramos en el hecho de que algunas plataformas de inversión con «cero comisiones» han obtenido millones de euros de ingresos en… comisiones. En el primer trimestre de 2021, varias aplicaciones conocidas por su oferta de productos sin comisiones duplicaron con creces la cantidad de comisiones que cobraron en el mismo periodo del año anterior.

Durante la pandemia, muchos europeos se lanzaron a invertir. El hecho de que mucha gente consiguiera ahorrar algo de dinero durante el confinamiento ha desempeñado un papel importante en esta tendencia, al igual que la aparición de los neobrokers, que han rebajado las elevadas comisiones de intermediación de los bancos. Según el Deutsches Aktieninstitut, en Alemania, el número de personas que poseen acciones directamente o a través de fondos aumentó en 2,2 millones, hasta alcanzar los 12,4 millones el año pasado. Parece que, a pesar de las preocupaciones mencionadas, los neobrokers están pasando por un momento dulce. Entonces, ¿por qué la necesidad de más transparencia?

Convencer a los inversores indecisos

Todavía hay un porcentaje muy alto de la población que no está interesada en invertir. ¿Las razones? El miedo a la incertidumbre y la desconfianza en el sector. Es cierto que las cifras de inversión aumentaron en Alemania, pero incluso después de este aumento, solo el 15% de los alemanes tiene una inversión directa en el mercado de valores, en comparación con alrededor del 55% en Estados Unidos y el 33% en el Reino Unido.

En España, hay un 64% más de personas que dejan en suspenso sus decisiones de inversión que hace un año. A pesar de que los españoles tienen más dinero para invertir que al inicio de la pandemia, el 34,6% considera que invertir en el escenario actual no parece lo más conveniente, señala un informe de JP Morgan AM.

Para animar al ahorrador medio a invertir, es necesario contar con actores responsables y con un modelo de negocio transparente. Los costes o comisiones ocultas son una lacra para el sector. Por ello, la supervisión de la AEVM y las iniciativas para equiparar las condiciones en Europa y garantizar una regulación eficaz que tenga en cuenta los riesgos de ciberseguridad y los problemas de protección de datos son una señal positiva.

Además, las prácticas cortoplacistas para subirse a la ola del ciclo de la renta variable actual podrían dar lugar a una generación de inversores insatisfechos, que volverán a trasladar su dinero a cuentas corrientes y depósitos y se olvidarán del mercado de valores para siempre. Para construir una cultura de la renta variable sostenible y a largo plazo, es fundamental garantizar una mayor honestidad y atender cuidadosamente las necesidades y preocupaciones del ahorrador medio.

* Ramiro Martínez-Pardo es CEO de HeyTrade